María Cárdenas | La Prensa del Táchira.- En el imaginario colectivo de San Cristóbal, pocos barrios condensan una historia de transformación como Puente Real. Hoy, quien recorre sus calles puede ver gran cantidad de locales comerciales, industrias y tráfico constante; sin embargo, pocos conocen que este lugar llegó a ser lo que es, gracias al coraje de su gente.
El cronista de San Cristóbal, Luis Hernández, explica que la historia documentada del sector se remonta a 1930. Si bien el nombre Puente Real no aparece en esos primeros registros, si se mencionan los pasajes que hoy lo componen, como Cumaná, Guasdualito, Barcelona, Cumanacoa, Yagual y Juncal.
En las investigaciones realizadas por el cronista, muestra que Puente Real nació como una extensión de Madre Juana a partir de 1864, funcionando como vía principal para los arrendatarios de la época.
Durante buena parte del siglo XX, la barriada fue un lugar olvidado por las autoridades, habitado por personas humildes y de escasos recursos. La falta de servicios básicos y la inseguridad se volvieron el pan de cada día, llegando a ser declarada "zona roja" en los años posteriores a 1960.
El punto de inflexión del barrio, según las investigaciones del cronista, ocurrió en 1964. Cansados del abandono, los propios habitantes tomaron la iniciativa e hicieron sentir su voz. Poco a poco se empezaron a ver resultados como la reparación de la calle 9, arreglos en el pasaje Guasdualito de la calle 13 y dotación de cloacas al pasaje Juncal. Ese mismo año inició la construcción del campo deportivo Claudio Gavino Uribe, mejor conocido como el "Cuadro", un pilar de la identidad del barrio que perdura hasta hoy.
Otro gran pilar del cambio en el barrio llegó de la mano de la iglesia: el 29 de mayo de 1966 Monseñor Fernández Feo decretó la creación de la parroquia eclesiástica El Buen Pastor. En ese momento, el sector albergaba unas 15 mil personas que comenzaron a ver cambios sustanciales. En 1967 ya se había levantado el Centro Comercial en la calle 16, que en la década del 2000 pasaría a ser una ferretería para luego finalmente cerrar sus puertas.
La labor del padre Feliciano Temiño fue primordial; según reseña el cronista, para agosto de 1973, el panorama era radicalmente distinto. "El padre Temiño mostraba con orgullo los logros: la red de cloacas, los servicios de drenaje, el suministro de energía eléctrica, la vialidad, el grupo escolar, el centro comunal, el dispensario médico parroquial y las canchas deportivas".
Asimismo en 1971, el entonces presidente Rafael Caldera inauguró la avenida Marginal del Torbes y en 1976 abrió sus puertas el Ambulatorio de Puente Real .
Hoy Puente Real es una muestra de la resiliencia urbana. De ser un sector estigmatizado, pasó a ser un punto estratégico para la economía. La consolidación de su propia Zona Industrial, lo convirtió en sus mejores momentos en un motor económico local.
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