La historia de venganza del "Hombre de las Mil Caras" en Ureña

Ariana Moreno | La Prensa Táchira.- En agosto de 1985 salió a la luz una historia de traición, narcotráfico y venganza que impresionó a la zona fronteriza entre Colombia y Venezuela. Según relataron las autoridades de la época, el 25 de junio de ese año un grupo de agentes de la Policía Técnica Judicial de Ureña realizaba una misión de búsqueda de narcotraficantes en la zona, cuando hicieron un descubrimiento sorprendente.

En medio de la densa vegetación del sector El Palotal, en la vía hacia Ureña, un olor nauseabundo impregnó el aire. Uno de los agentes divisó el macabro hallazgo: el cadáver de un desconocido, sepultado apenas a unos centímetros bajo la tierra. Al parecer, el cuerpo en avanzado estado de descomposición mostraba una herida de bala en la cabeza. En un principio resultó imposible identificar a la víctima, debido a la ausencia de cualquier documento que revelara su identidad. Además, no se había reportado ninguna persona desaparecida en la zona en esos días. 

Ante esta situación, las autoridades locales solicitaron la ayuda de las autoridades colombianas, quienes días más tarde lograron identificar el cuerpo. Se trataba de Jesús Adolfo Garzón Álvarez, un colombiano, de 29 años de edad, comerciante con residencia en Bogotá y con un amplio prontuario criminal. Algunos familiares de la víctima se trasladaron desde Colombia hasta Ureña para reconocer el cadáver. Sin embargo, debido al avanzado estado de descomposición del cuerpo de Jesús, resultaba prácticamente irreconocible. Fue a través de su ropa y otras pertenencias que finalmente se pudo reconocer. 

Los familiares indicaron que el occiso había salido de la capital colombiana acompañado de su hermana Luz Marina Garzón Álvarez, de 27 años de edad, y que ambos se desplazaban a bordo de un vehículo de la marca Jeep. Hasta ese momento, el paradero de la joven y de la camioneta eran todo un misterio.

En la ropa de Jesús encontraron un número telefónico y un nombre que fueron claves para detener a un primer sospechoso. Las investigaciones revelaron que pertenecía a un individuo paraguayo llamado Miguel Ángel Heinzewer, con quien presuntamente Jesús tenía relaciones de negocios. Las autoridades detuvieron a este hombre y descubrieron que llevaba consigo una cédula de identidad a nombre de un sujeto originario de San Cristóbal. El hombre afirmó no llamarse Miguel, sino Rafael Antonio Reyes, tal y como lo indicaba la identificación que llevaba consigo. Además, negó cualquier vínculo con el asesinato y fue puesto en libertad bajo investigación.

Sin embargo, la Policía  pronto descubrió que ninguno de los nombres utilizados era el verdadero del sujeto. En realidad, se llamaba Carlos Alberto Delvecchio, era ingeniero en minas de nacionalidad argentina y había estado encarcelado en Colombia por su participación, junto con Jesús Garzón en el robo de las esmeraldas de la Virgen de Torcoroma en la ciudad de Ocaña del departamento de Norte de Santander.

El sujeto es detenido una vez más por la antigua Policía Técnica Judicial, que, impresionada por la sorprendente habilidad de este hombre para cambiar su apariencia, comienza a llamarlo el "Hombre de las Mil Caras".

Era narcotraficante

Tras derrumbar las mentiras de Delvecchio, los funcionarios descubrieron también que ambos individuos se dedicaban al tráfico de drogas a través de una poderosa red que operaba con el tráfico de cocaína desde Arauca-Cúcuta-San Cristóbal, Maracaibo-Caracas y otras ciudades del país, con ramificaciones en la zona del Caribe y los Estados Unidos, organización a la cual estaba vinculada Verónica Rivero, conocida en Colombia y en todo el mundo como la "Reina de la Coca".

Los funcionarios determinaron que después de ser detenidos en Colombia, el argentino asumió toda la responsabilidad de los cargos por el robo en Ocaña. Los sujetos acordaron que Carlos Alberto Delvecchio asumiría la culpa con la condición de que, cuando Jesús Garzón cumpliera un corto tiempo en la cárcel, saldría a negociar un cargamento de drogas que había mantenido oculto. De esta manera, Garzón pagaría por la defensa de Delvecchio y también proporcionaría dinero para mejorar su estadía en la cárcel.

Sin embargo, una vez que Garzón Álvarez fue puesto en libertad, buscó la droga y la vendió, continuando además en el negocio del narcotráfico, olvidándose por completo de su amigo. Al recobrar la libertad, el ingeniero de minas de origen argentino descubre que sus clientes tradicionales ya no quieren hacer negocios con él, porque Jesús Garzón Álvarez le quitó el mercado e incluso le dio "tumbe" con varios alijos de droga.

En vista de quedarse sin dinero y sin clientes para vender su mercancía, el argentino toma la decisión de establecerse en Ureña para comenzar una nueva vida, pero sin olvidar la traición de su supuesto amigo. Es en este punto donde comienza a idear su venganza.

En poco tiempo logra establecer contacto con su antiguo compañero de fechorías, fingiendo que "aquí no ha pasado nada", y le solicita un cargamento de cocaína para satisfacer la demanda de sus clientes, sin importar la cantidad. 

De este modo, logra atraerlo al territorio venezolano con dos kilos de droga. El 2 de mayo de 1985 se reúnen en las cercanías del puesto de control de la Guardia Nacional de Ureña, donde Delvecchio esperaba junto a otros sujetos, a los cuales identificó como interesados en comprar el material. 

