En una maleta en el bosque hallaron partes de una niña de 13 años

Ariana Moreno | La Prensa Táchira.- El hallazgo de una maleta de cuero que contenía los trozos del cuerpo descuartizado de una niña de trece años fue el inicio de uno de los crímenes pasionales antiguos más aberrantes e inhumanos conocido en las zonas limítrofes del Táchira, e incluso de toda Venezuela. 

Sólo cinco crímenes de esa magnitud habían sido registrados en el país para el año 1969, misma época en la que se produjo el horrendo asesinato de Luz Marina Rodríguez, de tan sólo 13 años de edad, a manos de quien sería su pareja sentimental. 

Todo comenzó a principios del año 1965, cuando Luz Marina tenía nueve años y comenzó a ser prematuramente cortejada por un hombre mayor en la aldea Las Guacas, poblado limítrofe entre El Cantón, estado Barinas y el Táchira. El sujeto era notablemente conocido y respondía al nombre de Luis Alejandro Núñez, de 58 años de edad, quien quedó impactado por la belleza e inocencia de esta adolescente que tras cuatro años de insistencia y con la autorización de su madre aceptó ir a vivir con él. 

Aunque no se conoce con exactitud las razones por las que la mujer entregó su hija a los brazos de este hombre, todo parece indicar que se arrepintió, ya que cinco meses después dijo que una amiga suya de nombre Hortensia la iba a buscar para llevarla a vivir a la ciudad de San Cristóbal.

Esta noticia alteró de manera indescriptible los ánimos de Luis Alejandro Núñez; tanto así que el viernes 6 de junio de 1969 decidió esperar que su joven concubina se durmiera para proceder a acabar con su vida. El hombre agarró a la niña por el cuello y la apretó fuertemente hasta estrangularla, luego buscó varias hojas de afeitar y una filosa cuchilla que usó para desprender la cabeza de su pequeño cuerpo.

Poco a poco, este monstruo fue desmembrando por completo el cadáver, hasta que las extremidades superiores e inferiores quedaron totalmente separadas. Algunos trozos del cuerpo fueron colocados en una maleta de cuero color marrón, donde también introdujo la ropa que vestía la víctima, así como unos zarcillos de oropel.

En la misma maletaintrodujo otras prendas de vestir que la jovencita tenía en la casa, con el fin de cubrir y abandonar los restos en una zona donde nadie pudiera encontrarlos. Sin embargo, su intento por no ser descubierto no dio frutos, ya que una pronta denuncia de desaparición hecha por Adela Rodríguez, madre de la menor, lo ubicó como el principal sospechoso.

Tras varios días de investigación, la antigua Policía Técnica Judicial (PTJ) logró dar con el paradero del cadáver de la niña en una zona boscosa de la aldea Las Guacas, contenido dentro de una maleta grande que estaba escondida dentro de la maleza. Los funcionarios que tuvieron el infortunio de abrirla, se encontraron con la sorpresa de que el cuerpo estaba incompleto, faltando parte del torso, piernas y pies. 

Hasta el día de hoy no se conoce el lugar donde fue escondido el resto del cadáver de la niña o el método que utilizó el macabro asesino para deshacerse de él. 

Lo hizo "por amor" Una vez realizado el hallazgo, el hombre fue traído desde la localidad de Las Guacas hasta la ciudad de San Cristóbal por una comisión de detectives del Cuerpo Técnico de la Policía Judicial. 

El homicida inmediatamente confesó el horrendo e insólito asesinato sin dar muchos detalles y escudándose en el supuesto hecho de que no recuerda todo lo que hizo esa trágica noche, por encontrarse bajo la acción del aguardiente.

Sin embargo, al preguntarle por qué lo hizo, el hombre respondió claramente "por amor", dice que se "enguayabó" cuando supo que la joven se iba de su lado para dejarlo definitivamente solo y "como la quería entrañablemente, resolví darle muerte en la forma en que lo hice", dijo el feminicida durante su interrogatorio. 

Aunque fue muy poco lo que contó, en su rostro exhibió muestras de arrepentimiento y dijo que ese viernes estuvo bebiendo aguardiente hasta emborracharse y en ese estado se presentó en la modesta casa que habitaba y fue cuando se propuso a matar a la adolescente que vivía con él. 

Asimismo, durante la investigación se supo que Núñez era nativo de Tunja, capital del Departamento de Boyacá en Colombia, donde nació el cinco de mayo de 1911 y estaba en Venezuela desde hace 16 años atrás de la fecha del asesinato. Todo ese tiempo estuvo viviendo en la zona sur donde se dedicaba a la práctica de la enfermería y en ocasiones hacía de odontólogo, devengando en esas actividades el sustento diario. 

Por su parte, La Policía Judicial informó a los periódicos de aquella época que la joven asesinada y descuartizada por el sujeto era natural de la localidad de Tosca, Departamento de Boyacá, Colombia y se había venido a vivir a Venezuela con su madre a Guacas de Rivera, desde que era muy pequeña.

Durante esa época, los medios de comunicación dieron gran cobertura al terrible crimen y prontamente se comenzó a conocer al asesino como el "Chacal de Guacas". Pese a esto, no se conoce con certeza la condena que recibió el homicida ni el paradero de los restos del cuerpo desmembrado de la pequeña víctima. 

Los datos de esta macabra historia fueron recopilados de la Hemeroteca Estadal "Pedro Pablo Paredes", ubicada en la sede del antiguo Alberto Adriani en San Cristóbal.

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