María Cárdenas | La Prensa del Táchira.- Hace 41 años, las aguas del complejo hidroeléctrico Uribante - Caparo cubrieron para siempre las calles, casas y sueños de un pueblo escondido entre las montañas tachirenses. En 1984 Potosí, fundado en 1855, dejó de existir en la superficie para convertirse en un recuerdo sumergido, una memoria silenciosa bajo el embalse.
Cientos de habitantes tuvieron que abandonar sus hogares, sus tierras y su historia para dar paso al proyecto hidroeléctrico ejecutado por Desurca - Cadafe. Lo que quedó fue el paisaje transformado donde antes hubo pueblo, actualmente solo hay agua.
El único testigo que persiste es la iglesia de Potosí, cuya estructura emerge como un símbolo melancólico. Cuando el embalse está completamente lleno, solo la cruz se asoma entre las aguas, un recordatorio fantasmal de lo que alguna vez estuvo allí. En épocas de extrema sequía, cuando el nivel del agua desciende al mínimo, la estructura completa de la iglesia resurge, junto con ruinas de lo que fue el pueblo, fragmentos de una vida que ya no existe en el lugar.
Con el pasar de los años, el lugar se convirtió en un atractivo turístico, en el cual hacen recorridos en lanchas por todo el embalse hasta llegar a la iglesia y pasando muy cerca de lo que fue el cementerio del pueblo, en el cual solo unas pocas tumbas aún se mantienen.
Hoy, a más de cuatro décadas de su desaparición, Potosi sigue siendo un recuerdo silencioso del municipio Uribante. Personas que llegaron a habitar sus calles encuentran consuelo en las redes sociales con grupos en Facebook, que son usados para recordar aquellos días cuando el pueblo crecía y buscan mantener su recuerdo con fotografías y anécdotas.
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