María Cárdenas | La Prensa del Táchira.- La radio tachirense tiene un antes y un después de José de Jesús Mora Figueroa, más conocido como J.J. Mora. Oriundo de Lobatera, su voz no solo se convirtió en la banda sonora de generaciones, también en un símbolo de confianza, cercanía y pasión por el Táchira. Su nombre es sinónimo de leyenda en el círculo radial, un legado que perdura mucho más allá del tiempo.
Su carrera encontró su cuna en la emblemática emisora Ecos del Torbes, donde inició formalmente su trayectoria como "La Voz del Táchira". Aunque ya colaboraba con otras radios, fue allí donde su talento encontró su hogar. Si bien era telegrafista, fue la voz de las noticias principales del primer noticiero de Ecos del Torbes.
La versatilidad de Mora lo ayudó a abrirse paso hasta convertirse en uno de los mejores locutores de la región. Su timbre particular y su carisma le permitieron transitar con igual maestría por la presentación musical, la narración deportiva y ser el portavoz de las denuncias ciudadanas, ganándose la credibilidad del público.
Asimismo esta cercanía con la audiencia lo convirtió en leyenda, puesto que fue Mora quien inició, con una tradición muy querida por los tachirenses, recibir el Año Nuevo junto a sus oyentes. Durante años, J.J. Mora iniciaba la cuenta regresiva desde los estudios de la radio, acompañando a miles de familias tachirenses en uno de los momentos más especiales. Una tradición que hoy en día algunos locutores mantienen.
Además de su trabajo en el mundo de la comunicación, Mora también incursionó en la política, desempeñándose como diputado suplente del Congreso Nacional y concejal. Pero su verdadero poder residía en su conexión con la gente. Era una voz conocida y para muchos una presencia cercana, a pesar de no haberlo visto nunca en persona.
Esta conexión se evidenció de manera más contundente el día de su partida física. Enrique Urbina, veterano locutor de la radio tachirense, contó que los alrededores de la sede de Ecos del Torbes se abarrotaron de personas que fueron a despedir a Mora tras fallecer el 14 de abril de 1982. Cuenta que la fila de dolientes se extendía hasta las inmediaciones del Liceo Simón Bolívar, en un acto espontáneo de cariño y respeto.
"El alcance de Ecos del Torbes era muy grande, la señal llegaba a todos los pueblos del Táchira, parte del Norte de Santander y parte del Zulia. J.J. era muy querido por la gente que lo escuchaba de manera muy fiel. Las personas confiaban en él porque él los ayudaba exponiendo sus casos en los programas radiales", explicó Urbina.
Su pasión por el ciclismo, deporte que impulsó con devoción, quedó inmortalizada en el Velódromo J-J- Mora, un tributo permanente a su figura. Pero su monumento más perdurable no está hecho de concreto, sino de ecos: el recuerdo imborrable de una voz que informó, acompañó y celebró la vida de todo un estado.
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