Días después de la petición la niña despertó en su habitación de la clínica y vio a un médico de pie junto a su cama

Crédito: Karen Roa

Días después de la petición, la niña despertó en su habitación de la clínica y vio a un médico de pie junto a su cama

San José Gregorio visitó una niña enferma en clínica del Táchira

María Cárdenas | La Prensa del Táchira.- En 1994 el diagnóstico erróneo de una enfermedad puso al borde de la muerte a una niña de apenas ocho años. Lo que comenzó como un supuesto caso de rubéola, terminó siendo un cuadro grave de dengue que evolucionó a hemorrágico. Ingresada de urgencia a una famosa clínica en la 5ta Avenida, su estado era crítico y tras quince días de hospitalización, los médicos no veían mejora alguna. 

La desesperación se apoderó de su madre cuando los doctores le plantearon la necesidad de una transfusión de sangre, si su hija no respondía pronto al tratamiento. Asustada la mujer consultó la situación con familiares y amigos, quienes le recomendaron encomendar a la niña a San José Gregorio Hernández, el venerado "Medico de los Pobres".  

Siguiendo las instrucciones al pie de la letra, la madre colocó un vaso con agua junto a la cama, deslizó una estampa del santo bajo la almohada de la pequeña y vistió a la niña con ropas color blanco, un acto puro de fe  y una plegaria al santo venezolano, en medio de la incertidumbre. 

Lo que sucedió después trasciende cualquier explicación médica. Días después de la petición, la niña despertó en su habitación de la clínica y vio a un médico de pie junto a su cama. En su relato, describe una figura que irradiaba una "luz blanca casi incandescente". Vestía una bata blanca y un sombrero, la indumentaria característica de San José Gregorio Hernández. 

"El doctor se acercó, me revisó y me dijo: "tranquila, que todo va a estar bien. Cierra los ojos "", recuerda la mujer, ya adulta. Ella, con la inocencia de sus ocho años, obedeció. Al cerrar los ojos, sintió la cálida y reconfortante presión de una mano sobre ellos, un gesto que le infundió una paz profunda. 

A la mañana siguiente, emocionada le contó a su madre sobre la visita del médico. La madre extrañada, le aseguró que ningún doctor había ingresado a la habitación durante la madrugada. Mientras arreglaba la cama, la mujer sacó la estampa escondida bajo la almohada. Al verla, la niña exclamó con seguridad: "¡ese es! Ese fue el doctor que me visitó". 

Ese mismo día, como parte de la rutina hospitalaria, le realizaron nuevos exámenes de sangre. El resultado dejó atónito al personal médico, puesto que la niña mostraba una mejoría inexplicable. Ante la recuperación, la pequeña recibió el alta médica sólo unos días después. 

Este suceso transformó para siempre la vida de la familia, que desde entonces profesa una devoción inquebrantable hacia San José Gregorio Hernández. La niña que sobrevivió, ahora una mujer, aseguró que cada vez que comparte su historia, se llena de emoción. "Se me ponen los pelos de punta", confesó, y además señaló que se siente profundamente honrada de "haber vivido aquella experiencia con el doctor".

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