Los hombres abordaron el Jeep en el que Garzón viajaba junto a su hermana Luz Marina Garzón Álvarez. El vehículo tomó rumbo a San Antonio del Táchira y apenas pasaron la Central Azucarera de Ureña, el hábil delincuente logra engañarlos y los lleva a un lugar solitario donde extrajo una pistola con la que asesina a Jesús Garzón Álvarez de un disparo que le penetró por la cara y salió por la región occipital, ocasionándole la muerte de manera instantánea, debido a que el proyectil en su trayectoria destrozó los órganos vitales y provocó pérdida de masa encefálica.

Con la mayor sangre fría, el ingeniero argentino sepulta al amigo y luego mata de la misma manera a Luz Marina, hermana de su antiguo compinche y la entierra en el sector "El Palotal". Ambas víctimas fueron despojadas de su documentación, pertenencias y el vehículo fueron llevados a Cúcuta donde los vendieron, mientras que dos kilos de cocaína que traían siguieron su ruta con destino a Curazao.

Según las autoridades, la joven, de 27 años, residía en Bogotá y trabajaba como profesora en una institución colombiana. Aunque no se puede confirmar si la mujer estaba al tanto de las actividades ilegales de su hermano, los familiares afirman que ella decidió acompañarlo para visitar Venezuela. 

El asesino de nacionalidad argentina fue quien llevó a las autoridades hasta un sector de la carretera San Antonio del Táchira-Ureña, donde había enterrado el cadáver de la joven mujer a unos 100 metros de la vía.

Vehículos robados

Las investigaciones determinaron que el "Hombre de las Mil Caras" no sólo era un pez gordo del narcotráfico, sino que también era una figura importante en la venta de vehículos robados en Venezuela, los cuales eran llevados a Colombia y presentados como legales para su venta sin problemas.

La Policía Judicial descubrió que en Residencias Mónaco, ubicada en el sector de Villa del Rosario, Delvecchio poseía una casa donde se llevaba a cabo todo el proceso de alteración de los números de serie, tanto del chasis como de los motores de los vehículos robados. Además, se les proporcionaban documentos de propiedad falsificados y se declaraban como vehículos provenientes de remates judiciales en Venezuela. De esta manera, lograban venderlos o intercambiarlos por drogas en Cúcuta y otras ciudades colombianas.

Los agentes encontraron en esta vivienda numerosas plantillas M-3, sellos húmedos y secos de diferentes organismos oficiales venezolanos y otros materiales con los que se alteraban los seriales.

Después de pocos días de la captura del criminal, se descubrió que había recibido amenazas de muerte por parte de un miembro importante de la red de narcotráfico, quien aparentemente no deseaba que se revelaran sus nombres ni sus métodos, pues se consideraba que Delvecchio era una persona clave para el narcotráfico y que su detención permitiría darle duros golpes a los "gangs" de la droga. Como resultado, el argentino fue sometido a una estricta vigilancia por parte de las autoridades policiales, quienes lo mantuvieron aislado en una celda de San Antonio del Táchira.

Pese a esto, no se logró obtener mayor información por parte del detenido y únicamente se logró dar con el paradero de dos hombres que participaron junto a Carlos Alberto Delvecchio Sarmiento en el homicidio de los hermanos Jesús Adolfo y Luz Marina Garzón Alvárez, en el inicio de una vendetta por drogas.

La información fue obtenida de fuentes policiales, donde se identificaron a los detenidos como Arquímedes Barajas Galviz, colombiano, de 42 años de edad, originario de Río Negro, Santander del Sur, y Tito Leonel Velazco, colombiano, de 34 años de edad. Estos individuos se apoderaron del vehículo Jeep con placas GL-4303, el cual pertenecía a Jesús Adolfo Garzón Álvarez. Posteriormente, llevaron el vehículo hasta la localidad de Bucaramanga, donde lo vendieron por la suma de 950 mil pesos y se repartieron el dinero entre ellos.

Después, el vehículo fue recuperado por funcionarios del Departamento Administrativo de Seguridad (DAS). El comisario, José Ignacio Maldonado Gandica, quien era el jefe de la Policía Técnica Judicial en la Región Los Andes en ese momento, informó que los dos hombres fueron detenidos en territorio colombiano por las autoridades policiales del país vecino.

Hasta la fecha no se tiene certeza sobre la sentencia que se le impuso al asesino. No obstante, se presume que este individuo fue condenado a varios años de prisión que iban acordes con la gravedad de sus crímenes, teniendo en cuenta que se le atribuyen muchos más delitos. Según las autoridades, el "Hombre de las Mil Caras" era buscado por múltiples instituciones judiciales de diversos países.

El Juzgado Primero Penal de Ocaña lo buscaba por el delito de robo, mientras que el Juzgado II Penal de Bucaramanga lo requería por delitos relacionados con la administración de justicia, ya que logró escapar de la cárcel donde cumplía condena por el robo de las esmeraldas de la Virgen de Torcoroma. Además, el Juzgado Penal V de Bogotá emitió una orden de captura en su contra por tráfico de estupefacientes, y el Gobierno de Perú también realizó una solicitud de extradición debido a su implicación en el robo de valiosas pinturas antiguas de artistas de renombre internacional, cuyo valor supera los doscientos mil dólares.

El esclarecimiento de este doble crimen, con implicación en el tráfico internacional de estupefacientes, le permitió a la Delegación de la Policía Técnica Judicial de Ureña ganar el "Cangrejo de Oro".

Los datos y fotos de esta historia se encuentran en la Hemeroteca Estadal Pedro Pablo Paredes, ubicada en San Cristóbal. 

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