Tragedia en Hotel Delta: Madre enloquecida acaba con la vida de sus hijos

Ariana Moreno | La Prensa del Táchira.- El 18 de diciembre de 1985 tuvo lugar un trágico incidente que causó conmoción en la ciudad de San Cristóbal y sus alrededores. Eva María Grun de García, una mujer de 30 años, había estado hospedada junto a sus hijos de 12 y 10 años durante casi un año en el antiguo Hotel Delta, ubicado en la Avenida Francisco García de Hevia, más conocida como la Quinta Avenida.

Esa noche del miércoles, como de costumbre, Eva y sus hijos estuvieron en el vestíbulo del hotel hasta las diez y media viendo un programa de televisión. Después se despidieron del personal y de los demás huéspedes y se dirigieron a descansar en la habitación que habían escogido como su hogar, la cual estaba identificada con el número 13 y se encontraba en el tercer piso del hotel.

Alrededor de las cinco de la tarde del día siguiente, la recepcionista recibió una llamada desde Caracas, la cual decía ser la madre de Eva y preguntaba si podía hablar con ella. La llamada se transfirió a la habitación, pero no obtuvieron respuesta. Los empleados se preocuparon porque no habían visto a Eva María ni a los niños salir en todo el día, así que informaron de la situación a los dueños del hotel. Cuando intentaron abrir la puerta con la llave maestra, no pudieron hacerlo porque el cerrojo estaba puesto desde adentro.

Esta situación inusual, junto con el hecho de que nadie respondiera a las llamadas, llevó a los propietarios a solicitar la ayuda del Cuerpo de Bomberos de San Cristóbal, quienes enviaron a varios agentes al lugar y, mediante una escalera, subieron al balcón donde se hizo un descubrimiento macabro.

En una cama frente a la puerta de la habitación, se halló el cuerpo sin vida de un niño, cuya cabeza estaba cubierta con una manta. Al destapar su rostro, se observaron signos de asfixia y rigidez en el cuerpo, lo cual indicaba que había fallecido varias horas antes. Los rescatistas ingresaron a otra habitación contigua donde se encontraba el cuerpo del otro niño tendido en la cama matrimonial y, a pocos centímetros sobre la alfombra, se hallaba el cadáver de Eva María.

El cuerpo de Eva tenía un cable amarrado al cuello que parecía estar fuertemente anudado, mientras que en sus brazos a la altura de las muñecas, presentaba dos profundas heridas que le provocaron una hemorragia. Los detectives y funcionarios del Cuerpo de Bomberos, realizaron el levantamiento de los cadáveres para ser trasladados a morgue del Hospital Central de San Cristóbal, donde les practicaron la necropsia de ley.

Un filicidio

Los agentes de la Brigada Contra Homicidios de la Policía Judicial llevaron a cabo una exhaustiva investigación en busca de pistas para investigar los sucesos y determinar si había alguna otra persona involucrada en el incidente. Sin embargo, la escena del crimen dejaba claro que se había producido una terrible masacre en la habitación del hotel, perpetrado por la madre, quien finalmente decidió quitarse la vida cortándose las venas y amarrando a su cuello un cable usado para instalaciones eléctricas.

De acuerdo con los investigadores, todo en el interior de la habitación se encontraba en completa normalidad, y las puertas y ventanas estaban aseguradas desde el interior. Además, las únicas huellas encontradas en el cerrojo pertenecían a Eva María. Cuando la noticia de este suceso se difundió a través de los medios de comunicación de la época, numerosos curiosos acudieron al Hotel Delta. Las autoridades de seguridad enviaron a sus agentes al lugar para acordonar la zona y evitar interferencias por parte de los presentes en el trabajo de investigación.

Según las hipótesis del caso, la mujer, abrumada por una serie de problemas, se vio consumida por una intensa crisis de nervios que la llevó a la locura. Desesperada, tomó la decisión de cortarse las venas en la muñeca, haciendo que la sangre fluyera sin control. En un acto desesperado, buscó refugio en el baño, donde improvisó una rudimentaria venda con papel higiénico para intentar detener la hemorragia.

Sin embargo, su estado mental alterado la llevó a cometer un acto aún más trágico. Regresó a la habitación donde descansaba su hijo mayor y, con una mezcla de angustia y desesperación, cubrió su rostro con una manta doblada, privándolo de oxígeno hasta causarle la muerte. Aunque este acto ya era devastador, su perturbación no se detuvo ahí. Se dirigió a la otra habitación donde dormía su hijo menor y repitió la misma operación. En esta segunda cama que ella compartía con su hijo de 10 años, se localizaron abundantes manchas de sangre, lo que indica que ya se había ocasionado las heridas. La dama luego se ató al cuello y se ahorcó.

El jefe de policía de aquel entonces reveló que Eva era natural de la capital de Venezuela, residente en la urbanización Parque Humbolt en Caracas y había llegado a San Cristóbal sin una razón clara. Aseguró que en varias oportunidades había confesado al personal que estaba sumida en serios problemas emocionales y padecía de una enajenación mental devastadora. Sus palabras reflejaban una desesperación profunda y una determinación abrumadora por escapar de la vida que llevaba. Pero nadie, ni siquiera los trabajadores que la rodeaban, se habrían imaginado jamás que tomaría una decisión tan desgarradora.

Los datos de esta historia se encuentran resguardados en la Hemeroteca Estadal Pedro Pablo Paredes, ubicada en la sede del antiguo Liceo Alberto Adriani la ciudad de San Cristóbal, Táchira.

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