Industrias La Andina: el dulce sabor de la tradición tachirense

Carlos Ramírez | La Prensa Táchira.- El 15 de agosto de 1961 nacía en la calle 13 de La Ermita, uno de los suburbios más extensos de la ciudad de San Cristóbal, Industrias La Andina, una marca que representa el dulce sabor del tachirense. Con las recetas de la abuela en su haber, Fanny Flores de Lobo y Arturo Lobo Espinoza iniciaban con un buen sabor en sus labios un emprendimiento que hoy ya cumple 61 años. 

Cada producto de Industrias La Andina lleva en su interior parte del estado Táchira, la producción se hace en la región con gente de la región, nada más tachirense que el dulce de higo relleno de arequipe y el manjar de coco sumado a nuevas propuestas, como la marquesa de chocolate que fomentan una adicción al ser degustada por propios y foráneos. 

Élida Lobo Flores es parte del corazón de la industria, hija de los promotores y creadores del proyecto, hoy es una pieza indispensable y necesaria para la continuidad del legado, tradicional y comercial que durante años ha ido calando a otras regiones y que de manera indirecta llega a lugares inusitados, donde los más avezados degustadores lo prueban, lo comparan y lo erigen como un producto de calidad. 

Antes de agosto de 1961 se dio el primer paso de la idea (…) los productos con los que se inició la industria eran totalmente caseros con recetas de mi abuela, la mamá de mi mamá (…) comenzamos en La Ermita primero en la calle 13 y luego nos trasladamos a la calle 16 en la casa N° 8-24 en una casa más grande (…) vivíamos en la parte principal y al fondo quedaba la empresa. 

La industria que se gestó con la utilización de maquinaria y mano de obra rudimentaria en el populoso sector fue expandiéndose hasta ocupar parte de las empresas que se sitúan en la zona industrial de Paramillo, al norte de la capital tachirense, donde se instalaron en 1988, hace treinta y cuatro años. 

Y fue allí que comenzó a construirse una marca indisoluble que hoy día, por su sabor y calidad, es un símbolo que identifica al estado y que se refleja con su distribución propia a 13 municipios tachirenses y la redistribución a los 16 restantes. Adicionalmente, el producto se oferta ante la demanda en seis estados del país, Carabobo, Aragua, Nueva Esparta, Bolívar y Mérida y en la capital venezolana, Caracas.

Con su sede principal para la comercialización al mayor en la zona industrial de Paramillo, sede central de productos al detal en el sector de Barrio Obrero, en la parte alta de San Cristóbal, y dos subsedes, una ubicada en el Centro Comercial El Sambil en la avenida Libertador, sector Sabana Larga y otro en el Terminal de Pasajeros de La Concordia, Industrias La Andina emerge como una empresa que cree, apuesta, crece y lucha por mantenerse a flote en el marco de una economía fluctuante y el paso mundial de una pandemia que diezmó a la población no sólo en números, sino también en esperanza y fe. 

"Somos una ciudad de inventar, de recrearse, de salir adelante, de luchar (…) conozco cualquier cantidad de emprendedores que todavía siguen aquí o se fueron y volvieron porque siguen creyendo en la ciudad, en el país, sobre todo en la ciudad".

En la actualidad son 45 trabajadores fijos los que mantienen Industrias La Andina; sin embargo, son innumerables los empleos indirectos que generan, los cuales se encargan de mantener las presentaciones típicas de los dulces. 

Para Lobo Flores esto representa un aporte a la productividad regional, así como mantener el acervo como premisa única del gentilicio. 

Como promotores de empleos indirectos en la región, Industrias La Andina se enfoca en familias que desde siempre han estado conectadas y se mantienen en el tiempo.

Apertura a nuevos emprendedores

La nueva proyección de la industria versa en la búsqueda de nuevos sabores de la mano de emprendedores nativos, quienes tendrán la posibilidad de ofertar sus productos en la nueva sede que cuenta con un espacio para degustar mientras se aprecia cómo se elaboran los productos que se consumen.

Una de las ideas que se tiene en la sede principal de los detales es comprarle productos a gente emprendedora (…) aquella persona que salió de la pandemia que era arquitecto y ahora está haciendo galletas (…) estamos creando una miniferia para todos aquellos que venden galletas, se acerquen presenten el producto y el que sea de mejor calidad podrá ser ofertado en nuestros espacios".

Élida Lobo Flores asegura que esta iniciativa va de la mano con el repunte de la economía en la región, el cual palpan con una mejoría en su producción que si bien no está en un ciento por ciento, se está e- levando considerablemente en estos tiempos pospandémicos. 

"Nosotros creemos que este es un año de oportunidad, lo hemos visualizado como un año importante (…) hay dinero en la calle, por eso proyectamos cambios (…) vamos a crecer, vamos a volver a ser lo que éramos (…) vamos a reencontrarnos con la producción que teníamos, para eso hay que reinventarse, no se puede quedar en lo mismo". 

Aduce que cada propuesta nacida de la idea original de sus padres forma parte de la lucha constante de mantener el legado, desde el autodulce, un servicio para ofrecer el producto desde la comodidad del vehículo hasta la creación de espacios de tertulia y disfrute provistos en la reforma total de la sede de Barrio Obrero, enmarcan esa creencia en lo propio, en aquello que se acuña en los pensamientos, en la continua lucha para permanecer en el tiempo, en los corazones y el paladar con cada dulce degustado, con ese sabor que sólo en el Táchira se puede crear. 

"La inventiva del tachirense es increíble, no se queda atrás por nada del mundo".

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