Padres a toda prueba: trabajan, educan y cuidan a sus hijos

Anggy Murillo | La Prensa Táchira.- A pesar de que en su día a día suelen mostrar una imagen fuerte, tosca y de pocos sentimientos, muchos hombres al llegar a sus hogares se derriten con las muestras de cariño que les dan sus hijos y a diario "se rompen el lomo" para sacarlos adelante.

Hay un dicho que reza que "hijo no amarra hombres", pero en el caso de dos padres y un abuelo la situación fue distinta, pues ante la falta de una figura femenina, han tenido que armarse de valor para también cumplir el rol de madres y aunque sus vidas cambiaron enormemente, no se arrepienten ni un segundo del trabajo que están desempeñando.

Esta es la historia de Miguel Fuentes, quien es un obrero de 47 años que desde hace nueve meses está a cargo de sus dos hijos de 7 y 13 años de edad, pues la madre los abandonó. Vive en un pequeño apartamento alquilado en el Barrio El Río, donde cancela 30 mil pesos mensuales. Su único sustento es el sueldo que recibe como empleado público, pero hace de tripas corazón para poder mantener a su familia. 

Trabaja de lunes a viernes y un sábado cada quince días. Todos los días se levanta a las cuatro de la mañana a hacer el desayuno y el almuerzo, prepara a sus hijos para que se vayan a estudiar y él se marcha a la Residencia de Gobernadores, donde está destacado en estos momentos. 

El dinero que recibe mensual lo invierte inteligentemente y en lo necesario. "He logrado cubrir las necesidades, pero no como debería. Tengo una hermana que me ayuda. En Corpotáchira también me ayudan. No ha sido fácil, pero los estoy criando como debe ser".

La proteína muy poco se consume en su hogar, comenta que cuando recibe el almuerzo que le dan en su trabajo guarda las piezas de pollo o de carne para llevarle a sus hijos y tengan otra opción para el almuerzo del día siguiente. 

Pese a las dificultades que ha tenido que sortear en este tiempo, no se arrepiente ni un segundo de ser el único responsable de la educación de los jóvenes. "Somos felices. Con poquito, pero somos felices", dijo.

 Migrantes

La vida de Maicol Ramírez, un migrante venezolano que se había radicado en Bogotá, cambió cuando se le informó que la mamá de su hijo de dos años había fallecido a consecuencia del cáncer. 

En ese momento decidió "emprender una nueva vida improvisada" en compañía del pequeño, que ahorita tiene seis. "Me cambió la vida. Fue un cambio muy drástico. Estaba acostumbrado a llevar otra clase de vida y de un momento a otro me tocó afrontar esa responsabilidad tan grande", explicó. 

Tuvo que aprender a defenderse solo. Actualmente viven en Cúcuta, donde gracias a un emprendimiento ha podido dedicar el 100% a la educación del niño, quien se proyecta como una estrella, pues ama entrenar motovelocidad.

Tienen una rutina fuerte. Las clases en la escuela comienzan muy temprano y abarcan todo el día. Por las tardes van a tareas dirigidas y en la noche a entrenar con la moto que con mucho esfuerzo le compró. Todo para que su hijo logre cumplir sus sueños.

Abuelo – papá

El abogado de 69 años, Sergio Moreno, está dedicado a la crianza de su nieto de 6 años, de quien se hizo cargo desde que era un bebé de cinco meses, pues un día lo llamaron de la guardería a decirle que su madre no había llegado por él y desde ese momento no supieron más de la mujer. El papá del niño es su hijo que está fuera del país. Asumió la responsabilidad con mucho amor y coraje, y con el cariño y el amor que sólo los abuelos saben dar.

Ama con locura a quien incluso lo llama papá, pues es la única figura de esta magnitud que conoce. Afirma que ha sido más dócil en cuanto a la crianza, pero siempre inculcando respeto y valores. Este abuelo se encarga de todo, desde la comida hasta llevarlo a la escuela y a practicar fútbol, su deporte amado.

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