Tragedia en Barrio Obrero durante la noche de Halloween en el año 2010

Ariana Moreno | La Prensa del Táchira.- En la madrugada del 31 de octubre de 2010, la discoteca "Seven & Eleven", ubicada en la calle 9, entre las carreras 18 y 19 de Barrio Obrero, se encontraba abarrotada de jóvenes que celebraban la "Noche de Halloween". Sin embargo, lo que parecía ser una noche llena de diversión y disfraces pronto se convirtió en una completa pesadilla.

Aproximadamente a la una de la madrugada, un grupo de criminales armados con un revólver y una subametralladora, irrumpió con violencia en el local. Sin dar tiempo a reaccionar, abrieron fuego sin piedad, sembrando el pánico y la desesperación entre los presentes. El portero de tan solo 19 años, fue el primero en recibir el impacto de las balas, cayendo herido en un intento desesperado por protegerse a sí mismo y a quienes se encontraban dentro.

Como resultado del tiroteo, perdió la vida un adolescente que residía en Puente Real, así como Jhoan José Rangel Manjarrez, de 18 años, quien vivía en La Chucuri y trabajaba vendiendo gorras en un local del área comercial de la ciudad. También falleció una joven de 18 años que residía en Puente Real y estaba a punto de comenzar el curso para unirse a las filas de la Policía Regional, identificada como Gaudy Lilibeth Moros Romero. Según información de medios locales, Gaudy falleció en el quirófano poco después de ser trasladada al Hospital Central de San Cristóbal en una ambulancia del Cuerpo de Bomberos. A la joven se le encontró una herida de bala en el pecho, otra en la pierna y una tercera en el brazo.

Los medios de la época relatan que en respuesta al ataque sorpresivo, dos clientes se levantaron de sus asientos y aparentemente dispararon contra los agresores, quienes decidieron huir rápidamente. Antes de escapar, lanzaron una granada casera cargada con balines de plomo hacia el local, la cual afortunadamente estalló a pocos metros de la fachada y no en el interior. De lo contrario, la tragedia podría haber sido aún mayor.

Los responsables, como figuras sin rostro, desaparecieron en la oscuridad dejando un rastro de horror y dolor. Al lugar acudieron funcionarios de la Policía del estado Táchira, Policía Municipal de San Cristóbal, Guardia Nacional, Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional y Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (CICPC), quienes se encargaron de recoger y trasladar los cuerpos a la morgue del Hospital Central, así como de llevar a cabo entrevistas y peritajes preliminares.

Los expertos recolectaron alrededor de 50 cartuchos calibre 45 y 9 milímetros, así como los balines o plomos que quedaron incrustados en la pared del edificio contiguo a la discoteca, la espoleta de la granada y otras evidencias, con el fin de analizarlas.

Tres hipótesis

Inicialmente se comenzó a especular sobre una posible venganza dirigida al propietario del establecimiento nocturno llamado Julio César Gómez. Según sus declaraciones, días antes de la masacre, él ordenó el desalojo de tres jóvenes que faltaron al respeto a otra cliente y estos amenazaron con vengarse. Sin embargo, en el lugar se escucharon otras versiones de los hechos. Una de ellas indicaba que poco antes del ataque, los criminales tuvieron una discusión con el portero, quien les impidió entrar al local porque no estaban disfrazados, como era la norma para esa Noche de Halloween. El dueño del local presumía que los sujetos regresaron ese día y cometieron el crimen.

También se manejaba la hipótesis de una guerra entre bandas, ya que decía que los pistoleros iban por una persona específica, que supuestamente se encontraba en el establecimiento.

Días después, se logró identificar a los autores materiales e intelectuales del atentado ocurrido en la discoteca. La policía científica realizó retratos hablados en un intento por localizar a los responsables. Sin embargo, según una investigación llevada a cabo por La Prensa del Táchira, no se pudo determinar si los asesinos fueron capturados o no. Este hecho dejó una marca imborrable en la memoria de aquellos que lograron sobrevivir a la masacre.

Los datos y fotos de esta historia criminal se encuentran resguardados en la Hemeroteca Estadal Pedro Pablo Paredes, ubicada en San Cristóbal.

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