LA VERDADERA DESCENTRALIZACIÓN

En materia política descentralizar es distribuir poder. En un país como el nuestro, ello no gusta mucho, trátese de cualquier bando político o nivel gubernamental. Acumular poder gusta, ello permite que la atención de la gente esté centrada en torno a una persona o a una élite política, responsable de tomar decisiones, buenas o malas, alejadas de un determinado contexto geográfico, sólo con la intención de llevar adelante un plan de diversa índole que pueda garantizar dominación política, económica, cultural o religiosa aunque después sea descentralización o empoderamiento del pueblo. 

En Venezuela se habla de descentralización de manera ficticia cuando se crean estructuras sociales y políticas, con la aparente finalidad de cumplir ciertas tareas comunitarias, cuando en realidad sirven es con propósitos hegemónicos e ideológicos, en favor del partido que está incrustado de manera indebida en el funcionamiento del Estado, y para eso ejercen ciertos mecanismos de control para suministrar programas de alimentos básicamente y sobre todo para suministrar listados de ciudadanos al poder nacional que va elaborando una data para usarla en eventos electorales. 

No es de extrañar en tal sentido, que haya Ministerios del llamado poder popular, que de paso no existe en la Constitución, vinculados directamente con esas estructuras locales, ejerciendo inclusive funciones de registro de las mismas, pasándole por encima a las mismas entidades territoriales menores, entiéndase municipios y llamando a ese despropósito descentralización, lo cual constituye una actuación totalmente desviada de la vigente Constitución de la República, porque en la realidad esas estructuras están subordinadas al Poder Central nacional, que las manipula y somete a su antojo. 

La verdadera descentralización, la que llega a todos, la que se realiza en países con democracias modernas, la que otorga voz y decisión a la participación ciudadana, la que establece mejores formas de relacionamiento social, plurales y de respeto prescindiendo de la subordinación clientelar, es la que se practica transfiriendo atribuciones y autonomía a organizaciones sociales, libres de ataduras ideológicas, con su propia normativa de autodeterminación, que demuestren que estén en capacidad de asumir la prestación de cualquier servicio público con sentido de igualdad e inclusión. 

La verdadera descentralización es la que empodera a las comunidades pluralistas y a los líderes que trabajan incansablemente por la cohesión social, sin distingo de credo partidista o ideológico. Supone una cuidadosa selección de los organismos a los cuales se les transferirá poder, por razones técnicas, legales y financieras y no por razones de cálculo político, sino que en tiempos de devaluación e inflación como los que vivimos se necesita un mayor rendimiento monetario para tratar de llevar un poco más de calidad de vida, obstaculizada por tanto centralismo inepto y poco transparente. 

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