Durante la década de los 70 en aquella misma casa vivía una mujer terrible que se dedicaba a la brujería

Crédito: Karen Roa / María Cárdenas

Durante la década de los 70 en aquella misma casa vivía una mujer terrible, que se dedicaba a la brujería

La casa de las brujas y sus secretos oscuros en San Cristóbal

María Cárdenas | La Prensa del Táchira.- En el casco histórico de la ciudad de San Cristóbal se encuentran viejas casonas que pertenecen al siglo pasado, en ellas se guardan múltiples historias; sin embargo, hay una marcada por la maldad y las artes oscuras.

En la carrera dos entre calles 4 y 5, a solo unos metros del Edificio Nacional, se levanta una de estas viejas casas. En ella se han instalado diferentes negocios, pero ninguno ha prosperado. Quienes viven por la zona le temen al lugar, puesto que conocen una oscura leyenda. 

Daniel comenzaba su trabajo como cuidador de la casona a principios de la década del 2000, el lugar había servido como despacho jurídico, pero el negocio nunca prosperó y terminó cerrando, por lo cual los dueños temerosos de los ladrones decidieron contratar a un cuidador mientras llegaban nuevos inquilinos. Daniel que tenía en aquel entonces 22 años, conocía muy poco sobre el lugar; si había escuchado que en aquella casa asustaban, pero nunca creyó en aquellos cuentos. 

Las primeras semanas transcurrieron con normalidad; sin embargo, En medio de la noche Daniel se levantó de golpe, miró su reloj y comprobó que era pasada la medianoche, intentó conciliar el sueño, pero un extraño olor a vela quemada llamó su atención. Daniel se levantó de la cama temeroso de que se estuviera produciendo un incendio, exploró cada uno de los cuartos y oficinas, pero no había nada, no obstante el olor a quemado no se disipaba. 

Cuando estaba decidido a ir a la cama, un extraño resplandor en una de las oficinas llamó su atención. Al acercarse Daniel quedó inmóvil, cuando vio a una mujer vestida completamente de blanco, arrodillada en una esquina repleta de velones de todos los colores; la mujer que pronunciaba palabras inentendibles, tenía los brazos elevados pero el rostro mirando al suelo. El joven, hipnotizado por la escena, se estremeció. Cuando un hombre muy alto tocó su hombro, al voltear Daniel vio con horror el rostro del hombre desfigurado en una mueca perversa y su cabeza ladeada, como si colgara de su cuello. La impresión fue tan grande que Daniel se desmayó en aquel lugar.  

Cuando Daniel despertó, la luz del sol ya inundaba todo el lugar, la oficina se encontraba completamente vacía, sin signos de que algo hubiera ocurrido allí. El joven, temiendo haber perdido la razón, decidió que aquello debió haber sido un desagradable sueño, pero su inquietud siguió creciendo con el pasar de los días. Despertaba todas las madrugadas a la 1:15 am con un olor a vela quemada en el lugar, desde su habitación al fondo de la casa, veía cada noche, cómo la oficina / habitación principal resplandecía cada vez con más intensidad. Sin embargo, Daniel ignoraba y rezaba hasta quedarse dormido con el escapulario en la mano. 

El joven, que temía estar volviéndose loco, le contó su situación a un anciano cura, amigo de su padre. El religioso le recomendó llevar siempre consigo una camándula bendita en su cuello y además abandonar aquella casa, puesto que la oscuridad que en ella habita lo tenía en la mira. 

El sacerdote le contó a Daniel que durante la década de los 70, en aquella misma casa vivía una mujer terrible, que se dedicaba a la brujería. Aquella oficina era el salón principal de sus consultas, a donde la gente acudía a hacer el mal al prójimo. El cura le explicó que la mujer era temida por todos, puesto se decía que tenía un pacto diabólico, pero esto no la ayudó una noche en que uno de sus clientes enloqueciera en medio de la noche y la asesinara brutalmente con un cuchillo. La mujer murió desangrada frente al altar de sus consultas, el hombre al parecer, murió años después agonizando de una extraña enfermedad en el Hospital Central.  

Si bien la bruja había muerto, al parecer toda su maldad se quedó impregnada en la casa, puesto que ningún negocio en ella prosperaba, los inquilinos huían despavoridos y la casa duraba varias temporadas sola. Sin embargo, en los 90 un joven abogado decidió alquilar la casa no solo para vivir, sino para empezar su escritorio jurídico. El hombre era amable y querido por todos, era increíblemente alto y aparentaba ser mayor de lo que en realidad era.

Con el pasar de los meses el joven abogado comenzó a perder su brillo, había adelgazado varios kilos, y se veía que no conseguía dormir del todo, pero a pesar de esto mantenía una actitud amable y seguía siendo muy bueno en su trabajo, hasta que una mañana, uno de sus compañeros, asustado porque este no había asistido a una reunión, entró a la casa y lo encontró sin vida colgando de las vigas de la casa. 

Al tiempo del suceso, uno de sus amigos contó que el joven abogado había estado actuando muy extraño antes de morir, hablaba de una mujer hermosa con la que soñaba cada noche. 

Daniel después de oír las palabras del cura, sabía que no estaba loco y tal vez si no abandonaba aquella casona, pronto su destino sería el mismo que el del joven abogado. Ese mismo día empacó sus cosas, se contactó con los dueños y les informó que renunciaba a su labor. Daniel no quiso saber más de aquel lugar, cuenta que evita a toda costa incluso caminar por aquella calle, puesto que las pocas veces que ha pasado aún le llega el olor a vela quemada. 

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