Diana Sánchez Sarmiento | La Prensa del Táchira.- ¿Sabía que los primeros juguetes sexuales se originaron en la época de las cavernas? Desde el año 23.000 A.C. surgieron los primeros consoladores de la historia, instrumento que en 1870 fue mejorado para prevenir la histeria. Como ves, forma parte de la historia de la humanidad, pero el tabú y la religión han condenado los artículos sexuales, cuya función va más allá del placer.
Con esta idea, el mundo creó las sex shop, un refugio en el que se respira curiosidad, pasión, creatividad y osadía desde el instante en que se entra. Sin embargo, para cada persona, la experiencia y las motivaciones para visitar estas tiendas es muy diferente.
Primero las mujeres
Entre la economía y el tabú, la decisión de buscar un juguete sexual es algo que los sancristobalenses suelen pensar mucho antes de lanzarse a la aventura.
Independientemente de la orientación sexual, vendedores de sex shops y sexólogos han determinado, que suele ser la mujer la que quiere innovar y visitar estas tiendas, muchas veces sola, en compañía de una amiga y raras veces, con una pareja.
Incluso conversando con ciudadanos de a pie, muchas mujeres mostraron su interés en incluir juguetes en la intimidad, a diferencia de los hombres, quienes se muestran tímidos o reacios a sumar artículos como aceites o lubricantes, que son el producto más popular en las tiendas.
La primera vez
Maniquíes con diminutas prendas, artículos que generan curiosidad y pena a la hora de hacer preguntas, sin dejar de lado, el mirar a su alrededor para asegurarse de no ser observado, es lo que suele experimentar cualquier persona que visita una sex shop.
Muchos recuerdan la primera vez que entraron, pues en medio de una sociedad altamente religiosa, el prejuicio ha calificado estos lugares como prohibidos. De allí que tanto mujeres como hombres, sientan o revivan la pena de visitar estos lugares, que como cualquier otra tienda, es capaz de satisfacer una necesidad humana.
Qué es eso
Luis Méndez, comerciante del centro de la ciudad, expresó su negativa a visitar estas tiendas. Mientras Karina Gutiérrez, profesora, indicó que si bien no ha visitado una sex shop, no se negaría a la experiencia y le causa intriga lo que podría encontrar. Otras personas, rieron con picardía o intentan evadir el tema.
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Un mototaxista en la Plaza Bolívar, de nombre Humberto Gonzalez, admitió que si bien no ha ido a una sex shop, no se cierra a la idea. "Si ella quiere se le complace", afirmó.
Una pareja de religión cristiana en la plaza Bolívar de la ciudad, quienes evitaron identificarse, aseguraron no saber de la existencia de estas tiendas.
Hay cosas peores
Jimmy Jirauro, también de la misma religión, sabe que existen tiendas dedicadas a la vida sexual y cree que el uso de un juguete sexual "No es nada que edifique la relación sexual entre esposos", añadió.
Además ser condenado por las diferentes creencias religiosas, la asociación de la lencería y los juguetes a las trabajadoras sexuales, ha alimentado el tabú de las personas, pues desconocen que muchos de los artículos que se venden en las sex shops, a juicio de especialistas del campo médico y psicológico, son beneficiosos para la sexualidad humana y la vida en pareja.
Muchos aceites e incluso los consoladores y vibradores, han sido creados con funciones particulares, por ejemplo, los consoladores fueron diseñados como una herramienta para evitar la histeria, considerada en la antigüedad como una enfermedad derivada por la falta de sexo.
El costo del placer
Las sex shop más que un lugar atemorizante, suelen ser un lugar donde muchas parejas se abren y cuentan sus problemas íntimos; incluso logran embarazos y evitan divorcios, nos contó Carlos Aguilera, dueño de una sex shop en el Centro de la ciudad y una de las pocas que aún sobreviven en San Cristóbal.
Sobre los productos a la venta, comentó: "Tenemos proveedores que traen la mercancía de afuera, todo es importado más que todo de China, es el país productor número uno de este tipo de mercancía, por encima de Estados Unidos."
Entre los artículos más buscados están las velas en 5.000 pesos, los aceites que oscilan los 10.000 y 15.000 pesos según su función: retardantes, estimulantes, con sabor, entre muchos otros.
Juguetería para todos
De cerca, le siguen las prendas de lencería y ropa íntima, por las que se puede pagar mínimo 35.000 pesos, los anillos vibradores para caballeros en 25.000 pesos, los óvulos y balitas o dildos vibradores para damas entre 30.000 y 35.000 pesos.
Mientras que los más osados, apuestan más alto por plugs íntimos en 45.000 pesos; y vibradores o consoladores, diferenciados por la función vibratoria, que pueden tener un costo de 75.000 pesos-
A pesar que las prioridades de los venezolanos son alimentarse y movilizarse, el placer contrario a lo que se piensa, no se queda a un lado. Desde luego la frecuencia con la que las personas acuden a las sex shops se ha reducido, según afirma Aguilera, pero estos productos pueden llegar a ser básicos para las parejas.
Él, como muchos sexólogos, recomienda el uso de juguetes sexuales, pues permiten aumentar el repertorio en la intimidad, evitar la monotonía y fomentar la confianza.
La crisis del sexo
Actualmente, muchas tiendas sexuales han cerrado sus puertas. Mientras otras se han mudado a las redes sociales, abriendo la posibilidad a pagos en divisas y la posibilidad de envíos a casi cualquier parte del país.
Blanca Villamizar, comerciante en el centro de la ciudad, recuerda que "antes habían varias, creo que la única que sobrevive está en Pueblo Nuevo, y en el CC Mauxil hay otra".
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