Basura y carroña trajeron zamuros a la ciudad

Desperdicios y suciedad han convertido a San Cristóbal en el hogar de los zamuros. La tarea de ahuyentarlos es casi imposible, pues ya se consideran habitantes

Fabiola Barrera | La Prensa Táchira.- Como si fueran animales domésticos, los zamuros se pasean en las calles y avenidas de San Cristóbal. A toda hora es normal verlos en las áreas urbanas de la ciudad capital. En especial, en horas de la mañana cuando salen en busca de alimentos. 

Todas las aves son ariscas al contacto humano, salvo aquellas que fueron domesticadas. Así era el comportamiento de estos negros pajarracos que con el pasar de los años y el constante contacto directo o indirecto con humanos y otros animales, se han acostumbrado a ruidos de motos, vehículos y camiones, por lo que al pasarles por un lado sólo miran, pero siguen hurgando en la basura. 

Ya es común verlos abrir sus enormes alas para asolearse a primeras horas de la mañana o a media tarde trepados en postes, techos y semáforos de San Cristóbal, así como de Táriba y la vía al llano. Tal es la "comodidad" que sienten estas aves, que suelen estrellarse con los parabrisas de los carros al emprender vuelo. Algunos sobreviven, mientras que otros lamentablemente quedan heridos de muerte en el pavimento, convirtiéndose en comida de otros zamuros. 

Pese a que la ciudad se ve más limpia, la constante presencia de agentes contaminantes hicieron que los zamuros se habituaran al entorno y convirtieran a la ciudad cordial en su hogar, opacando el paisaje. La presencia de estos animales data del 2014, cuando por falta de las políticas públicas en materia de recolección de los desechos sólidos, los zamuros comenzaron a habitar las calles, avenidas, parques y canchas de San Cristóbal. En otrora, su presencia era frecuente en zonas como mercados, mataderos y vertederos, mas no en espacios públicos. Medios registraron la presencia de zamuros en una ciudad que en otrora fue limpia.

De pobre olfato

De acuerdo al ornitólogo, Lermith Torres, el buitre negro o americano, como también se le conoce al zamuro, come animales muertos y habitan desde el sureste de Estados Unidos hasta Chile y Argentina. En el caso de Venezuela, se aprecian ejemplares hasta los 3 mil metros de altura, por ello es que en las zonas montañosas no se llegan a ver. 

Explica Torres que estos animales, a pesar de lo que se cree, tienen un olfato muy pobre, por lo que detectan una potencial comida con la vista. 

"Ven animales que no se mueven y ellos descienden a verificar que es un animal muerto". A diferencia de otras aves, los zamuros no construyen nidos, por lo que usan troncos huecos para empollar sus huevos, o incluso en colchones hechos con hojas. 

Tanto el macho como la hembra hacen el trabajo de incubar a sus pichones por un período de 39 días para eclosionar. 

Asegura el experto en aves que ellos son controladores biológicos y un indicador de que hay excesiva presencia de desechos orgánicos. "No es lógico que estén en las vías. Aquí se ven en los vertederos donde hay un animal muerto, pero no en la comunidad. Hay un descontrol con los desperdicios orgánicos. Su función es sanear el ambiente, alimentándose de este tipo de carroña". 

Una característica de estas aves es su longevidad, pues se han registrado casos de especies que han durado hasta 16 años con 10 meses. Destaca que en el país no hay leyes que los protejan, pese a su importancia. 

"Es triste que por ser negritos, feos y que coman carroña la gente los ve como un ave carente de belleza. Es hasta más importante que cualquier otra ave". 

No consumir

Torres no recomienda el consumo de carne de zamuro y menos la sangre de ellos, tal y como hace mucha gente para tratar cuadros de anemia y cáncer, ya que son animales muy expuestos a la contaminación y a microorganismos que pueden dañar al ser humano. 

Asegura que sí ha escuchado de casos de personas que los buscan para prepararlos para que pacientes graves los consuman, pero desconoce sus propiedades medicinales, pues no hay evidencia científica de ello. 

Se quedarán

El ornitólogo venezolano, asegura que luego de que un zamuro se habitúa a un lugar se queda permanentemente a vivir allí, sin importar que no haya presencia de basura, pues han logrado identificar puntos donde siempre habrá una fuente de alimentos para ellos. 

Es por esto que, aunque la ciudad sea saneada, la presencia permanente de basura por tantos años dejó a estos poco agraciados emplumados como herencia a los sancristobalenses. Destaca que para ahuyentarlos se pueden usar sonidos estridentes, pero es muy difícil lograr que se vayan de lo que ya consideran su hogar. 

Como mascotas

Explica que conoce casos en los que se han habituado al contacto con los humanos, al punto de domesticarlos y convertirlos en mascotas.

Ramsés el Grande: el Zamuro Rey

En el barrio Rómulo Gallegos hay un ejemplar de Zamuro Rey. Su nombre es Ramsés, como el rey egipcio. Su dueño, el señor Adolfo Benítez, lo tiene en un taller de bateas y gandolas desde el 2008, cuando aún pichón se lo dieron porque no lo podían tener. "Era más negro cuando me lo dieron". 

Asegura que Ramsés come sólo carne y cada vez que lo hace es medio kilo que consume, por lo que sacando cuentas se ha comido en catorce años el equivalente a tres reses. 

Advierte que es muy agresivo cuando no conoce a alguien, pero al ver a la persona con su amo, no hace nada. Explica que debe amarrarlo de una pata para que no ande detrás de él, mas no porque se vaya a escapar. 

Entre risas, contó que una vez se lo quisieron llevar efectivos de la GNB, pero no pudieron atraparlo. 

Ramsés mide con sus alas abiertas unos dos metros y medio y es la novedad en la zona, pues propios y visitantes aseguran nunca haber visto a este tipo de zamuro. Estos a diferencia de sus parientes negros, pueden vivir hasta 30 años y suelen habitar zonas montañosas. 

Su singular plumaje blanco y cabeza colorida lo hace muy vistoso.

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