Mataron a agricultor para robarlo y sólo consiguieron una condena

Redacción | La Prensa Táchira.- Un crimen despiadado tuvo lugar aquel 1 de noviembre de 1955 en la aldea La Despensa de Río Negro, en el distrito Córdoba. Un grupo de amigos dio muerte a un agricultor para robarle el dinero que supuestamente tenía en su finca y sólo consiguieron 25 bolívares y una condena en prisión. 

El hecho que mantuvo al Táchira en suspenso por 22 días fue esclarecido por funcionarios de Seguridad Nacional, quienes lograron la captura de los cuatro implicados en tres semanas de intensa búsqueda.

Primitivo Camacho Suárez, agricultor de 50 años de edad, era dueño de un pequeño conuco productor de frutas y verduras, tenía entre sus trabajadores a Eduardo Vega, un obrero que trabajaba en otra finca, pero sus patrones lo habían prestado por la cosecha. Vega, muy joven y con prontuario policial por hurto, tuvo la idea de robar al agricultor, creyendo que guardaba dinero en su finca. Ese martes invitó a sus amigos a la finca y fraguaron el plan que los haría terminar sin dinero y en la cárcel. 

El plan

El agricultor, de 50 años de edad, Primitivo Camacho Suárez, vivía en un conuco junto a su esposa, quien había decidido dejarlo ocho días antes del macabro crimen. Solitario en su finca se hizo presa fácil de hampones que le propinaron la muerte sin el mayor escrúpulo. Camacho tenía en su conuco a Eduardo Vega, un obrero prestado que ese 1 de noviembre, Día de los Santos, había traído a su concubina Josefina Angarita, un amigo Ceferino Nova y la concubina de este, María del Carmen García. 

Días previos al encuentro en el conuco de Primitivo, Ceferino Nova, un asesino nato con tres muertes en su costado, había comentado a su amigo que su mujer tenía urgencias de dinero, y es cuando a Eduardo Vega se le ocurrió el plan de matar y robar al dueño del conuco donde se encontraba trabajando. Luego de matarlo lo enterrarían en la misma finca y luego dirían a los vecinos que el hombre tras la partida de su esposa había decidido irse y ellos se quedarían con el dinero que había en el conuco y con el sembradío. Pero nada ocurrió como esperaban.

El crimen 

Una vez acordada la muerte de Primitivo, ese 1 de noviembre se reúnen en la humilde vivienda y tras risas y secreteos, Eduardo y Ceferino toman por sorpresa al agricultor, quien se encontraba cosiendo unos pantalones y concentrado en su quehacer no pudo prever el ataque que le sobrevino. Armados con cuchillos atacaron al hombre propinándole al menos ocho puñaladas que lo dejaron en medio de un charco de sangre en el suelo. 

Tras cometer el crimen, los hombres procedieron a amarrar los pies y las manos del cadáver del agricultor y lo colgaron de una vara, para luego transportarlo a unos 50 metros de la vivienda, a los pies de un naranjo. Mientras los hombres movilizaban el cadáver, las mujeres buscaban en la hacienda el dinero que supuestamente guardaba el agricultor. Pero tras una intensa búsqueda, sólo encontraron 25 bolívares. El humilde hombre no tenía dinero, sólo su pequeña finca. Molestos por no obtener la ganancia esperada, optan por no enterrar el cuerpo y prefieren dejarlo tirado en medio de los matorrales y deciden huir. 

Según cuentan los involucrados, Ceferino Nova los obligó a huir de forma inmediata del lugar. Vecinos de la zona aseguraron que cerca de las siete de la noche oyeron cómo un grupo de hombres y mujeres corrían por las calles de la aldea, pero en medio de la lluvia nadie salió a cerciorarse de lo que ocurría.

A pie llegaron hasta la carretera, donde abordaron un camión que los llevó hasta El Corozo. Luego Nova costeó un taxi que los llevó hasta Las Dantas, comenzaron a caminar hasta cruzar la frontera. Estando en Colombia se movilizaron hasta Pamplona y luego hasta Labateca, donde aguardaron por varios días hasta que logran perder a Ceferino y las dos mujeres y Eduardo Vega regresan a Venezuela.

Hallazgo

Mientras los asesinos y sus cómplices huyen fuera del país, dos días después del asesinato un agricultor hace el macabro hallazgo. Buscando venados para cazar, el corregidor Casiano Pedrazo se interna en el bosque y tras conseguirse con la humilde vivienda de Primitivo, vislumbra a lo lejos varios zamuros como rodeando algo, aunque al principio pensó que era un animal muerto, al acercarse descubre que es el cuerpo de un hombre en avanzado estado de descomposición y con el rostro totalmente desfigurado por las aves de rapiña. 

No tardó mucho en avisar a las autoridades sobre el cuerpo que acababa de encontrar entre los matorrales. Las autoridades designan una comisión que se hizo presente en el lugar, a fin de recolectar la evidencia y hacer el levantamiento del cadáver. Los detectives se encuentran con un cuerpo con al menos 48 horas de muerto y con 8 puñaladas, una en el corazón, una en el costado, otra en el estómago y las otras en varias zonas del cuerpo. 

Tras conocer detalles de la escena del crimen y del cuerpo, la Brigada contra Homicidios se activó y comenzó a llevar a cabo sus investigaciones. Luego de algunos interrogatorios saben que hay dos hombres y dos mujeres como sospechosos, por lo que comienzan a averiguar entre los vecinos para saber de quiénes se trataba. 

