Yo antes tenÃa una carpinterÃa grandisima, en Madgaleno, la ciudad artesanal de Venezuela
Jaime GarcÃa
Venezolano
Maryerlin Villanueva | La Prensa de Táchira.- A tan solo 500 metros del puente internacional Simón Bolívar, se encuentra en La Parada, la casa de paso Divina Providencia, donde sirven alrededor de 9 mil platos de comida por día a migrantes venezolanos.
Lea también: SECTOR ADUANERO EN SAN ANTONIO EN QUIEBRA
La idea surge del padre José David Cañas Pérez, quien al evidenciar el estado de desnutrición de los connacionales, decidió abrir un espacio para ayudar a todos aquellos que necesitaran una mano amiga luego de escapar de la crisis venezolana.
A las siete de la mañana, inicia la jornada del desayuno, con café y pan, y para el almuerzo, la ración consta de arroz, pollo o carne, granos, yuca o maduro, acompañado de jugo. Este menú puede variar.
Jean Carlos Andrade, coordinador de la Casa de Paso, recordó que 28 mil personas cruzan los puentes internacionales y otros 8 mil a través de trochas, "siendo un gran flujo que llega todos los días hacia el lado colombiano, con muchas necesidades, entre ellas, alimentos y medicinas".
El lugar, también brinda atención médica primaria a quienes lo necesiten, esto ha sido una prioridad para la Iglesia católica.
"Arrancamos con 9 mil raciones este año, no solo atendemos con la comida, también con medicinas y para ello, tenemos médicos voluntarios y comunidades religiosas que vienen ayudarnos todos los días" dijo.
Algunos venezolanos, prestan servicio en la casa a cambio de comida. Actualmente, más de 110 personas acuden al sitio a diario para la preparación de los alimentos.
Donaciones
La alimentación que se suministra a los venezolanos, es proveniente del Programa Mundial de Alimentos ?PMA- de las Naciones Unidas, quienes realizan la donación de 4 mil 500 raciones.
Las otras 4 mil 500, es a través del trabajo que realiza el sacerdote Cañas, quien de forma constante hace llamados a las comunidades para que colaboren con esta noble causa.
"Los empresarios de Cúcuta y los feligreses nos donan, también, tenemos un cuenta para que otros países se sumen a esto y nos apoyen" apuntó.
"Me tocó dormir en la calle"
Yomar Andreina Rojas, oriunda de Valencia, acude a la casa de paso todos los días. Su propósito era llegar a Bogotá, donde su primo le esperaría para comenzar una nueva vida tras huir de Venezuela por la crisis.
Al arribar a Cúcuta hace dos meses, su familiar jamás apareció, quien además, le brindaría los pasajes para viajar a la capital de Bogotá, y por ende, no tuvo más opción que permanecer en la frontera.
"Me tocó dormir en la calle, y la pase rudo, muchas personas me dijeron del comedor y pues vengo todos los días para poder comer" expresó.
De profesión manicurista, ha tenido que lidiar con los problemas de vivir en una nación extranjera, y hasta ahora no consigue trabajo.
De jefe a carretillero
Jaime García, llegó hace casi dos meses al eje fronterizo. Oriundo de Maracay, era dueño de un fabrica de muebles, y ahora, desempeña funciones como carretillero.
"El cambio fue grandisimo, yo antes tenía una carpintería grandisima, en Madgaleno, la ciudad artesanal de Venezuela, donde tuve hasta chofer, y mira ahora, lo que estoy haciendo" enfatizó.
Mencionó que llegó con poco dinero, y un hijo que padeció cáncer hace dos años, y espera que su situación mejore. Vive en San Antonio y trabaja en La Parada. Tres veces por semana, acude a la casa de paso para almorzar y ahorrar el gasto de una comida, que ronda por los 5 mil pesos.
"Ya no se puede vivir en Venezuela"
Richard Montilva, vive en Rubio, y vende el "tinto" en el vecino país. Acude todos los días almorzar en el citado lugar luego de caminar bajo el inclemente sol, las calles que componen la frontera.
"Aquí es un gran beneficio, siempre nos atienden bien y es una ayuda para los venezolanos que venimos a Colombia todos los días" acotó.
Proveniente de Maracay, donde trabajaba como carpintero, no le quedó más opción que emigrar hacia la región, pues la falta de trabajo mermó sus ingresos para el sustento de su familia.
"En Venezuela ya no se puede vivir, todo está muy caro y todo lo venden en pesos y dólares" apuntó.
Una comida, una bendición
Otilia Alarcón, residía en los Valles del Tuy. Producto de los altos precios y la inseguridad, no tuvo más remedio que migrar, en compañía de su hija, quien tiene parálisis en todo el cuerpo.
"En Miranda era costurera, aquí trabajo limpiando casas, y para ahorrar gastos, vengo a comer con mi hija de lunes a sábado. Comer aquí ha sido una bendición" añadió Alarcón.
Como ellos, son miles de venezolanos quienes acuden a esta casa de paso en búsqueda de un alimento y ahorrar en el vecino país, el gasto que esto representa.
Las Noticias del Táchira también síguelas en Twitter @laprensatachira, Instagram @laprensatachiraweb y Facebook La Prensa del Táchira
Descarga nuestra app aquí o escanea el código QR
