Sin condiciones cuatro instituciones atienden a los desamparados

Ariana Moreno | La Prensa Táchira.- En el Táchira son cuatro las casas que dan cobijo a las personas en situación de calle, tanto a niños como adolescentes y ancianos. Sin embargo, tras años de esfuerzo estos lugares poco a poco han ido perdiendo las condiciones que les permiten atender las necesidades de quienes van en busca de ayuda. 

Años atrás podían recibir a grandes cantidades de niños, adolescentes y ancianos en situación de calle, pero hoy la realidad es diferente. Violetas y ratones, Brisas del Torbes, Casa Hogar Medarda Piñero y Corazones Nuevos son los nombres de estas casas hogar que diariamente deben buscar la manera para no desamparar a las personas que están bajo su cuidado. 

Sor Doris Aristizábal, directora de la Casa Hogar Medarda Piñero, asegura que actualmente atienden a 30 ancianos que viven y se alimentan gracias a las ayudas de las personas de buen corazón que aportan su granito de arena para mantener esta labor. Pese a esto, asegura que las ayudas ya no son como antes, debido a la grave crisis económica a la que se deben enfrentar todos los ciudadanos. La directora destacó que las ayudas de instituciones públicas no llegan y que "sólo ocasionalmente" el apoyo de las empresas privadas se presenta en la casa hogar. 

Dice que diariamente llegan indigentes en busca de comida y abrigo, a pesar de que no los pueden recibir, reparten alimentos hasta donde alcance entre 30 y 45 almuerzos diariamente y dan cobijo a 30 ancianos desde hace más de 40 años.

Por su parte, Violetas y ratones, Brisas del Torbes y Corazones Nuevos atienden a niños y adolescentes que llegan en situación de calle o que son abandonados por sus padres y actualmente presentan problemas en la infraestructura, como son las conexiones eléctricas baños, recámaras y en las cancha de usos múltiples, por lo que solicitan a quien pueda acercarse a ayudar a esta noble labor. 

Además de estas cuatro casas, existen fundaciones e iglesias que durante muchos años han dado alimentos y abrigo a cientos de personas sin hogar, como es la Fundación "Buscando a Jesús en las calles", que a pesar de ser una casa hogar, recientemente recibió ayuda por parte del gobierno regional y es una de las que actualmente se encuentra en mejores condiciones; sin embargo, según su directora, Mariela De Silva "aún hacen falta muchas cosas por hacer".

Mariela, quien mantiene a flote esta fundación desde hace más de 30 años, asegura que aunque recibe apoyo por parte de las personas de buen corazón y de algunos entes del Estado, aún presentan muchas necesidades. Alberga 12 niños y adolescentes a los que mantiene estudiando y los cuales requieren de muchas cosas. 

Lo mismo pasa en diversas casas de alimentación de la ciudad de San Cristóbal, donde han mermado la cantidad de almuerzos diarios debido a que no cuentan con los insumos ni los voluntarios necesarios para repartir a todas las personas que lo necesitan. El pastor Arnaldo Arismendi, de la Iglesia Cristiana "Bendecidos para Bendecir", asegura que durante la pandemia hubo un aumento significativo de las personas que iban en busca de ayuda, ya sea porque viven en la calle o porque la situación económica les impedía adquirir alimentos, dice que llegaron a repartir más de 500 almuerzos diariamente.

Aunque en el Táchira no existe una cifra oficial de las personas que se encuentran en situación de calle, estos hogares, iglesias y fundaciones se dedican a mitigar desde hace muchos años las necesidades de los más desamparados. Muchos de ellos no tienen más remedio que dormir en las calles, en plazas e iglesias de la ciudad ante la falta de capacidad de estos hogares.

La fe lo puede todo

A pesar de las precarias condiciones de estos hogares, las ganas de ayudar a los demás prevalece por encima de todo. 

Mariela De Silva, de "Buscando a Jesús en las calles", asegura que estas labores son realizadas gracias a los mandatos de Dios y a pesar de los problemas que puedan estar enfrentando, seguirán luchando para mantener a las personas que cobija. 

Lo mismo opina Gonzalo Zambrano, uno de los habitantes que recibe ayuda por parte de estas organizaciones. Asegura que tiene más de 19 años recibiendo almuerzos y agradece a quienes forman parte de estos lugares, porque si no fuera por ellos "ya estuviera muerto", dice. 

Para Zambrano, si antes era más difícil comer, ahora es casi imposible.

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