Apertura de la frontera: la esperanza de informales

Anggy Murillo | La Prensa Táchira.- Durante los últimos años y dada la crisis económica en Venezuela que ocasionó una migración masiva, muchas personas vieron la frontera de Táchira como un territorio en el que podían sobrevivir y se asentaron. La ruptura de relaciones con Colombia en 2019 y el cierre del paso peatonal por los puentes internacionales hicieron de las trochas un negocio rentable, y a partir de esto se fueron creando puestos de empleo que garantizaban el sustento diario.

Los denominados caleteros, carretilleros y trocheros comenzaron a ofrecer el paso de mercancías de contrabando. 

Las cientos de personas que a diario siguen atravesando estos espacios controlados por grupos irregulares se convirtieron en una excelente opción de ingresos. Sin embargo, con la reapertura formal este paso ilegal de productos pudiera mermar, por lo que aseguraron estar esperanzados en no quedarse sin su fuente de empleo.

El 26 de septiembre se tiene prevista la normalización del intercambio comercial. Muchos ciudadanos, analistas y dirigentes políticos consideran que los gobiernos de ambos países deben comenzar a tomar medidas que lleven a la clausura de estos pasos, pero para quienes se dedican al negocio esto no va a suceder y no tienen un plan B, en caso de quedarse sin trabajo.   

Con su frente llena de sudor producto del esfuerzo físico y el calor característico de la frontera, un joven de unos 28 años se encontraba en un negocio de La Parada, al otro lado del puente internacional Simón Bolívar cargando de productos colombianos una carretilla. Comentó de forma anónima que tiene seis años cruzando mercancía de contrabando. 

Al día llega a atravesar hasta 10 veces uno de los tantos pasos ilegales. Por un flete cobra entre 100 y 120 mil pesos, todo depende de la mercancía. El cliente cubre lo que se debe cancelar a los grupos que controlan los espacios.

Según dice, el café, la leche y las medicinas es lo que se cobra más caro. Su jornada laboral inicia a las cinco de la mañana y termina a las nueve de la noche. Ya tiene sus clientes y en ocasiones le hacen un giro de dinero para que él se encargue de todo. La mercancía que se disponía a cruzar iba hacia El Piñal, en la zona sur del estado.

"El plan B que tenemos es atenernos a las consecuencias que vengan y ver de qué forma se puede trabajar. Yo soy partidario que el trabajo por la trocha siempre va a existir, tal vez merme un poco el paso de mercancía por lo que se va a abrir comercialmente, pero el trabajo por la trocha siempre va a existir", dijo.

Roberto Ayala forma parte de los denominados "caleteros", es decir, personas que consiguen clientes a los taxistas y carros por puesto y se mantienen a la colaboración de los propietarios de los vehículos. Vive del día a día, por lo que teme quedase sin trabajo si se llega a activar el paso vehicular. Es colombiano y tiene muchos años ejerciendo esta labor. "Si se abre la frontera se acaba el trabajo para muchas personas. Esperamos que este puente quede peatonal, porque nosotros sabemos que no está en condiciones para que crucen los carros porque las bases están dañadas", aseveró.

Del lado venezolano, el alquiler de baños y la oferta de carretillas y sillas de ruedas para el traslado de quienes no pueden cruzar el puente a pie es enorme, incluso se han establecido algunas cooperativas, cuyos integrantes están identificados con franelas. Sin embargo, en varias ocasiones se ha denunciado que deben cancelar 10 mil pesos diarios a la Guardia Nacional para que se les permita trabajar.

"Aquí pagamos 10 mil pesos diarios. Ellos lo anotan en un cuaderno a uno para saber que sí pagamos", dijo Viviana Cañas, oriunda del estado Zulia y quien destacó que si se queda sin empleo planea retornar a su ciudad de origen, pues adentrarse más a territorio colombiano o irse atravesar el Darién, no es opción. "Yo no voy. Eso es una cosa de locos".

"A esa gente que se les está cobrando por dejarlas trabajar tienen que darles una solución. Se les debe organizar, que se les permita acceder a un trabajo formal", aseveró el diputado a la Asamblea Nacional, Gustavo Rangel.

Por ahora, quienes se han dedicado a estos negocios informales se encuentran a la espera de cómo transcurre la situación a partir del 26 de septiembre y qué medidas comienzan a tomar los gobiernos.

