"Amigos de Bolívar se contaban con los dedos"

Augusto Medina.- La Prensa del Táchira.-En la plaza Bolívar de San Cristóbal en sesión solemne del Consejo Legislativo, se recordó los 189 años de la muerte del padre de la patria, Simón Bolívar.

El profesor Pedro Alfonso Fressel, presidente del Centro de Historia del Táchira, fue el orador de orden, destacando que aquel 17 de diciembre de 1830 en la Quinta «San Pedro Alejandrino», de Santa Marta (Colombia), dejó de existir el Genio de la Libertad.

Exactamente a la 1:00 de la tarde, hora en que la historia registra el fallecimiento del más grande de América, el docente comenzó su discurso, rememorando la gesta libertadora.

La historia viva

San Cristóbal, este 17 de diciembre, como queriendo llorar por el acto que se conmemoraba en la plaza principal, tenía un clima muy pocas veces visto: lloviznaba con el sol ardiente.

En el sitio sólo se hablaba de la historia viva a pesar de que han pasado 189 años -por ejemplo-, quien no quiere conocer que: "Después de haber dado libertad a tantos millones de suramericanos, Bolívar se encontraba en su último instante muy solo".

"El médico de cabecera Alejandro Próspero Reverend, viendo que llegaba el momento supremo los llamó y les dijo: «Señores, si queréis presenciar los últimos momentos y postrer aliento del Libertador, ya es tiempo".

El Sol de Colombia sigue brillando.

El profesor Fressel, quiso en todo momento en su discurso hacer una similitud con "la época de Bolívar y lo logrado en 20 años de revolución con Hugo Chávez".

No se refirió a la forma como camino de su destierro a Venezuela ?como lo cuenta la historia- sublevada ya ante su posible llegada porque iba precedido de la apelación de dictador, Bolívar no tuvo a su lado nada más que un grupo de amigos: contados con los dedos.

Tampoco se escuchó que enfermo, le curaba el médico francés Alejandro Prospero Reverend. Arribado a la ciudad costeña de Santa Marta, el Libertador no encontró techo de recepción nada más que en la casa de un español: Joaquín de Mier. Ya próximo a la muerte se refugió en la Quinta de San Pedro Alejandrino.