Si se hubiera quedado en Caracas no habría transitado el camino de la santidad

Crédito: María Cárdenas

"Si se hubiera quedado en Caracas no habría transitado el camino de la santidad"

Eduardo Moronta: Lo mejor que pudo pasar a Mario fue venir al Táchira

María Cárdenas | La Prensa del Táchira.- En una emotiva conversación, Jesús Eduardo Moronta, hermano del fallecido Monseñor Mario Moronta, comparte anécdotas y recuerdos de la vida familiar del Obispo Emérito, destacando su cercanía fraternal, su sentido del humor y el profundo impacto que dejó su llegada a la Diócesis de San Cristóbal. 

Monseñor Moronta, el mayor de cuatro hermanos, creció en una humilde casa en los Jardines del Valle de Caracas, cuando el Valle aún era un pueblo alejado de la ciudad y lo unía un tranvía. Eduardo cuenta que el Obispo desde pequeño tuvo inclinaciones de lo religioso y lo contagió a todos sus hermanos. "Mario tenía 11 años cuando entró al seminario y yo tenía seis y ya era monaguillo", explicó Eduardo que aseguró que todos se sentían orgullosos de "tener un hermano que era seminarista".

Además de su fervor religioso, Monseñor Moronta era conocido en la familia por su sentido del humor. Buscaba hacer reír a su familia con "chistes malos". "Mario siempre fue echador de broma, siempre quiso ser el centro de los malos chistes que nos enseñó a contar. Él siempre me echaba broma porque yo cuento malos chistes, pero el que me enseñó fue él".

Entre todos sus recuerdos juntos, Jesús Eduardo resalta dos momentos inolvidables junto a Monseñor Moronta. "Mario siempre cuenta una anécdota cuando tendría como cinco años. Yo era muy peleón entonces, cuando salía de la escuela de vez en cuando me agarraba a golpes con alguien y tenía la costumbre de quitarme los zapatos. En una de esas yo llegué primero a la casa y mi hermano llegó después con mis zapatos colgados en el cuello, como buen pastor que cuida a la oveja", aseguró y recordó que esta era la lectura favorita de Monseñor. 

En tanto para Eduardo, su recuerdo más preciado fue cuando ambos se encontraban en los scouts y en un viaje la patrulla del Obispo se descuidó y quemó el arroz; sin embargo, esto no impidió que Eduardo disfrutara aquella comida, que para él fue sumamente especial. "Era un arroz especial que hicimos en el campamento y tenía otro significado y siempre recuerdo ese momento y en especial a Mario". 

Un robo que no dolió

Profundamente conmovido, Eduardo aseguró que lo mejor que le pudo pasar a Monseñor Moronta fue haber venido al Táchira. "Doy gracias a Dios que lo sacó de Caracas y lo trajo aquí, ya que si se hubiera quedado en Caracas no habría transitado el camino de la santidad, como lo hizo aquí gracias a este pueblo bendito del Táchira que lo acogió y lo adoptó como un gocho más. Como dice él, se hizo gocho". 

Además indicó que el pueblo del Táchira le robó a su hermano, sin embargo, fue un robo que lo hizo muy feliz. "Nos robaron a Mario, pero me siento feliz que haya sido así. Fue como el robo del niño de la paradura, no es un robo con mala intención, sino es parte de una tradición".

Un buen pastor

Eduardo además explicó que siempre estará agradecido con su hermano. "Mario me salvó y cambió mi vida en 180º y el testimonio de Mario aquí en Táchira me ayudó". 

"A la gente que me saluda llorosa, que es un dolor que tenemos porque se fue físicamente, pero tenemos que tener la alegría y tener la certeza de que Mario entró al reino de los cielos y que el Táchira y Venezuela tienen un santo a quien acudir", aseguró. 

Finalmente con respecto al último deseo de Monseñor Moronta con que su corazón descanse en el Santuario del Santo Cristo de La Grita, Eduardo explicó que esta era la forma del Obispo de agradecer no solo al Santo Cristo, también al pueblo de La Grita, que lo acogió como uno más. 

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