PODER Y POLÍTICA

El poder según el politólogo alemán Max Weber, es la "posibilidad de imponer la propia voluntad sobre la conducta ajena"; trasladada esta premisa al plano político se destaca que el poder se ejerce a través de las Instituciones y de las normas jurídicas que son sancionadas por los gobernantes; es por ello que un régimen de gobierno puede usar entre otros recursos, la coacción y la fuerza para lograr la aplicación de esas leyes. En el caso venezolano, concretamente desde hace más de 20 años, los gobiernos imperantes de tendencia autoritaria, se han encargado de fortalecer adicionalmente las organizaciones militares, paramilitares y hasta delincuenciales, caso reciente de Tocorón, para mantenerse en el Poder, lo cual ha hecho nacer el derecho de los venezolanos a hacer resistencia política frente a esos abusos y despropósitos.  

Otro tipo de poder, es el ideológico, ejercido por quienes detentan los medios de comunicación o de propaganda; por la Iglesia a partir de la difusión de sus ideas, pues su peso en la conciencia y la razón de la gente, genera conductas, y es que el Poder es una fuerza necesaria para ejecutar las decisiones tomadas con autoridad. Poder y autoridad son entonces, nociones relacionadas, pero no son una misma cosa. El poder se encuentra depositado en un sistema jurídico, que se materializa a través de la autoridad. En Venezuela existe un fuerte aparato propagandístico, ideológico y legislativo, que aún logra influir en un cuantioso número de personas adherentes al partido de gobierno dominante. La Iglesia por su parte, emite periódicamente comunicados de una gran hondura moral y ciudadana que reflejan la dura situación del país, pero carece de poder político, pero si tiene poder espiritual.

El Gobierno central simultáneamente a todas esas circunstancias, ejerce autorictas, marca políticas con don de mando y es obedecido por la población, aunque lo rechace. Ejerce el poder sin tener una legitimación jurídica, ya que la basa en una legitimidad fáctica, que ha llevado a que buena parte de la comunidad nacional e internacional lo consideren como un gobierno usurpador. Es entonces éste un gobierno que tiene la fuerza o la violencia, para hacerse obedecer por habituación consciente o inconsciente. Esta última circunstancia, constituye un reconocimiento a su don de mando, desde un punto de vista sociológico, lo cual en cierto modo lo legitima. Sí, así como se lee. Distinto fuese si el régimen político imperante no fuere obedecido. Sin embargo, al no ser así, se crea cierta superioridad en el mismo y ellos lo saben.

El régimen tiene el poder para ser obedecido, mediante la coacción o la coercibilidad pues dispone en primer lugar, de la Fuerza Armada Nacional y todas sus policías, para los casos de intentarse acciones violentas en su contra, reducirlas y en segundo lugar, la fuerza que va a ser aplicada por esos organismos de seguridad y defensa, se va a apoyar en una legislación moldeada a su necesidad y con Instituciones claramente parcializadas. Por esas razones, derivadas estrictamente del ejercicio del Poder, es que se deben respaldar más opciones estratégicas, en este caso dentro del campo de la política; y aunque no le guste a mucha gente o la interprete conforme a sus creencias o convicciones, ella es la actividad en donde el régimen refleja mayor debilidad. 

Y es que la política tiene según escrito de -Maurice Duverger- una naturaleza ambivalente, por ser al mismo tiempo, conflicto y conciliación; de allí que sea compleja su comprensión por algunos, o se entienda desde el campo de las percepciones personales; porque desde la perspectiva del conflicto como el existente en el país, la política puede entenderse como una lucha incesante por el poder; de otro lado, la política es acuerdos, consensos a los fines de garantizar la paz social, el bienestar y el orden social, pues esas son sus propias reglas. 

Hay en la política, una tensión constante, cuyo equilibrio dependerá de la habilidad de sus actores para ejecutarla con posibilidades de éxito, mediante la obtención de resultados favorables de manera progresiva, dado que regímenes como el que tenemos en Venezuela son complicados, por el lado que se les mire, salvo el de la competencia política, donde hay que procurar mantenerlos.

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