La propietaria de una de las bodegas del sector contó que la tarde de ese 1 de noviembre escuchó cómo hombres y mujeres compartían en la humilde casa de su vecino y tras varias carcajadas, llegada la noche todo quedó en silencio. Pasadas unas horas, pudo escuchar cómo el grupo de personas hacía movimientos extraños y tras varios golpes, salieron corriendo del lugar haciendo un gran escándalo. La mañana siguiente, contó la testigo, cuando salió al pedazo de terreno que compartía con Primitivo Camacho, pudo notar restos de sangre que le hizo pensar en que había ocurrido una pelea, pero nunca imaginó que era la sangre del cuerpo del campesino que yacía unos metros más allá. 

La señora logró identificar a uno de los hombres que corría por la calle esa noche del 1 de noviembre. Dijo que era un trabajador del mismo Primitivo que se llamaba Eduardo. 

Búsqueda 

A medida que pasaron los días, los funcionarios de Seguridad Nacional y de la Brigada contra Homicidios continuaron con los interrogatorios a los habitantes del sector, queriendo hallar un indicio sobre la ubicación de los culpables del crimen del inocente campesino. 

Todo apuntaba a un grupo de amigos que decidieron matar a Primitivo Camacho, quizá para robarlo o cuestiones pasionales. La primeras versiones hacían pensar que Primitivo se habría metido en problemas "de faldas", pero luego esta versión fue totalmente descartada. Por lo que la versión que más fuerza tomó al pasar los días, tras escuchar testigos y revisar evidencias, era la del robo. 

Pasados 15 días después del asesinato una comisión policial fue enviada a San Antonio, tras recibir información sobre la presencia de uno de los sospechosos en el lugar. Ese mismo día logran capturar en la avenida Venezuela a Ceferino Nova, a quien trasladan hasta la sede policial en San Cristóbal, donde el hombre confiesa sin tapujos sus delitos. 

Resulta que Ceferino había matado a tres personas antes que a Primitivo, además había hecho varios hurtos, tenía un extenso historial criminal. No fue difícil que Nova confesara sus crímenes, así que fue detenido de inmediato. Pero el trabajo de las autoridades no había terminado, aún faltaban tres personas por ubicar, entre ellas el autor intelectual del crimen. 

Días después logran capturar en una vivienda humilde en Chururú a Eduardo Vega, quien se encontraba con su concubina, Josefina Angarita. 

Aunque esta quiso esconderlo, los funcionarios se lo llevaron a la comisaría, donde confesó su versión de cómo ocurrieron los hechos. 

Versiones 

Eduardo Vega culpó a Ceferino Nova de perpetrar el crimen. Aseguró durante su interrogatorio que sí se encontraba en casa de Primitivo, pero porque su amigo Ceferino le había invitado a un compartir junto a su esposa. Y en un descuido Nova y su concubina habían apuñalado al agricultor para robarlo, pero ni su esposa ni él habían estado presentes en ese momento. Luego de unos minutos es que logró ver a Ceferino todo cubierto de sangre y diciendo que tenían que irse porque la Guardia los iba a estar buscando. 

Vega también cuenta que todo el tiempo estuvo amenazado por Nova. Este cargaba un cuchillo y hasta dormía con él. Incluso, lo había intentado persuadir para que mataran a las dos mujeres y no quedaran testigos de lo que había ocurrido aquella noche en La Despensa. Ante la negativa de Eduardo, este desiste de la idea de sumar más muertes a su historial. Finalmente, él y su esposa logran librarse de Ceferino y regresan a Venezuela y se mantienen escondidos porque sabía que los andaban buscando. 

Aunque la Policía tiene en sus manos estas versiones, no es sino hasta el día 22 de noviembre que obtienen una versión más verídica de lo ocurrido. Logran detener a la mujer de Ceferino Nova, María del Carmen García, quien aseguró que fue Eduardo quien tuvo la idea de matar y robar a su patrón, pero entre los dos apuñalaron al hombre, abusando de su confianza y ambas mujeres fueron cómplices porque siempre estuvieron presentes durante los hechos y no hicieron nada para evitarlo. 

García cuenta cómo ataron el cuerpo, cómo lo dejaron en la intemperie, cómo buscaron en toda la hacienda dinero y mercancía y no encontraron nada y además confirmó a las autoridades que el móvil del crimen siempre fue el robo, pero sólo pudieron encontrar 25 bolívares entre las cosas del campesino, lo que los llenó de más rabia porque lo habían hecho todo y no habían obtenido ninguna recompensa.

La confesión de la mujer finalmente aclaró lo que había ocurrido aquel fatal día y logró determinar al grupo de amigos como los culpables del macabro crimen. Inmediatamente, el Servicio Criminológico de Seguridad Nacional pasó al Juzgado de Instrucción el expediente de estos hombres por autores materiales del crimen y fueron puestos a órdenes de los tribunales para que fueran condenados por el delito cometido contra un hombre inocente que les abrió las puertas de su casa y recibió la muerte. 

Los datos y fotos usados en esta historia fueron tomados de la Hemeroteca Estadal "Pedro Pablo Paredes", ubicada en la sede del antiguo Alberto Adriani en San Cristóbal.

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