Las risas se escuchaban a su espalda pero la mujer temía voltear y encontrarse cara a cara con esos extraños seres

Crédito: Karen Roa / María Cárdenas

Las risas se escuchaban a su espalda, pero la mujer temía voltear y encontrarse cara a cara con esos extraños seres

Ecos de risas y sombras, los misterios del Liceo Simón Bolívar

María Cárdenas | La Prensa del Táchira.- El liceo Simón Bolívar de San Cristóbal es una de las casas de estudio más emblemáticas de la región, sin embargo, muy pocos conocen los oscuros secretos que guardan sus pasillos. 

Los extraños seres del jardín

Tanto personal que laboraba en las instalaciones como exalumnos, cuentan que cosas extrañas suceden en el lugar, en especial cuando se esconde el sol. Claudia cuenta que laboraba en el área administrativa y era muy normal para ella extender sus horas de trabajo hasta bien entrada la noche. 

Una de aquellas tantas noches perdió la noción del tiempo y cuando se dio cuenta ya eran pasadas las 10 pm. Comenzó a recoger sus cosas cuando el sonido de unas risas llamaron su atención, a pesar de la hora y sabiendo que se encontraba sola, pero impulsada por su curiosidad, salió a ver de qué se trataba.

Claudia recorrió las distintas áreas del plantel, sin embargo no vio ni escuchó nada; no obstante, cuando estaba decidida a irse, algo extraño llamó su atención en la plaza, en donde se encuentra el busto del Libertador. Vio a unas extrañas criaturas que parecían "niños" jugando a su alrededor. La mujer se quedó petrificada cuando vio que estos se quedaron totalmente quietos y comenzaron a mirar en la dirección en la que ella se encontraba. Claudia, presa del pánico, corrió a toda velocidad por el lugar.

Las risas se escuchaban a su espalda, pero la mujer temía voltear y encontrarse cara a cara con esos extraños seres. Finalmente llegó al otro lado del edificio en el cual se topó con el vigilante, quien alarmado por los gritos de la mujer, preguntó qué sucedía. Claudia le contó todo y el vigilante sin decir nada la acompañó hasta su vehículo y le dijo que se tranquilizara, que aquellas criaturas solo buscan molestar y, hasta donde él sabía, nunca le han hecho daño a nadie. 

El hombre de los pasillos

Algunas personas cuentan historias similares a las de Claudia, otras hablan de un extraño hombre que se pasea por los salones y sus pisadas resuenan por el lugar. Antonio explicó que mientras estudió en el Liceo ninguna cosa extraña le sucedió, sin embargo, cuando trabajó un tiempo en las instalaciones en los años 90, su percepción del lugar cambió totalmente. 

Antonio cuenta que llevaba al menos un año trabajando en el lugar, las clases habían terminado finalmente y se encontraba realizando el papeleo para poder disfrutar de sus vacaciones. Los pasillos sin los estudiantes se tornaban lúgubres y silenciosos, Antonio se encontraba en el jardín cuando vio a una extraña persona caminando hacia el edificio, impulsado por su curiosidad Antonio siguió a la extraña figura al interior, la perdió de vista, pero seguía escucha sus pisadas, como si a propósito quisiera ser escuchado.

Antonio intentó no darle importancia a este suceso, pero volvió rápido a su aula, el sol ya se estaba escondiendo y se sentía extraño por aquel encuentro. Ya con todo guardado en su bolso y decidido a salir de las instalaciones lo más rápido posible,  en la puerta del aula escuchó nuevamente aquellos pasos, a pesar de que parecían venir del pasillo en el lugar no se veía nada, pero los pasos no aminoraba la marcha, y se escuchaban cada vez más cerca. Antonio a pesar de sentirse asustado, sentía curiosidad por ver de quién se trataba, así que esperó plantado en la puerta del aula a la espera del dueño de las pisadas.

Tras algunos minutos en el lugar, a pesar de las pisadas que se escuchaban a solo metros del aula, nadie nunca apareció, por lo cual Antonio tomó la decisión de marcharse, con el sonido de las pisadas a su espalda. Antonio se encontraba al pie de la escalera y miró hacia atrás para ver si veía algo, y así fue, una extraña figura de más de dos metros avanzaba a toda velocidad por el pasillo;  no pudo distinguir sus ropas ni nada, ya que la extraña aparición era una sombra negra tan oscura como la noche. 

Antonio abandonó aquel día el Liceo, y si bien trabajó un par de años más en el lugar, nunca se volvió a quedar solo en el aula. 

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