Confusión y controversia en un caso en la avenida Carabobo

Ariana Moreno | La Prensa del Táchira.- El 15 de abril de 1984, Eliezer Ortiz y Julio César Mejía se encontraban disfrutando de una noche de cervezas en un bar de San Cristóbal cuando, de repente, fueron interrumpidos por una comisión de la Dirección de Servicios de Información y Prevención (Disip), quienes exigieron a los presentes que mostraran sus documentos.

Después de ser identificados, decidieron tomar unos tragos más antes de abandonar el lugar. Pasadas las 2:30 de la madrugada, salieron del bar pero notaron que la patrulla de la DISIP estaba estacionada a pocos metros del lugar, en la esquina de la calle 16 con carrera 11 de La Romera. A partir de ese momento, comienza la confusión, ya que no se sabe con certeza qué sucedió. Testigos aseguran haber visto a Mejía esposado a las 3:30 de la mañana. En cuanto al destino Eliezer, nadie sabe qué sucedió después de que salió del bar.

Aquella fatídica madrugada se convirtió en un día lleno de tragedia para los familiares de estos jóvenes. Cuando finalmente se supo de su paradero, sus cuerpos yacían en la morgue del Hospital de San Cristóbal. Eliezer había ingresado sin vida, mientras que Mejía presentaba signos vitales y falleció presumiblemente a causa de un golpe en la cabeza cuando fue arrojado al suelo.

Los hechos

Según informes, Eliezer y Julio César perdieron la vida en un presunto enfrentamiento a tiros con los policías después de ser descubiertos robando en un establecimiento deportivo llamado "Promociones Universitarias" y supuestamente resistirse a las autoridades. Los funcionarios aseguran que se vieron obligados a utilizar sus armas reglamentarias para evitar su escape.

En el lugar de los hechos, se encontró una tenaza, tres candados rotos, dos revólveres calibre 38, una porción de bazuco y varias prendas deportivas. Inmediatamente, amigos y familiares de los jóvenes pusieron en duda la veracidad de los hechos narrados por los policías, ya que, según las versiones de los testigos, el relato presentaba muchas contradicciones.

Por ejemplo, el acta de defunción de Eliezer indica que murió a las 2:30 de la madrugada, pero varios testigos afirman haberlo visto en ese momento salir del bar. Lo mismo sucede con Mejía, que se registró su fallecimiento a las 2 de la madrugada, pero se le vio esposado alrededor de las 3. También no se entiende como uno de los jóvenes ingresó con vida al hospital, pero en lugar de llevarlo a emergencias, la policía lo dirigió directamente a la morgue.

Otra contradicción es que, algunos reportes indican el lugar del levantamiento de los cadáveres cerca del tanque de guerra en la avenida Carabobo, pero en otro informe se menciona que ocurrió frente a Promociones Universitarias, donde se supone que estaban robando. De igual forma desconcertaba el hecho del por qué si los dos hombres se enfrentaron a tiros con la policía, presentaban hematomas graves en la cabeza y en todo el cuerpo. Incluso les rompieron los dientes y les fracturaron la muñeca. Además, en el certificado de defunción de Eliezer, solo se menciona un orificio de bala, pero en las fotografías del cadáver se pueden ver claramente tres impactos en el pecho.

Finalmente llamó la atención que la autopsia de los cadáveres se realizó sin el consentimiento de los familiares estipulado en la ley. Los seres queridos, solicitaron a la fiscalía una nueva necropsia; sin embargo, no se llevó a cabo.

José Eliezer Ortiz, de 26 años, era entrenador de boxeo en el municipio Junín y vivía en el barrio La Popita de Pueblo Nuevo. Por su parte, César Mejías, de 26 años, residía en la avenida Carabobo. Ortiz no tenía antecedentes policiales, pero Mejía contaba con un historial delictivo por hurto, tenencia de estupefacientes, robo y lesiones a personas.

Familiares y compañeros del boxeador manifestaron que era un gran deportista y no un antisocial, como se quería hacer ver. Tras el clamor de los ciudadanos, los policías involucrados fueron investigados; sin embargo, ocho meses después fueron absueltos. Los funcionarios eran: Víctor Manuel Valero, Óscar Sánchez y Gilberto Poveda.

Los datos y fotos de esta historia se encuentran en la Hemeroteca Estadal Pedro Pablo Paredes, San Cristóbal

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