EN DEFENSA DE LOS NIÑOS, NIÑAS Y ADOLESCENTES

Las situaciones por demás aberrantes que se han registrado en el país y directamente en el estado Táchira en contra de la integridad de los niños, niñas y adolescentes, son solo la punta de un iceberg que contiene un sinnúmero de faltas que nacen desde el desconocimiento y respeto pleno a las instituciones familiares. 

Los 150 casos de pedofilia de acuerdo a las denuncias entregadas en el Ministerio Público de la entidad tachirense son una muestra palpable del daño ulterior que estamos concibiendo en las generaciones futuras, las cuales ven como un germen malicioso les arrebata la serenidad y el sosiego necesario para desarrollarse. 

Quienes detentan ahora el progreso de los niños, niñas y adolescentes no son más que facinerosos que ante la ausencia de la aplicación de los estamentos jurídicos, que protegen a la semilla que forjará la patria en cinco, seis o más lustros, subsisten a la sombra del abandono, primero familiar y, segundo, estatal. 

Hay que ir, con el respeto que cualquier actividad que se realice para salvaguardar la integridad de los niños, niñas y adolescentes merece, más allá de las concentraciones y los mensajes directos que proponen denuncias y ataques al agresor, en resumidas cuentas, hay que conocer, respetar y hacer respetar las instituciones familiares como elementos determinantes para execrar toda la podredumbre social que se multiplica día tras día. 

Al hablar de las instituciones familiares que definen la sociedad es idóneo conocer como es entendida la familia y para ello debemos, en primer lugar, definirla bajo los argumentos de las Naciones Unidas quien la identifica como la célula fundamental, estructura básica y el punto de origen de toda sociedad organizada. Sin embargo, un sinfín de acciones hace que los Estados, en el marco del derecho, tiendan a no darle solo esta conceptualización sino la erigen como la institución que requiere la mayor protección, amparo y cobijo del estamento jurídico por el cual se rigen. 

Bajo este argumento evaluemos el escenario desde el estado venezolano observando que en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela en su artículo 75 se define lo que debemos deducir por familia: "El Estado protegerá a las familias como asociación natural de la sociedad y como el espacio fundamental para el desarrollo integral de las personas (…)" y observamos que allí existe la determinación que enaltece que las relaciones familiares son la razón que mantiene el equilibrio en general y sobre esta (la familia) se sustentan los principios de igualdad de derechos y deberes, solidaridad, esfuerzo común, comprensión mutua y el respeto recíproco entre sus integrantes, todo estipulado en las bases legales que permitan de una u otra manera preservar y garantizar a la sociedad que los grupos familiares puedan fortalecerse y respaldarse.

Con este esbozo se busca que los conceptos no se manejen de manera desdeñable, sino que se profundice dónde estamos fallando como sociedad y cómo estamos dejando a la deriva la trascendencia de las regulaciones que harán que este tipo de acciones aborrecibles se minimicen hasta desaparecer, en defensa de los niños, niñas y adolescentes debemos forjar cambios inmediatos en la manera de sobrellevar este tipo de episodios que hieren de manera mortal la moral de nuestras familias. 

@drjduque

Descarga nuestra app aquí o escanea el código QR

Otras Noticias
Opinion

GOBIERNO, AUTORIDAD Y PODER

| comentarios

Opinion

CON EL ALMA ROTA

| comentarios

Opinion

DOMINGO POR LA TARDE

| comentarios