El tres de diciembre de 1981 la población de Rubio se horrorizó después que laPTJ descubriera los macabros hechos perpetrados por la banda denominada Los Sepultureros en la hacienda Potosí

Crédito: Karen Roa

El tres de diciembre de 1981, la población de Rubio se horrorizó después que laPTJ, descubriera los macabros hechos perpetrados por la banda denominada "Los Sepultureros" en la hacienda Potosí.

Los Sepultureros, la banda criminal que sembró el terror en Rubio

María Cárdenas Camacho | La Prensa del Táchira-. El tres de diciembre de 1981, la población de Rubio se horrorizó después que la Policía Técnica Judicial (PTJ), descubriera los macabros hechos perpetrados por la banda denominada "Los Sepultureros" en la hacienda Potosí.

Durante la primera parte de la década de los 80, el Municipio Junín era un lugar tranquilo dedicado fielmente a la agricultura, en donde no solo los locales se dedicaban a trabajar en las fincas y haciendas como recolectores, sino que también hombres colombianos llegaban al estado buscando trabajo para así tener un mejor futuro, tanto para ellos como sus familias en Colombia.

Sin embargo, esta tranquilidad se terminó y todos los obreros entraron en estado de alerta cuando aquel jueves tres de diciembre un campesino llegó a las oficinas de la delegación y señaló que probablemente un hombre habría sido asesinado en la hacienda Potosí, ubicada en el sector Tres Esquinas.

Cuando la PTJ se hizo presente en el lugar vio el macabro hecho. Un hombre, a quien solo se le veían los pies está enterrado en el lugar. El occiso respondía al nombre de Eclipserio Verga Carvajal de 60 años de edad y nacionalidad colombiana, que al parecer habría sido asesinado después de cobrar una cuantiosa suma de dinero, tras terminar su jornada laboral.

Ante esto los investigadores comenzaron las operaciones para dar con los responsables y partieron con el testimonio de los demás trabajadores, quienes señalaron que se percataron de lo sucedido, tras escuchar varios sonidos extraños y alboroto proveniente del sitio del suceso, por lo cual el victimario al darse cuenta que personas se acercaban, dejó el trabajo de esconder el cadáver a medias y emprendió la huida.

Única pista

Solo una caja de cigarrillos y una cajetilla de fósforos era la única pista en el lugar del suceso, puesto que tras indagar los oficiales conocieron que la víctima no fumaba, por lo cual se dirigieron a la única tienda cercana del lugar para precisar quién habría comprado esa marca de cigarrillo en las últimas horas.

Tras varias averiguaciones, los detectives de la PTJ dieron con el nombre y paradero del presunto asesino, el cual generó gran sorpresa entre los trabajadores agrícolas cuando se reveló que Juan Cárdenas, de 20 años, uno de los hombres de confianza de la hacienda, fue señalado como primer sospechoso del asesinato.

"Me obligaron"

Tras la detención de Cárdenas, no costó mucho a los agentes policiales para que el asesino confesara su crimen y además revelara las acciones de la banda "Los Sepultureros".

Cárdenas señaló que asesinó a Vargas en uno de los caminos solitarios de la hacienda, mientras el colombiano se dirigía a llevarle los almuerzos a otros obreros. El asesino lo tomó por sorpresa y tras propinarle varios tubazos en la cabeza, le dio muerte; todo con el objetivo de robarle 1300 bolívares. Luego de esto, arrastró su cuerpo a 250 metros y cavó una zanja para poder enterrarlo detrás de unos matorrales de café. No obstante, el hombre no contaba con que varios obreros se encontraban cerca y escucharon todo el ruido que venía del matorral y cuando se percató que personas se acercaban al lugar, dejó el trabajo a medio concluir y se marchó, dejando los pies de Vargas al descubierto.

Además, Cárdenas le reveló a los detectives que fue obligado a realizar este hecho atroz por Sebastián Suárez, el capataz de la hacienda, quien junto a otros dos hombres formaban parte de la banda "Los Sepultureros", quienes se dedicaban a asesinar y posteriormente enterrar en los alrededores de la hacienda a obreros de origen colombiano, puesto que nadie denunciaba sus desapariciones.

Tras conocerse este hecho, la PTJ tenía claro que había más de una persona enterrada en el lugar y la banda que venía actuando de manera impune, debido a los cargos que poseían en la hacienda; además de ser todos originarios de Rubio, por lo que no levantaron ninguna sospecha.

Segundo cuerpo

Luego de interrogar a los detenidos la PTJ consiguió dar con el paradero de un segundo cuerpo. En un sector alejado de la hacienda se encontraban los restos ya consumidos por animales de rapiña, de José Baudilio, mejor conocido como "El Morcillero" de 62 años.

El hombre de origen colombiano había dejado de ser visto por sus compañeros agrícolas tras cobrar una buena suma de dinero. Estos pensaron que el hombre se había marchado a otras tierras, mientras que su familia en Colombia creía que Baudilio se encontraba aun trabajando en la hacienda.

No obstante, no sabían que Cárdenas, bajo el mando Suárez, había dado fin a su vida solo para robarle el dinero, para luego repartirse las ganancias.

Tras las pesquisas realizadas por los funcionarios de PTJ y ya identificadas las víctimas, los cuerpos de ambos hombres fueron trasladados hacia Colombia para que así sus familiares consiguieran darles santa sepultura.

Si bien la PTJ estaba segura que los criminales tenían otras víctimas, puesto que varios trabajadores hablaron de otras desapariciones misteriosas, las cuales entraban en el perfil de las víctimas de los asesinos, la banda no cedió ante la presión infringida por los oficiales y guardaron silencio, por lo cual se cree que aún hay varias personas enterradas en los terrenos de la hacienda Potosí.

Los datos de esta historia se encuentran resguardados en la Hemeroteca Estadal "Pedro Pablo Paredes", ubicada en la sede del Liceo Alberto Adriani en San Cristóbal.

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