Esta tendencia al micro-consumo no es una elección sino una respuesta forzada a una estructura de precios que sigue absorbiendo la inestabilidad cambiaria

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Esta tendencia al micro-consumo no es una elección sino una respuesta forzada a una estructura de precios que sigue absorbiendo la inestabilidad cambiaria

La "economía del día a día" asfixia a los ciudadanos, según experto

Daniel Bueno | La Prensa del Táchira.- La dinámica de consumo en el estado Táchira ha mutado hacia un esquema de supervivencia. Lo que antes era una planificación de compra semanal, quincenal e incluso mensual, se ha transformado en una "economía del día a día , donde los ciudadanos adquieren alimentos apenas para cubrir las siguientes 24 horas. De acuerdo con el economista Aldo Contreras, este fenómeno es el resultado directo de una brecha cambiaria persistente y un poder adquisitivo que se encuentra en niveles bajos frente al costo real de la vida.

El experto señala que el precio de las proteínas no solo responde al libre al libre juego de la oferta y la demanda, sino que está fuertemente condicionado por la distorsión entre el tipo de cambio oficial y el paralelo. En momentos de incertidumbre política y económica, esta brecha suele ensancharse; recientemente llegó a separarse hasta un 175% de la tasa oficial del Banco Central de Venezuela (BCV), y aunque ha mostrado  correcciones técnicas, los precios en los anaqueles no retroceden con la misma agilidad.

"Los precios suben rápido pero tardan en volver a su nivel original. El mercado requiere recuperar la confianza en la moneda para que los costos cedan, algo que no sucede de la noche a la mañana", advierte el economista.

Vivir con 50 dólares en una economía de 500

La realidad estadística que sostiene esta "asfixia" es preocupante. Mientras la Canasta Alimentaria Familiar se ubica por encima de los 562 dólares, el grueso de la población venezolana habita en un universo financiero paralelo: el 30% de la población activa percibe ingresos cercanos a los 227 dólares mensuales, mientras que más de 11 millones de venezolanos (principalmente pensionados y empleados públicos) sobreviven con 50 dólares o menos al mes.

Esta disparidad obliga a los consumidores a fragmentar sus compras al máximo. De hecho, El especialista compara esta situación con periodos críticos de la economía colombiana, donde la falta de liquidez impone la compra de suministros mínimos: cinco unidades de pan, 250 ml de aceite o, en el caso de la proteína roja, porciones de apenas 100 o 150 gramos.

"El ciudadano no compra el kilo de carne porque su presupuesto simplemente no se lo permite; compra la fracción para la que le alcanza el dinero del día", explica Contreras.

Un sistema que profundiza la desigualdad

Esta tendencia al micro-consumo no es una elección, sino una respuesta forzada a una estructura de precios que sigue absorbiendo la inestabilidad cambiaria. Mientras los costos de los productos básicos se mantengan anclados a la incertidumbre del mercado de divisas, la brecha de desigualdad seguirá creciendo, dejando a la carne de res y otras proteínas esenciales fuera del alcance de millones de hogares que hoy solo pueden costear "el hoy".

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