TRES PÉTALOS QUE CAYERON

INTRODUCCIÓN.- Una pareja está en un terminal de buses. Uno de ellos viaja. Cuando el vehículo parte, el que se queda, lo hace lleno de dolor. Todas las separaciones duelen, aún cuando sean temporales. Ahora si se va, quien tuvo un impacto para uno, su fallecimiento duele mucho más. Estos últimos días, tres personas dejaron este paisaje nuestro. Los reseño porque cada uno de ellos, tuvo un significado para mí.

TRES SERES ANDANTES.- Un profesor de Geografía, dejó los pies caminando por los senderos, caminos y calles de Colombia, reclamando el derecho de recuperar su hijo, que estaba en cautiverio. Una ama de casa, probablemente una dama apacible, no dejó comisaría, guarnición, recinto de retención de detenidos, que dejara de visitar. Iba y reclamaba a sus dos hijos que se los habían detenido, secuestrado y desaparecido. Un cantautor, nacido en las entrañas de su isla, que hizo de la música un arma de combate y que la usó sin claudicación, ya sea para apoyar a algún hermano latinoamericano, en las luchas de este, o las de su pueblo. Un maestro, una ama de casa, un cantautor, hermanados por los más puros sentimientos de amor, cambiaron de paisaje. No están entre nosotros y eso duele.

EL MAESTRO COLOMBIANO.- Gustavo Moncayo, profesor, un día encadenó sus manos, se colocó una franela, cuya única decoración era el rostro de un muchacho. Fue un 17 de junio de 2007, cuando este caminante decidió marchar desde su pueblo para ir a Bogotá, para reclamar la libertad de su muchacho. Su hijo Pablo Emilio Moncayo, hacía 10 años que había sido prisionero de las FARC-EP. Creo que no hubo pueblo en su país, que no vio a este profesor caminar por sus calles. Presidentes, líderes sociales, políticos lo recibieron. Se cuenta que fueron fuertes los reclamos que le hizo al ex-presidente Álvaro Uribe, quien pensaba, que el conflicto que vivía esa nación, tenía sólo una solución bélica. Se dice, que fue el Comandante Eterno, Hugo Chávez quien intervino, para que los dos Pablo Moncayo, pudieron abrazarse. El profesor Moncayo, murió de cáncer al hígado, no hace más de diez días. Hoy debe andar caminando por otros espacios. Esperamos que lo haga, con una sonrisa en los labios.

UNA MADRE LUCHADORA.- La dictadura argentina, fue sin lugar a dudas, una de las más cruentas en el cono sur. El domingo por la mañana, en Buenos Aires, nos dejó Hebe de Bonafini, obviamente no para descansar, sino para ir en busca de nuevos derroteros. El jueves recién pasado, acompañadas de líderes políticos y dirigentes sociales, las Madres de la Plaza de Mayo caminaron. Así lo dijo "la madre" Visitación de Loyola. No cabe la menor duda, que en esa caminata, disimuladamente, con su pañoleta blanca, iba Hebe de Bonafini. Su tarea no se completó. Aún quedan hijos y nietos que hay que encontrar.

CANCIONERO DE AMOR.- Dicen que ninguna canción produce una revolución, pero no ha habido ninguna revolución que no haya ido acompañada de una canción. El "Gloria al Bravo Pueblo", la "Marsellesa", la "Internacional" son ejemplos de lo anterior. El 1 de enero de 1959, los revolucionarios cubanos ingresaron en La Habana. Con ello, oficialmente nacía la Nueva Trova. Obvio que la música revolucionaria había existido antes de esa fecha, pero ahora florecían otros cantautores que nos hacían entonar otras canciones. Allí estaban Silvio Rodríguez y Pablo Milanés, junto a otra pléyade de cubanos que nos entregaban hermosas y comprometidas melodías. Entiendo que Pablo se conmovió con lo que ocurría en el Chile de 1973. Tomó una postura militante. Hoy en tantas partes del mundo, muchos hemos llorado a Pablo. Un agresivo cáncer le hizo una mala jugada. No sé si Pablo hizo o no una revolución, pero estoy seguro que no podemos entender la revolución cubana, sin entonar las canciones de Pablo Milanés o Silvio Rodríguez. Vuela alto Pablo, allá arriba muchos te están esperando, para que les cantes tus canciones.

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