El milagro de la vida

La Virgen milagrosa ha concedido cientos de favores a quienes con fe y devoción se arrodillan ante ella y le piden su intercesión para mejorar la salud de ellos o sus familiares

Anggy Murillo | La Prensa Táchira.- El 30 de octubre del año 1991, en la Cruz Roja de San Cristóbal, nació un bebé de 6 meses y medio de gestación que pesó 1400 gramos y midió 46 centímetros. El parto estaba programado para el 3 de enero de 1992, pero la noche del día 29 del décimo mes del año, Aidé Murillo González comenzó a sentirse mal. Su panza endurecida y la falta de movimiento fetal le alertó que algo fuera de lo normal estaba sucediendo.

En medio del dolor que estaba sintiendo en la parte baja de su vientre y la desesperación y el miedo de perder a su tercera hija, agarró la imagen de la Virgen de La Consolación que la acompaña desde 1983, la puso sobre su barriga y le pedía que la dejara llegar al centro médico por la mañana.

A las seis de la mañana en compañía de su esposo se dirigió hasta la Cruz Roja, cuando el doctor la vio le dijo que probablemente la bebé había fallecido. La llevaron hasta el pabellón donde le realizaron una cesárea de emergencia. Ningún médico se acercó a decirle cuál era el estado de salud de su pequeña. Sólo escuchó de dos camareras que nunca habían presenciado un parto con tanta agua.

Preocupada al no saber si su bebé había sobrevivido, comenzó a mirar hacia los lados y justo vio la imagen de la Virgen de La Consolación, como diciéndole que todo estaba bien.

Cuando por fin pudo hablar con sus familiares, les dijeron que la bebé se la habían entregado a la 1:30 de la tarde enrollada en una sábana verde, completamente morada y sin ninguna esperanza de vida y les pidieron que la trasladaran de urgencia al Hospital Central. Allí los médicos les dijeron que si sobrevivía era un milagro. 

Dejaron todo en manos de Dios y prometieron que si se salvaba, cambiarían el nombre de Mariana del Carmen a Milagro de La Consolación.

Ya en su casa, Aidé decidió ofrecer una novena, todos los días le pedía por la recuperación de su pequeña. El 9 de noviembre la culminaron y a los 2 días ocurre el milagro. A las 6:00 de la tarde del 11 de noviembre su esposo recibe una llamada en la que se le repetía "tu hija está de alta, puedes ir a buscarla", al preguntar quién era, no obtuvo respuesta.

De la emoción se abrazaban y lloraban de alegría. A las 7:00 de la mañana del 12 de noviembre llegaron hasta el hospital. Ni los doctores, nadie había realizado la llamada. Cuando revisaron la historia del bebé se leía la frase "de alta". Se las entregaron y se dirigieron hasta su residencia.

"Nos la trajimos, le preparamos una canasto como de huevos con gomaespuma y una tía le hizo una colcha. Ahí la metimos, se le colocó un bombillo y duró como por dos meses ahí, alumbrada como un pollito. De ahí en adelante estuvo sana, fue creciendo, al día de hoy tiene 30 años y es madre de dos niñas. Mi milagro se llama Milagro de La Consolación Rodríguez Murillo. Durante 26 años pagamos esa promesa. Todos los 15 de agosto nos íbamos caminando hasta la Basílica, llegamos a repartir hasta 2 mil estampitas de la virgen. Amo la virgen, la venero y sé que ella me hizo ese milagro", manifestó Aidé.

Devoción

Durante nueve años, el padre Wilson Gómez, vicario parroquial de la Basílica, ha sido testigo de cómo la fe mueve montañas.

El caso más significativo para él se dio hace unos cuatro años cuando pudo observar que una pareja entró a la iglesia, prendieron un velón y de rodillas comenzaron el trayecto hasta el altar. Luego pidieron conversar con un sacerdote y le contaron que venían a pie desde Socopó a ofrecer una promesa, pues durante 17 años habían estado intentando tener un hijo. Le pedían el don de la concepción o una señal para dejar de intentarlo.

"Al año siguiente, el 14 de agosto yo había dado la misa de las dos de la tarde, cuando una pareja me pidió unos minutos. Cuando me acerqué a conversar con ellos, me preguntaron si los recordaba y les dije que no. Me dijeron que era la pareja que yo había visto estar de rodillas con un velón y que le habían hecho la promesa a la virgen, ahí los recordé. Ya se había hecho el milagro, en sus brazos cada uno llevaba un bebé, habían tenido morochos. Ese ha sido uno de los milagros más grandes y los niños ya están grandecitos, gracias a Dios y a la virgen", explicó el vicario.

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