María Cárdenas | La Prensa del Táchira.- La madrugada del 18 de octubre de 1981 está marcada como una de las más profundas tragedias de la historia del Táchira. Un movimiento sísmico de 5.5 grados en la escala de Richter, que se extendió por 28 interminables segundos, desató un deslave que sepulto el caserío de Caño Amarillo, en el Palmar de la Copé, bajo toneladas de lodo, convirtiéndolo en un campo santo improvisado donde decenas de personas, en su mayoría niños permanecen para siempre.
El sismo, que se sintió con fuerza en varios municipios del Táchira como Capacho y Lobatera, tuvo mayor devastación en el municipio Torbes, Palmar de la Copé. Aproximadamente a las 12:30 am, mientras el pueblo dormía, la tierra se sacudió con una violencia inusitada. El resultado fue catastrófico: cerca de medio centenar de muertos, más de 140 damnificados y pérdidas materiales calculadas en más de 100 millones de bolívares de la época.
La furia de la naturaleza fue tan abrupta que familias enteras fueron engullidas por un torrente de lodo y escombros antes de que pudieran reaccionar. Las labores de rescate se iniciaron de inmediato, transformándose en una carrera contra el tiempo. Durante más de 100 horas, equipos de rescate, voluntarios y vecinos excavaron para recuperar los cuerpos de las víctimas.
Sin embargo, la crudeza de la realidad se impuso, sólo once cuerpos fueron sacados de la espesa capa de barro. La búsqueda de los demás se volvió tan peligrosa que las autoridades se vieron forzadas a suspender las operaciones y se decidió convertir el lugar en campo santo. Se calcula que más de 30 cuerpos quedaron sepultados para siempre; sin embargo, nunca se pudo calcular una cifra oficial.
Mientras los reportes de las autoridades hablaban de más de diez viviendas sepultadas, los habitantes del lugar aseguraban que en realidad eran más de 20. Asimismo había varias personas que recientemente se habían mudado a la zona. Los últimos cuerpos rescatados del lodo pertenecían a un conductor de "auto por puesto", que se había mudado el día anterior junto a su esposa y sus dos pequeños hijos. Junto a él fue encontrado su pequeño, mientras que su mujer e hija jamás fueron sacadas del lodo.
Más allá de las cifras, lo que torna aún más fuerte la tragedia de Caño Amarillo, fue la pérdida de sus niños. La mayoría de las víctimas fatales eran menores atrapados en sus camas y nunca pudieron ser recuperados, dejando una herida imborrable en la comunidad y en la historia del Táchira.
Descarga nuestra app aquí o escanea el código QR
