EL VOTO Y LA PARTICIPACIÓN CIUDADANA DEFINEN EL FUTURO DE LA DEMOCRACIA 

El voto es un derecho y un deber de todo ciudadano, pero también es una responsabilidad que implica informarse y reflexionar sobre las opciones que se presentan en cada elección. No basta con dejarse llevar por las simpatías, los prejuicios o las emociones del momento, sino que se requiere un análisis crítico y racional de las propuestas programáticas de los candidatos que aspiran a ocupar cargos públicos. Ese conjunto de ideas, proyectos y acciones que los candidatos plantean para resolver los problemas y necesidades de la sociedad, y para orientar el desarrollo del país en diferentes ámbitos: económico, social, político, ambiental, cultural, entre otros, deben ser claras, coherentes, factibles y transparentes, y además responder a las demandas y expectativas de la ciudadanía.

Un voto informado, es un voto consciente y libre. Es un voto que accede a fuentes confiables y diversas de indagación, que le permiten contrastar las diferentes propuestas. Un voto consciente está sustentado en criterios propios para elegir la opción que mejor se ajuste a los intereses y valores personales y colectivos. Un voto libre es no dejarse influir por presiones, amenazas o sobornos de ningún tipo. Los procesos electorales son la oportunidad para fortalecer la democracia y la participación ciudadana en países que aprecian el sistema de libertades, pero también implica un riesgo de que se elijan a personas o grupos que no tengan la capacidad, la voluntad o la ética para gobernar bien, y terminen en consecuencia apostando por gobernantes con proyectos absolutistas. Por eso, es importante que los ciudadanos se involucren activamente en el debate público, que exijan a los candidatos que expliquen sus propuestas programáticas y que las cumplan una vez elegidos, y que fiscalicen su gestión y rendición de cuentas.

Venezuela se mueve en arena movediza desde hace más de dos décadas. Los ciudadanos cansados de las promesas incumplidas por gobernantes que actúan bajo la máscara del engaño y la mala fe terminan apostando por ese discurso, y posteriormente devienen en lamentos. Los debates negados, o el oscurantismo como estrategia, le abre la puerta a la división, el odio, la arrogancia y prepotencia de quienes controlan la toma de decisiones para proseguir con el abuso, siempre nadando en el mar de la polarización. Es así como la minoría gubernamental se atornilla en el poder. 

Los ciudadanos tienen el deber y el derecho de exigir se les informe sobre las propuestas programáticas a cada uno de los aspirantes, para decidir por quién votar. Ese es el voto informado, analítico y responsable, direccionado hacia el bien común, y el desarrollo del país. En Venezuela, hay gobernantes que están jugando con las necesidades de las personas, y hacen del espacio nacional un círculo vicioso para la siembra de los cordones de la miseria. El voto y la participación ciudadana definen el futuro de la democracia.

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