Por miedo a represalias, los tachirenses ya no protestan

Los llamados a calle realizados por diferentes partidos políticos e incluso gremios, ya no son atendidos por la ciudadanía

Anggy Murillo | La Premsa Táchira.- En los años 2014 y 2017 era común que cada semana cientos de tachirenses salieran a la calle a manifestarse en contra del gobierno de Nicolás Maduro o en rechazo a las continuas fallas de los servicios públicos que para el momento ya se estaban viviendo; sin embargo, y debido a las muertes y represalias que comenzaron a sufrir quienes se atrevían a alzar la voz, se generó un temor colectivo, que con el tiempo opacó los llamados a calle.

El sector salud era uno de los que mayormente se pronunciaba exigiendo mejoras salariales, discusión de los contratos colectivos y la optimización de los servicios en los centros asistenciales donde laboraban, a pesar que para el momento sí hay convocatorias, estas no son atendidas por los trabajadores pues, según Melquiades Delgado, secretario general de Fetratáchira, reciben amenazas de algunos gobernantes.

"El derecho a la protesta prácticamente el Gobierno la quitó. Aquí desgraciadamente no se puede hacer porque de una vez recibimos represalias a través de las fuerzas policiales. Otro aspecto que hace que no salga la gente a protestar es la falta de dinero para movilizarse hacia los puntos de encuentro, porque no tienen para el pasaje", explicó.

Para la analista político, Gabriela Vargas, durante el 2014 y 2017 en el estado se hizo evidente la violación de los derechos humanos, además de que se cometieron delitos de lesa humanidad, que de una u otra manera lograron silenciar a la población. "También hay que reconocer que por medio de diálogos y acuerdos con los organismos del Gobierno nacional se han podido solventar algunas problemáticas que generaban la protesta continua, principalmente en el municipio San Cristóbal".

Otra de las causas por las que la ciudadanía ha decidido no salir a protestar, es porque no se obtuvieron los resultados deseados. Además que el sector opositor, quien mayormente realizaba los llamados de calle, perdió su poder de convocatoria. 

"La gente terminó habituándose a las nuevas formas. Pelea por un salario, salario no hay. Pelea por servicio eléctrico, no hay. No hay internet, no hay agua. El peso de la realidad va aplastando el esfuerzo en la protesta porque nunca encuentra como resultado lo que desea. Existe agotamiento por falta de lograr reivindicación", explicó el analista, Carlos Casanova.

Crisis de percepción política

Para el dirigente político regional, Fernando Márquez, la oposición venezolana atraviesa una crisis de percepción política que le ha impedido generar estrategias que devuelvan la esperanza a la población y se quiera salir nuevamente a las calles a manifestar su descontento.

"Hoy no somos una amenaza para quienes ostentan el poder. Con esta crisis de percepción donde un día María Corina dice algo, Leopoldo dice algo, Juan Guaidó dice algo, Capriles dice algo y nos dispersan y mientras no tengamos un concepto que nos unifique a todos y que generen estrategias para identificar qué está haciendo el régimen, no vamos a lograr nada", dijo.

Para el analista, Carlos Casanova, la población se acostumbró a depender del Estado venezolano y a sobrevivir en la economía informal y la economía negra. "El valor del trabajo se perdió y así con los valores. La revolución no es otra cosa, sino la liquidación de derechos individuales y una sustitución de valores", aseveró. Destaca que al vivir una crisis humanitaria compleja donde los empleados públicos ganan alrededor de tres dólares mensuales, llevó a un desgaste sistemático de la organización y la población se acostumbró a las carencias.

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