Esta imagen que para muchos es sinónimo de tradición e identidad tiene sus raíces en el campo

Crédito: María Cárdenas / Karen Roa

Esta imagen que para muchos es sinónimo de tradición e identidad, tiene sus raíces en el campo

Sillas en la acera: una tradición heredada del campo que sigue viva

María Cárdenas | La Prensa del Táchira.- Cuando se acercan las seis de la tarde y el sol comienza a ocultarse, se activa un ritual silencioso y colectivo en los barrios de San Cristóbal. Al final de la tarde, cada día emergen de los hogares sillas plásticas, de mimbre, de cuero o incluso de madera y toman su lugar en las calles, aceras y veredas para dar paso a una de las tradiciones más arraigadas del tachirense, la conversación al atardecer. 

Esta imagen que para muchos es sinónimo de tradición e identidad, tiene sus raíces en el campo, así lo explica el antropólogo Anderson Jaimes, quien señala que esta tradición se trata de una herencia cultural de las jornadas laborales agrícolas. "Las jornadas en el campo iniciaban muy temprano y culminaban a las cuatro o cinco de la tarde y disponerse a conversar con vecinos o la familia era la forma de socializar, de cerrar el día. Era el momento de contar historias, anécdotas o simplemente cómo había sido la labor", aseguró el antropólogo.  

Jaimes agrega que estos espacios improvisados también eran una especie de teatro para las historias y leyendas locales. "Eran los nonos o abuelos quienes aprovechaban estas reuniones para contar historias de espantos y leyendas a sus nietos (...) una manera de transmitir la tradición oral". 

Hoy, muy lejos de haber desaparecido, la costumbre se resiste al paso del tiempo y a las nuevas tecnologías. Cuando se realiza un recorrido a final de la tarde por San Cristóbal, lugares como el Centro, La Concordia, Barrio Obrero, 23 de Enero, Puente Real, entre otros, se puede visualizar cómo las sillas se alinean a las afueras de las casas. Grupos, principalmente de adultos se reúnen para compartir, reír, distraerse y ponerse al día sobre los acontecimientos. 

La tradición no solo se limita a reuniones para conversar, también es muy común ver personas disfrutando de partidas de dominó en plena calle. Si bien se incorporan otros elementos, el espíritu sigue siendo el mismo: la unión y la comunidad. 

Esta tradición no solo se limita a las aceras de los barrios, en el corazón de la ciudad, en la Plaza Bolívar, también se rinde a la tradición. Al final de la tarde, la plaza se transforma y los tableros de ajedrez y las fichas de dominó se adueñan del espacio. Siendo una versión céntrica y pública de la misma costumbre vecinal. 

Más que un simple hábito, sacar la silla a la calle es parte de una resistencia cultural y un sentido de comunidad que se niega a desaparecer.

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