Durante diez años cada carta de auxilio que la mujer intentó enviar a su familia en Venezuela fue interceptada

Crédito: Karen Roa

Durante diez años, cada carta de auxilio que la mujer intentó enviar a su familia en Venezuela fue interceptada

Del altar al manicomio en Italia: la oscura trama de un matrimonio

María Cárdenas | La Prensa del Táchira.- En octubre de 1979, una historia de horror llegó a su fin con el rescate de una mujer venezolana oriunda de Táriba, del Hospital Psiquiátrico Sertile Vittorio Emanuel II, en el sur de Italia, donde permaneció recluida ilegalmente durante una década, sin padecer enfermedad mental alguna. El caso que conmocionó al estado Táchira destapó una oscura trama hecha por su propio esposo. 

La víctima se casó en los años 50 con un hombre italiano que había llegado a San Cristóbal solo unos años antes. Juntos formaron una familia y se mudaron a Maracaibo. Sin embargo, la fachada de normalidad se quebró durante una violenta discusión, cuando el hombre golpeó a la mujer hasta causarle una contusión que requirió su hospitalización en una clínica.  Aprovechándose de su estado, el esposo ejecutó la primera parte de su plan, partió abruptamente a Italia, llevando consigo a los dos hijos del matrimonio. Al recibir el alta, la mujer no solo descubrió que su hogar había sido embargado por las cuantiosas deudas de su marido, sino que su familia había desaparecido. 

Un viaje sin retorno

Tras meses de infructuosas cartas hacia su esposo, la mujer finalmente obtuvo respuesta. Su esposo, aparentemente arrepentido, le pidió que viajara a Italia para reencontrarse con sus hijos y recomponer el matrimonio. Con esperanza, la mujer llegó al país europeo en marzo de 1969.

Al llegar, su esposo la recibió sin los niños y bajo engaños, la condujo directamente al manicomio. Sin una evaluación médica seria que lo justificara, fue admitida de inmediato. En ese lugar fue drogada para que firmara los documentos del divorcio que su esposo necesitaba para continuar su nueva vida con otra mujer en Italia. 

Durante diez años, cada carta de auxilio que la mujer intentó enviar a su familia en Venezuela fue interceptada. Mientras ella suplicaba por su libertad, sus seres queridos en Táchira llegaron a creer que los había olvidado voluntariamente. 

Cuando parecía que su destino estaba sellado, de manera repentina a principios de 1979, una monja hermana de la víctima, que trabajaba en un ancianato en Mérida, recibió la visita de una familiar del italiano, que buscaba lugar en el ancianato. Tras varios días de insistencia, la mujer le reveló la verdad a la monja. La noticia activó una movilización inmediata de la familia; la religiosa, junto con otros familiares, entre ellos un cónsul, iniciaron las gestiones para lograr su liberación. 

Antes de regresar a Venezuela, la mujer consiguió encontrarse, aunque de manera momentánea, en un aeropuerto italiano con sus hijos. Su hijo, ya con 20 años, la reconoció al instante; su hija de 16 fue más distante, pues solo tenía seis años cuando fue separada de su madre. El joven le confesó que su padre les había asegurado durante años que ella estaba en Venezuela y no quería saber nada de ellos; además, le aseguró que tras culminar sus estudios universitarios se reuniría con ella nuevamente en Venezuela. 

Una vez de nuevo en su tierra, la mujer se instaló en el sector Gallardin, junto a otros familiares; desde allí exigió justicia sobre su caso. Si bien se abrió una investigación, no supo más nada del caso. 

Este macabro episodio sacó a la luz una práctica siniestra en el Hospital Psiquiátrico Sertile Vittorio Emanuel II, puesto que había al menos otras 19 mujeres viviendo una situación similar de cautiverio injustificado, bajo el soborno de esposos que pretendían deshacerse de ellas. 

Los datos de esta historia se encuentran resguardados en la Hemeroteca Estadal "Pedro Pablo Paredes", ubicada en la sede del Liceo Alberto Adriani en San Cristóbal.

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