María Cárdenas | La Prensa del Táchira.- Corría el mes de junio de 1969, la Policía Técnica Judicial (PTJ) de San Cristóbal recibió un llamado para investigar la desaparición de una joven de 12 años de la comunidad de Santa Cruz de Guacas, un pequeño pueblo que se encuentra en la frontera entre Táchira y Barinas.
Al parecer, la pequeña era pareja de un odontólogo Colombiano de 48 años que tenía su consultorio en su vivienda en esta comunidad, muy cerca del Río Uribante. Los detectives se hicieron presentes en el lugar después de que recibieran la denuncia de una paciente del odontólogo, a quien le pareció extraño que la joven que vivía en su hogar, desde hacía más de un año no se encontrara por ninguna parte.
Al recibir la visita de los oficiales y preguntar por el paradero de la joven, este explicó que se había marchado hacia San Cristóbal semanas antes, pero no había dicho nada para no alarmar a los padres de la joven. Los detectives, insatisfechos con esta explicación, pidieron inspeccionar el lugar hasta que encontraron una misteriosa maleta que desprendía extraños olores. Al abrirla, los oficiales se encontraron con la dantesca escena: la cabeza, torso y piel de la joven se encontraban en su interior.
El crimen
Ya bajo detención, el psicópata odontólogo contó lo sucedido a los detectives. Al parecer, la joven, ya cansada de los tratos del hombre, lo amenazó con abandonarlo e irse a San Cristóbal a vivir junto a una de sus amigas. Este lleno de ira la tomó por el cuello hasta que la pequeña dejó de respirar.
Tras asesinarla el doctor la subió a la silla en donde trataba a sus pacientes, con una filosa navaja le desprendió toda la piel para luego comenzar a desmembrarla. Decidió lanzar sus brazos y piernas al caudal del Río Uribante que se encontraba a solo unos metros de su casa, el torso, cabeza y piel lo guardó en una maleta para abandonarlos en otro sector; sin embargo, nunca tuvo tiempo de esto, ya que la policía se presentó en su domicilio.
Los oficiales comenzaron a investigar al colombiano, al parecer el hombre se encontraba prófugo de la justicia en su país natal debido a que había cometido un crimen similar con su expareja. Se instaló por un tiempo en San Cristóbal, en donde trabajó en el Ministerio de Obras Públicas (MOP), poco tiempo después terminó mudándose a Santa Cruz de Guacas, en donde encontró a su pequeña víctima de apenas 12 años.
Los datos de esta historia se encuentran resguardados en la Hemeroteca Estadal "Pedro Pablo Paredes", ubicada en la sede del Liceo Alberto Adriani en San Cristóbal.
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