LIBRE PENSAMIENTO Y DISIDENCIA

Con la evolución de la humanidad y de sus derechos fundamentales, se proclamó la libertad de pensamiento o libertad ideológica que va a permitir a los ciudadanos expresar diversas ideas sobre distintos tópicos de su interés, tales como, la manera o modos en que puede organizarse una sociedad o de cómo se puede conducir un Estado respecto de sus decisiones que puedan suscitar interés en la colectividad; por supuesto, esas ideas podrán coincidir o no, cuando se trata de discernir sobre asuntos comunes, pues era y es la disidencia una de las expresiones más genuinas de aquellas libertades. 

En el caso específico del sistema político venezolano, que es diverso y complejo porque no resulta sencillo aglutinar en un solo sector político, las diversas formas de enfocar o tratar de resolver la crisis de diversos órdenes que nos afectan, por las distintas caracterizaciones que se tienen de las mismas. Por ello, nuestro sistema político exhibe multiplicidad de actitudes, creencias y valores que impactan a la opinión pública, lo que es considerado por muchos que enfrentan entre sí, ideas y pareceres; opiniones que rompen con la armonía de los que unos u otros pretenden imponer como una única forma de pensar. 

Las discrepancias o disidencias a causa de la política deben entenderse como actitudes que no necesariamente están dirigidas contra alguien o algunos, sino que más bien implican un desacuerdo o el querer marcar distancia en relación a un poder o a una autoridad política; por ello resulta censurable el ataque ad hominen, cuando en realidad lo que se debe hacer es buscar otras vías argumentales o de prácticas, para buscar solucionar aquello que originó el alejamiento. Disidencia no es oposición a ultranza, sino que implica plantear otros argumentos o visiones, distintos de los que se emiten por otro actor político. 

Se debe destacar que entre un régimen autoritario y la Democracia, es la libertad de pensamiento que pueda manifestar disidencia, la diferencia fundamental con ese tipo de sistema político. La disidencia democrática no puede ser adjetivada como se ha hecho hasta ahora, con el fenómeno que Alexis Toqueville denominó despotismo inmaterial, al observar que en la sociedad norteamericana se desplegaba un espíritu cortesano de adulación a la opinión de la mayoría aún a costa de la propia opinión. De esa manera el despotismo inmaterial, podía lograr desactivar el potencial crítico y la eficacia política de la participación. 

Se concluye esta opinión afirmando que el libre pensamiento y la disidencia no pueden enfrentarse con una opresión frenética de cualquier bando político, pues tal conducta como bien lo señaló en la antigüedad el filósofo Platón, es una forma "desdichada e imperfecta de hacer política, ya que con el paso del tiempo se constituyen en círculos viciosos nada edificantes a la lucha política". Se advierte que permitir el avance de una Democracia despótica, significaría también aceptar que uno o varios sectores del país pretendan imponerles a otros, verdades absolutas e inmodificables, creyéndose tal vez, detentadores también de una omnipotencia moralista.     

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