María Cárdenas | La Prensa del Táchira.- "Ser Scout no requiere habilidades especiales, requiere de tres ingredientes esenciales, ganas, entusiasmo y mucha valentía. Con esto cualquier niño o joven puede formar parte de un movimiento que intenta hacer la diferencia en las comunidades". Así lo aseguró el Scouter Miguel Marín, quien destacó que el movimiento abre sus puertas a todos, sin ningún tipo de distinción de clase social, religión, sexo o condición neurodivirgente.
Actualmente en el Táchira hay alrededor de 350 niños, jóvenes y adultos que participan activamente, trabajando bajo una filosofía de vida que promueve el servicio y el compromiso con el futuro. "Ser scout es una filosofía de vida (...) que nos ayuda a ser resilientes ante la adversidad", explicó Marín.
El impacto de los scouts se ve en las comunidades, a través de los ciclos Institucionales, los jóvenes se involucran en proyectos que buscan resolver problemáticas locales. Participan en la recolección y entrega de donaciones a casas hogares y refugios para adultos mayores, y promueven activamente la preservación del ambiente.
"Mediante diferentes estrategias logramos conectar e impactar en la comunidad de nuestro estado, entre ellas tenemos los ciclos Institucionales de Programa donde mediante proyectos y actividades nuestros jóvenes se involucran con la comunidad para resolver algún tipo de debilidad en la misma, participan en la recolección y entrega de donaciones a casas hogares, refugios de personas mayores y también se inculca la preservación del ambiente", indicó Marín.
Asimismo explicó que poseen "Programas e Iniciativas mundiales que generan en nuestros jóvenes sentido de percepción de todo el entorno y el voluntariado se enfoca en dejar una buena huella en el mundo. Todo esto enmarcado en los objetivos de desarrollo sostenible".
Cabe destacar que el movimiento ofrece herramientas para el desarrollo integral de sus miembros, brindándoles espacios seguros donde comparten con sus pares de manera recreativa y didáctica. Su metodología se basa en el "aprender haciendo" y el contacto directo con la naturaleza, fomentando valores como el respeto, la solidaridad y el trabajo en equipo.
El compromiso de estos jóvenes va más allá de actividades esporádicas, se trata de un legado de servicio. Su compromiso "con dejar el mundo en mejores condiciones a las generaciones futuras", se refleja en cada acción que emprenden, demostrando que la unión, la valentía y el entusiasmo pueden transformar realidades.
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