CIUDADANOS EN LA POLÍTICA

A mucha gente le gusta y le interesa la política. Ello, porque como bien lo acotó Max Weber, esta ciencia social es de tal amplitud, que se puede identificar como el estudio del Estado y del funcionamiento de sus Instituciones incluidos los partidos políticos, sin las cuales no habrían Gobiernos y para ello se deben formar y auto formar ciudadanos con sentido de solidaridad, responsabilidad social y acuciosidad, a fin de que participen en la actividad política de la Nación, por los efectos que ésta tiene sobre sus vidas. Para incursionar en el mundo de la política, además de tener nociones mínimas sobre la misma, se deben estudiar las distintas ideologías, y otras ciencias sociales. 

Y es que la política encarna una actividad humana, social, creadora y libre por los distintos enfoques que se tienen de nuestras sociedades y comunidades, lo que reclama de sus operadores respeto a principios democráticos y a la dignidad humana de los contrincantes; la tarea no es fácil, es casi que titánica, imposible tal vez. Pero no se puede bajar los brazos, por los riesgos que implicaría dejar el ejercicio de la política a la antipolítica o al populismo exacerbado. Necesitamos políticos que coadyuven a construir una sociedad justa y amante de la paz, como enseña el texto constitucional, como finalidad del Estado, distinta a ésta que tenemos hoy en día; en dónde ese contrato social de convivencia se encuentra bastante erosionado en casi todas las relaciones institucionales, incluidas la de los ciudadanos entre sí.

A los ciudadanos se les debe mantener informados de la gestión de los políticos en cargos oficiales, y si ésta imprescindible formalidad de corte democrático, relacionada con la transparencia no se cumple, los ciudadanos la deben reclamar; pero lo que sí es cierto es que no se puede seguir desentendido de la gestión pública, cualquiera que ella sea, para luego asombrarnos por los desafueros o abusos cometidos por funcionarios o personeros, sin ningún tipo de control. Lo anterior permitirá a los electores convertidos en ciudadanos valorar la calidad de su gestión y la hondura y razonabilidad de sus planteamientos, conocer la actividad creadora de aquellos, las iniciativas políticas emprendidas y consensuadas con la gente.       

Anhelamos entonces, una sociedad de oportunidades, inclusiva, que promueva al ciudadano en la búsqueda de igualdades de superación personal y colectiva. Hoy estamos agotados del depredador socialismo actual; pero también de la distopia que nos segrega cada vez más, por los intereses de otros sectores, supuestamente adversarios del Régimen, y cuyas opacas actuaciones llenan de tranquilidad al mismo. Nos corresponde a los ciudadanos de Venezuela, reactivar nuestro histórico espíritu Republicano y no seguir inmovilizándonos o fraccionándonos cada vez más en pleitos estériles, por intolerancia y soberbia política; mientras la expansiva crisis se torna cada día más demoledora. 

Enfrentamos entonces por la vía política y electoral a un régimen autoritario y hegemónico, que no juega en respeto a los valores de la igualdad y de la justicia, de lo cual se regodea y hace que los ciudadanos se desanimen, cayendo en su juego; por tanto, frente a esa inequidad debemos ejercer ciudadanía con constancia y entusiasmo, sin desbocarnos, esto es, alejar y rechazar cualquier forma de lucha violenta o que cuesten vidas, exilios o cárcel; no tiene cabida entonces en ese marco de acción el militarismo o el paramilitarismo; ni la guerrilla; tampoco queremos más división o inmovilización política o social; para que así este cuartel imaginario que es Venezuela en la actualidad, no siga haciendo de nuestra convivencia un mito o una utopía.

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