Hay demasiada soledad en la ciudad y no hay a donde salir, así que vengo para acá

Maritza Nieto

Participante

Hoy en día lo hago porque pasa uno un rato diferente

Karina Nocobe

Participante

Todo está muy caro en la calle, así yo aprendo y me hago ropa para mí y para mi familia

Clara Medina

Participante

Uno puede hacer uno mismo las prendas a la medida de uno

Soraya Lizarazo

Participante

La escuela ayuda demasiado porque te da tips

Jenni Casanova

Participante

Lo más gratificante es que se de alumnas que viven de esto

Carmen Vivas

Docente Manualidades

Porque esto es bueno para la salud mental

Yoly Noroño

Docente corte y confección

En escuela de labores se comparte, se aprende y se goza

Manuela Reyes Gómez | La Prensa del Táchira.- Muy populares hace algunos años y un poco olvidadas por la colectividad en la actualidad, las escuelas de labores del Táchira, se mantienen enseñando artes y oficios a quienes estén interesados. 

Este es el caso de la Escuela de Labores Doña Flor de Caminos, ubicada en el sector de La Guacara, en San Cristóbal, la cual cuenta hoy con 110 alumnos y 9 facilitadores de más de 10 oficios

En el lugar, se siente energía, buen humor, ganas de aprender y compañerismo de quienes asisten a la institución que lleva el nombre de una mujer cuya trayectoria, trabajo y dedicación como maestra en escuelas de labores la hicieron resaltar. 

Asisten "muchachas jóvenes" 

Miguel Chacón, director de la institución, relata que allí se imparte peluquería, gastronomía, repostería, corte y confección, cerámica, piñatería, tarjetería, decoración, bordado y tejido, pintura, manualidades y peluquería.

Aunque se aceptan alumnos a partir de los 15 años, en el lugar la mayoría son "muchachas jóvenes" de entre 50 y 60 años de edad, menciona Chacón jocosamente. 

"Gracias a Dios estamos funcionando bien, en lo que cabe. Se ha mantenido el auge de participantes, aunque no es como años atrás", afirma. 

Espacio de relax 

Quienes acuden a la institución, no solo lo hacen con el deseo de mantenerse aprendiendo nuevas habilidades, sino también para escapar del afán y del estrés cotidiano. 

"Me gusta bastante porque uno viene a distraerse, a pasar ratos buenos con las muchachas, a aprender algo que uno no sabe y la profesora es una profesora excelente", asegura Maritza Nieto, aprendiz del área de manualidades. 

Aunque Nieto no vende nada de lo que ha aprendido, afirma que pasa un tiempo "de compartir, de distraerme, de reírnos un rato. A pesar de que somos mayores, disfrutamos". 

Karina Nocobe, alumna de pintura, coincide con su compañera al expresar: "Lo hago para distraerme, porque yo trabajo en otra cosa". Afirma que "pasa un rato diferente", al momento que presenta a la "compañera traviesa" de la clase. 

Para renovar guardarropa 

El espacio de corte y confección es uno de los que cuenta con más participantes. En mesas largas se puede observar a las damas con sus moldes y telas mientras confeccionan prendas de vestir. 

Clara Medina no es nueva en esta área, este año es la segunda vez que se inscribe en el curso, pues confiesa que "paré de hacer y se me olvidó todo". 

Para ella, la utilidad del curso va más allá de un oficio, pues le permite sortear los altos costos de la ropa. Sin embargo también afirma que el curso le permite "salir del estrés". "Vengo, aquí nos reímos un rato, gozamos un rato y aprendemos otro rato". 

Soraya Lizarazo, ve otro lado bueno de aprender confección de ropa: "voy renovando el closet porque el que tengo ya me queda grande. Con esto tengo la oportunidad de hacérmelo a la medida". 

Gratis, pero bueno 

Jenni Casanova, asiste a la clase de peluquería, pero no es la primera vez que cursa una clase de la escuela de labores. Hace 10 años hizo la clase de manualidades lo que asevera "sirvió muchísimo, porque hago de todo". 

Expresa que "a pesar de que es gratis, los docentes que son muy buenos. Si no aprendes es porque no quieres".