PSICOECONOMÍA

La relación que la unión de dos ciencias como lo son la psicología y la economía mantienen, es factor esencial para definir algunos fenómenos que suceden en las sociedades y cómo consumen, por ello la psicoeconomía es definida como la ciencia que trata de estudiar tanto el componente emocional como el racional, en las decisiones de los consumidores. Pues la opinión de la mayoría va a influir sobre el estado de ánimo, las decisiones económicas, el aumento del consumo o por el contrario del ahorro, la escasez, la oferta, la demanda y son estas variables las que fijan los ciclos económicos individuales más allá de los shocks macroeconómicos. 

Conviene preguntarse ¿Qué pasa si todos piensan que la economía va mal?, así el Estado haga su máximo esfuerzo, controle la inflación e incentive la inversión, pues el consumo se verá afectado y por ende caerá, o si bien la religión fija una posición sobre el consumo de algunos alimentos, pues la creencia de sus seguidores hará que este sector reduzca sus ventas. Sucede lo mismo si todos pensamos que un banco va a quebrar, pues iremos corriendo por nuestros ahorros y esto ocasionará, así el Banco tuviera liquidez, la quiebra del mismo. De allí que la psiquis interfiera en el pensamiento y la toma de decisiones que van arraigadas a imitar a la mayoría por instinto o bien por temor. 

Debemos preguntarnos entonces ¿es la diversión una buena inversión?, si creemos que lo es, nuestro gasto ira a dicho sector y si la pasamos bien aumentará la dopamina que es la hormona de la recompensa y la satisfacción o también conocida como la hormona de la felicidad. Psicológicamente a mayor felicidad menos estrés y más objetivo al logro. Es decir, que si estamos divertidos o felices estos sentimientos pueden mejorar por ejemplo nuestras finanzas personales, de allí que la psicología y la economía tengan para las nuevas generaciones mayor impacto y relación. 

Otra pegunta para hacernos es ¿son los ricos más felices? Las redes sociales y lo que vemos indica que si lo son, pues logran todas sus metas, viajan, comen bien, disfrutan, minimizan el estrés, la ansiedad, dedican más tiempo a aquello que les gusta hacer, su familia, en lugar de hacer cosas por obligación o por salario; entonces para mí la respuesta es evidente. Se es más feliz mientras más dinero se tiene, y para decirlo en términos económicos mientras más aumenta la cantidad de riqueza en un individuo, más aumenta su propensión a la felicidad.  

De allí que nuestro cerebro psicológicamente deba configurarse para esto, pues en nuestras creencias esta aquello a lo que cada uno le otorga valor: ¿Cuánto es mucho dinero?; ¿Cuánto es poco dinero?; ¿hago inversiones emocionales?; ¿Cuáles son mis creencias?; a cada una de estas interrogantes debemos darle una respuesta, y esa nace desde nuestra convicción, nuestras emociones y creencias, por ende sí creo que una hamburguesa en 5 USD es muy costosa, mi cerebro enviará una señal de riesgo o alerta que traerá una creencia de caro o inalcanzable, con lo cual mi estado psicológico y emocional se verán afectados aumentando mis niveles de ansiedad y depresión; y bien cuando decida poner una meta de 15.000 USD, mi cerebro verá dicho número como imposible y por ende la meta será muy difícil e inabordable. 

Finalmente es entender como ambas ciencias entre sí pueden desencadenar en nuestras vidas riqueza o pobreza material, en una sociedad en donde cada vez más el híper consumo se relaciona con los estados de ánimo y no con el hambre o la necesidad, y en donde la economía del olvido está más presente, pues el cerebro que necesita olvidar recurre más al licor, los juegos, el azar, o bien cuando me siento triste aumento el consumo de postres y todo ello obedece a respuestas de mis emociones, sentimientos o pensamientos que si se logran resolver ayudarán a cuidar mis finanzas personales y estarían mucho más sanas, entonces se puede concluir que a mayor paz mental mayor es la riqueza material. 

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