Profanación y hurtos en el cementerio municipal

Hay quienes buscan restos humanos para rituales ocultistas y otros roban las tumbas para extraer objetos de valor de estas o que pertenecieron a los difuntos

Ariana Moreno (pasante) | La Prensa Táchira.- Recorrer los caminos del cementerio de San Cristóbal es adentrarse a un mundo desconocido, pues no sabemos hasta qué punto las diversas formas de adoración y culto pueden llegar a romper la relación que existe entre los vivos y los muertos.

Durante sus 167 años de historia, el cementerio municipal ha visto cómo la mayoría de sus tumbas han sido profanadas. Las fosas no sólo son abiertas para llevarse restos humanos para ser usados en ritos de brujería y santería, sino para hurtar piezas de mármol, aluminio, bronce y cobre que son revendidas a buen precio en Colombia. 

Para quien visita este camposanto es perturbador ver la gran cantidad de urnas desvalijadas. Algunos familiares han perdido la identificación de sus deudos y los restos de las sepulturas se pierden entre los escombros y la maleza. 

Alfredo Bustamante, quien visita por lo menos una vez al mes a su madre, asegura que teme que la tumba de su mamá sea "robada". Expresa que conoce círculos de santería que se dedican a hurtar cráneos de difuntos para usarlos como ofrenda. Además, afirma que el lugar no cuenta con la seguridad necesaria para proteger la fosa de tantos fallecidos.

Ana Colmenares manifestó que da mucho dolor ver en el estado en el que dejaron el cementerio y afirma que ya no hay ni qué robar, "ya todo se lo han llevado". Además mostró preocupación, debido a que muchas fosas se encuentran abiertas y a veces acuden con niños a visitar a sus familiares. 

Existen aproximadamente 68.000 fosas repartidas en 6.5 hectáreas y divididas en 12 cuarteles y a pesar de que se intenta resguardar gran cantidad de ellas, el lugar no cuenta con suficientes trabajadores. 

Según Héctor Becerra, administrador del cementerio municipal, cuentan con tan sólo un operador de campo quien se encarga de cuidar que nadie entre a deteriorar las instalaciones. 

Expresó que este problema se agudizó con la llegada de la pandemia del covid-19 cuando el camposanto quedó totalmente desprotegido. Sin embargo, Becerra afirma que desde hace dos meses estos actos vandálicos han mermado debido a que han localizado a los delincuentes que se dedicaban a profanar tumbas.

Los sancristobalenses se olvidaron de sus muertos

Luis Guillén lleva más de 35 años trabajando en el cementerio municipal y asegura que es la primera vez que se encuentra en estas condiciones. 

Guillén expresa que en los últimos años las personas han dejado de visitar a los fallecidos. Afirma que muchos han tenido que salir del país, abandonando temporalmente a sus deudos. Otros; sin embargo, se han olvidado completamente de ellos. 

Luis tenía aproximadamente 200 tumbas que limpiaba y reparaba constantemente, pero a raíz del abandono debe rezar para que salga un "trabajito" de vez en cuando. A todo esto, debemos sumar los altos gastos de transporte que impiden que el camposanto sea visitado más a menudo.

El visitante Esteban Ferrer admite no hacer mantenimiento de la tumba de su padre frecuentemente por falta de tiempo, además de no comprar flores por su costo y breve utilidad. Expresa que como él hay muchas personas que quedaron solos y no pueden asistir, por lo que la función de limpieza debería recaer sobre los obreros del cementerio. 

Asimismo, Héctor Becerra asegura que el principal problema que presentan actualmente es la indolencia de los mismos propietarios que han descuidado por completo las fosas. A pesar de que la alcaldía limpia por lo menos una vez a la semana las vías de acceso al cementerio, ellos no se encargan de hacer mantenimiento a cada una de las tumbas, por lo que es total responsabilidad de los familiares.

En intentos de mantener el cementerio limpio, Becerra afirma que están realizando jornadas de limpieza en fechas especiales, como son el Día de la Madre y el Día del Padre.

Vendedores de flores afectados

Dayana Sierra tiene más de 25 años vendiendo flores en uno de los puestos ubicados dentro del cementerio municipal. 

Expresa que las ventas han mermado debido a la competencia informal a las afueras del cementerio, además con la llegada de la pandemia del covid-19 y la falta de visitantes, la situación ha empeorado. 

Afirma que se les hace difícil cancelar el alquiler y los servicios a la alcaldía; sin embargo, no pierde la esperanza de seguir adelante. 

Por su parte, Pablo Sánchez asegura que se mantiene en zozobra porque no sabe cómo vayan a ser sus ventas diarias. A pesar de que han disminuido sus ventas, se niega a cerrar el negocio que ha obtenido de su madre.

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