Lo que parecía un lugar solitario era en realidad un escenario donde se practicaban las artes oscuras El patio de las brujas

Crédito: Karen Roa

Lo que parecía un lugar solitario era en realidad un escenario donde se practicaban las artes oscuras, "El patio de las brujas"

El día que un periodista tachirense destapó "El patio de las brujas"

María Cárdenas | La Prensa del Táchira.- En lo profundo de la montaña en San Josecito, donde corren las aguas de la quebrada Las Monas, la noche guardaba un secreto que estremeció la tranquilidad de la sociedad tachirense de los años 70. Lo que parecía un lugar solitario era en realidad, un escenario donde se practicaban las artes oscuras "El patio de las brujas".  

Un conocido periodista de la región fue quien decidió internarse en la zona en julio de 1974, para verificar con sus propios ojos las múltiples denuncias recibidas por los habitantes de la zona. Lo que vio superó cualquier relato que había escuchado. 

Siguiendo las indicaciones de los ciudadanos, el reportero llegó a un punto específico de la montaña. Allí la naturaleza mostraba huellas de lo insólito, marcas en los árboles, altares improvisados y una gran variedad de objetos esparcidos que confirmaban que el lugar era utilizado de manera recurrente para rituales de brujería y santería. 

El hallazgo no se limitaba a restos de velas o figuras. Según las denuncias ciudadanas recogidas durante la investigación, "El patio de las brujas" cobraba vida todas las noches. Hombres y mujeres presuntamente dedicados a estas practicas se reunían  en el lugar para celebrar aquelarres, ingerir licor e incluso realizar actos sexuales como parte de sus rituales. 

Además algunos ciudadanos denunciaron que habían visto menores de edad involucrados en estas ceremonias nocturnas, por lo cual hacían un llamado a las autoridades. Asimismo el reportero destacó que la policía debía poner fin a estas prácticas en estos espacios públicos. 

A más de cinco décadas de aquel descubrimiento, la historia de "El patio de las brujas" sigue siendo un recordatorio de que a veces los secretos más oscuros pueden estar escondidos a la vuelta de la esquina o en este caso a solo siete kilómetros de San Cristóbal. 

Los datos de esta historia se encuentran resguardados en la Hemeroteca Estadal "Pedro Pablo Paredes", ubicada en la sede del Liceo Alberto Adriani en San Cristóbal.

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