"Es el único empleo que tengo"

Hace cinco años, Ana Julia Silva viajó desde Valencia hacia la frontera, donde se asentó con su esposo y tres hijos. Se dedica a trasladar personas en una silla de ruedas a través del puente Simón Bolívar. Cobra entre 5 y 10 mil pesos, es el único sustento con el que cuenta y piensa en qué otra cosa puede hacer si se llega a quedar sin trabajo.

Su rostro quemado por el sol inclemente denota el cansancio de todas las horas laboradas. Hay días buenos y otros no tanto. 

A las 10:30 de la mañana sólo había hecho 18 mil pesos, pues se debe turnar con sus otros compañeros el paso de personas. En un día de bastante movimiento llega a cruzar el puente hasta ocho veces, pero en ocasiones sólo dos. 

"Si empiezan a pasar los vehículos tenemos que ver cómo solventar y será pedir ayuda", comentó.

"Es mejor que se abra"

A José Ortiz lo encontramos descansando en uno de los muros de la Aduana. Toda su vida ha estado en San Antonio, hoy en día vende café, aunque contó que también fue chofer de autobuses, pero con el cierre se quedó sin trabajo.

Señala que para él es mejor que se abra el paso vehicular, pues considera que sus ingresos aumentarían, pues se reactivaría el comercio y habría fluidez entre Táchira y Norte de Santander.

Confía en que la situación mejore. Destaca que para él ningún día es malo. En una semana puede llegar a recibir 100 mil pesos. El café lo prepara él mismo con productos que compra en La Parada, donde también lo encontramos.

"Vamos a pasar más trabajo"

Las ventas de chip colombianos es otro negocios rentable para muchos venezolanos que se instalaron en la frontera, este es el caso de Yolimar González, quien vive cerca de La Parada con su actual pareja y cuatro de sus cinco hijos. Su rutina comienza a las ocho de la mañana y se extiende hasta después de las seis de la tarde. 

Expuesta al inclemente sol o a la lluvia que a veces arrecia del lado colombiano de la frontera, sólo cuenta con este ingreso para mantenerse. 

Su esposo labora como mototaxista, pero la situación también es complicada.

Su límite mínimo de venta diario es de 10 chip con el que se puede hacer entre 30 y 40 mil pesos. Lo máximo que se llega a ganar en un día son 50 mil, dinero que debe distribuir en los gastos de sus hijos y alquiler y servicios.

"Nos iremos a otro país"

Édgar Romero tiene tres meses radicado en la frontera. Es de Caracas y desde el 2017 se ha estado buscando futuro en Colombia, aunque no le ha ido muy bien, según comenta. Por 250 mil pesos adquirió una silla de ruedas que le sirve para ganarse un dinero.

Vive en San Antonio con su esposa y dos de sus hijos y paga 400 mil pesos de alquiler. Al día pasando gente se gana 50 mil pesos que, aunque no cubren todas sus necesidades, les alcanza para sobrevivir.

Dijo que si se llegase a quedar sin ese trabajo migraría a otro país, pues retornar a su ciudad natal no es una opción, "mandaría a mi esposa y mis hijos, y yo buscaría cómo trabajar".

"Esperamos a ver cómo nos va"

Carolina Fermín tiene siete años viviendo en San Antonio junto con su esposo. Alquila baños y vende café y algunas chucherías. Son de Puerto La Cruz y asegura que tampoco cuenta con un plan B si los ingresos merman una vez que la frontera se normalice.

Se levanta a las cuatro de la mañana a abrir su negocio, pues es el café lo que más se vende en las primera horas del paso peatonal. Su esposo trabaja con el dueño de uno de los edificios de la avenida Venezuela, quien le permitió montar el tararantín para que tuvieran un ingreso aparte. 

"El dueño me permitió alquilar el baño, pero tampoco es rentable porque muchos negocios lo hacen. Mientras, sigo vendiendo mi cafecito. Como somos dos nos ha dado la base estar aquí y podemos enviar dinero a nuestra familia en Puerto La Cruz".

"Ganancia es mínima"

Leidy Pineda tiene un negocio en la población de Rubio. Decidió emprender debido a que con la pandemia se quedó sin empleo. Vende productos colombianos y la abordamos en La Parada, donde se encontraba realizando sus compras y esperando que un joven montara la mercancía en una moto para que posteriormente pasara la trocha.

Comentó que cada vez que viaja a Cúcuta llega a pasar unas ocho motos con productos de contrabando. El dueño de cada vehículo le cobra 30 mil pesos y en la trocha debe pagar 30 mil más. Aparte de lo que, según explica, debe dejar en las diferentes alcabalas de cuerpos de seguridad que se consiguen en el camino.

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