Asesinó a su mujer e hijastra y las arrojó a un tanque subterráneo

Ariana Moreno | La Prensa Táchira.- El 21 de diciembre del año 1991, un hombre de nacionalidad colombiana se presentó en la sede de la Policía Técnica Judicial de Ureña para denunciar que su mujer lo había robado y huido de su lugar de trabajo y residencia en compañía de su hijastra. 

Daurlando Franco Pérez, quien se desempeñaba como vigilante en una fábrica de sillas de ruedas y camas clínicas, manifestó a las autoridades de aquel entonces que él vivía con Marlén Maritza Arismendi, su hijastra de siete años y un niño de cinco años (hijo de ambos), en un anexo dentro de la fábrica ubicada en la Zona Industrial del municipio Pedro María Ureña.

El hombre de 43 años de edad, contó que a mediados del mes de diciembre, los dueños de la fábrica llamada Industria Metálica Táchira Compañía Anónima (Imetaca), salieron de vacaciones a la playa en compañía de sus obreros, por lo que la familia se encontraba sola en el galpón. Dijo que ese día salió a comprar algunas cosas en el mercado municipal y cuando llegó, encontró a su hijo menor solo. Mientras buscaba rastros de la madre y de la niña, halló gotas de sangre cerca de un tanque de agua subterráneo, utilizado para las labores de la fábrica. Luego, se dirigió a su dormitorio, donde se dio cuenta que le hacían falta 50 mil pesos que tenía guardado debajo de un radio. 

Daurlando Franco Pérez aseguró a los funcionarios policiales que creía que su mujer lo había robado y se había marchado. Sin embargo, decía que estaba preocupado porque las manchas de sangre que encontró podrían tratarse de una cortadura y que no sabía que iba a ser de él, si algo malo le hubiese podido pasar a alguna de las dos. 

En ese momento, el hombre rompió en llanto y dejó notar que la verdad detrás de esta denuncia era mucho más siniestra.

Confesión

Luego de varios minutos de inquietud, el sujeto arrepentido confesó que todo lo que había narrado era falso y que en realidad había asesinado a Marlén Maritza Arismendi y a su hijastra, luego las arrojó en un tanque de agua. 

Entre lágrimas y desaliento el asesino narró que el hecho ocurrió el domingo 15 de diciembre en horas de la tarde. 

Declaró que mantuvo una fuerte discusión con su concubina y en una repentina alteración de la conciencia, causada por los celos, la ira y el desengaño, sacó el arma que utilizaba para efectuar la vigilancia de la empresa y le disparó a su mujer. 

El proyectil del revólver calibre 22 alcanzó a Marlén en el lóbulo parietal derecho del cráneo. Debido a la pérdida de masa encefálica, la mujer de 40 años murió instantáneamente. No bastando el hecho de ver el cuerpo de su pareja tendido en el suelo derramando sangre, el asesino tomó un objeto punzocortante y comenzó a causarle heridas en diversas partes del cuerpo. Lo más dantesco y macabro de todo esto fue que el hombre lo hizo frente a la mirada atónita de los dos niños de siete y cinco años. 

Lo que había iniciado como una presunta discusión por motivo pasional, se convirtió en una escena de sangre, gritos y terror. El homicida tomó por la fuerza a su pequeña hijastra y la violó frente al hermano menor. La niña también fue asesinada brutalmente por varias heridas producidas por un objeto puntiagudo que le destrozaron el cráneo. 

Luego de realizar el doble asesinato, movilizó los cuerpos sin vida de las víctimas hasta un tanque subterráneo que almacena 400 mil litros de agua, donde lanzó los cuerpos, las armas y la vestimenta ensangrentada. 

Según relatan medios de comunicación de la época, el homicida luego de cometer el crimen se quedó en el lugar de los hechos en compañía de su hijo y no se movilizó a ningún lado hasta dos días después que decidió trasladarse hasta la ciudad de San Cristóbal, donde permaneció durante todo el día. El martes 17 de diciembre viajó a la ciudad de Michelena, presuntamente a dejar el niño a cuidados de un familiar. 

No fue sino hasta el sábado 21 de diciembre cuando se presentó a la sede de la extinta Policía Técnica Judicial seccional Ureña, con el fin de formular la denuncia antes mencionada. Luego de la espeluznante confesión, Daurlando Franco Pérez llevó a los funcionarios policiales hasta el galpón ubicado en la Zona Industrial de Ureña para indicarles el lugar donde se hallaban los cadáveres. 

Los cuerpos fueron trasladados a la morgue del Hospital Central de San Cristóbal, donde realizaron la autopsia de ley que confirmaron los violentos hechos narrados por el asesino.

Finalmente, después de seis días del terrible crimen, los cuerpos de Marlén Maritza Arismendi y su hija Viviana Ureña Arismendi, fueron sacados del tanque de agua, cuyas medidas eran 50 metros de largo, 2 metros de ancho y 2 metros y medio de profundidad.

Las autoridades manifestaron que durante esos seis días, ninguna persona había notado la ausencia de las víctimas debido a que los dueños ni los trabajadores de la fábrica habían regresado de su viaje a la playa. Así mismo, indicaron que los familiares tampoco sabían de lo sucedido debido a que se encontraban en Colombia. Este suceso impactó a la población de Ureña por la manera cruel, salvaje e inhumana en la que se desarrollaron los hechos. 

Los datos de esta historia criminal se encuentran en la Hemeroteca Estadal "Pedro Pablo Paredes", ubicada en el antiguo Alberto Adriani.

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