Los gritos que no fueron escuchados hace 24 años en el Centro Cívico

Ariana Moreno| La Prensa Táchira.- Bañada en sangre, aferrada a un pasamanos y agotando toda su fuerza en busca de ayuda, descendió del cuarto piso del Centro Cívico una adolescente de tan sólo 16 años, el 02 de diciembre del año 1999. 

Hoy, al cumplirse 37 años de la inauguración de esta obra arquitectónica, pocos recuerdan la trágica historia que afianzó su imagen como un lugar íngrimo e inseguro y que cobró la vida de Zuleima Tibisay Villamizar Durán, una brillante estudiante que había culminado su formación como bachiller y estaba próxima a ingresar a la Universidad Nacional Experimental del Táchira (UNET), donde había asegurado su cupo tras obtener una excelente calificación en el examen de selección, entre más de 1500 bachilleres, ocupando el sexto lugar del listado definitivo.

Ese 02 de diciembre en horas de la tarde, Tibisay salió de su casa, en el barrio San Pedro del municipio Independencia, para realizar diligencias personales en el centro de la ciudad y buscar empleo. Pensó sacarle provecho a la temporada decembrina para costearse los gastos propios de esa época y reunir dinero para su ingreso a la universidad.

Sin embargo, jamás pensó que su ánimo de cooperar con sus padres y ayudarse a sí misma le costaría la vida. Según cuentan algunos testigos, la joven llegó a la sede de la zapatería Marly, ubicada en la planta baja del Centro Cívico, donde le dijeron que se dirigiera al cuarto piso para retirar una planilla de solicitud de empleo.

Mientras se dirigía a la oficina comercial, Tibisay fue perseguida por un hombre desconocido, quien aprovechó la soledad que reinaba en el lugar para agredirla físicamente. La desesperación se apoderó de la muchacha, quien trató de defenderse, de gritar, de pedir ayuda, pero no tuvo la suerte de ser oída ni auxiliada. Sus gritos no tuvieron eco.

En medio del clamor y la angustia, el hombre sacó un cuchillo y le propinó tres puñaladas: una en la región lumbar, otra en su brazo derecho y una tercera en su brazo izquierdo. Una vez que silenció los lamentos de esta joven bajó por las escaleras limpiándose las manos y escondió el cuchillo cerca de una jardinera. 

Minutos después, ella también baja las escaleras sangrando por diversas partes del cuerpo, hasta llegar al segundo nivel, donde personas que pasaban por el lugar la auxiliaron y la llevaron hasta la 7ma. avenida en espera de una ambulancia.

Tibisay la Negra, como le decían cariñosamente, fue trasladada de urgencia al Hospital Central, donde los médicos de guardia lucharon para salvarla. Sin embargo, tras varias horas de esfuerzos la joven falleció a causa de la gravedad de las lesiones. 

Para aquel entonces, se dijo que la menor habría suministrado al personal médico y paramédico algún tipo de información de importancia sobre este hombre; no obstante, la identidad de este hombre jamás logró ser descubierta. 

Investigaciones

Inmediatamente, efectivos del antiguo Cuerpo Técnico de la Policía Judicial iniciaron las investigaciones. Las hipótesis de robo, venganza y el intento de violación tomaron fuerza como móviles del hecho. Lo extraño, para asegurar que se trataba de un robo, es que la menor portaba su cadena de oro, así como otros objetos de valor que fueron entregados a sus familiares en el centro asistencial. Por este motivo, se presume que haya sido un intento de violación, donde el delincuente trató de llevarla a los pisos altos del edificio y ante la resistencia ejercida por la adolescente, el violador optó por herirla para tratar de someterla. 

Días después, la venganza comenzó a tomar fuerza, teniendo en consideración la profesión de su padre, quien durante muchos años se destacó como funcionario de la Dirección de los Servicios de Inteligencia y Prevención (Disip). Se dice que quizá alguna persona haya tomado represalia contra él y su familia. Durante meses, los cuerpos de seguridad realizaron un trabajo investigativo de rigor, entrevistando a los familiares de Tibisay, sus amigos cercanos, y los trabajadores de algunas tiendas del Centro Cívico, para verificar con quién se desplazaba la joven para el momento de los hechos, cómo era su comportamiento y otros datos considerados importantes en el proceso investigativo. 

Algunas personas brindaron datos que ayudaron a las pesquisas y otras se negaron a dar información por miedo a represalias. 

Pese a que para aquella época el condominio del Centro Cívico contaba con la vigilancia para las oficinas del Gobierno y locales comerciales; nadie se dio cuenta de lo ocurrido. Las investigaciones no dieron resultados y este monstruo quedó suelto, acechando a más víctimas. 

Este hecho reforzó la creencia de que ascender y/o descender por las escaleras de esta estructura conlleva un verdadero riesgo, tanto así que al intentar usarlas se encuentra un letrero que recomienda el uso del ascensor por medidas de seguridad. Los datos de esta historia se encuentran resguardados en la Hemeroteca Estadal "Pedro Pablo Paredes".

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