Sector textil registra más pérdidas esta temporada

Fabiola Barrera | La Prensa del Táchira. -Vacíos se encuentran los establecimientos de venta de pantalones de jeans en la zona de Ureña. Pese a ser una de las temporadas de mayor provecho, la soledad reina en los negocios que se ubican en pleno centro del municipio industrial del estado Táchira. 

Luego de la Cruz de la Misión, en ambos sentidos de la avenida, hay locales y minilocales con ventas de pantalones. 

Unos abiertos y otros cerrados dan cuenta de la situación por la que atraviesa el sector, que en otrora cubría cerca del 60% de la demanda de pantalones de jeans del país. 

Para Martín Labrador, vicepresidente de la Cámara de Comercio de Ureña, la competitividad que hay en el sector textil a nivel nacional es muy alta. Destacó que si bien los textileros del municipio se han preparado y están trabajando a toda máquina, la competencia, a pesar de ser piezas de alta calidad, es muy fuerte. 

"Los químicos que se usan en las lavanderías para darles un mejor acabado. Hay para niños, damas y caballeros. El tema calidad es algo que nos mantiene vigentes aún", dijo. 

 Explicó que para el año pasado la situación fue sumamente difícil, en vista de que no había manera de que personas del interior del país se trasladaran en transporte público o en carro particular a Ureña, lo que tiró al piso la comercialización de piezas al mayor. 

El 10% 

Del mismo modo, Fernando Grajales, representante del sector textil ante la Cámara de Industria y Comercio de Pedro María Ureña, destaca el logro de tener más flexibilización para ingresar al municipio. 

Explica que las autoridades han bajado la guardia, sobre todo a quienes van a comprar pantalones a la zona. "Lo he notado que cuando voy con pantalones, hacen los respectivos requerimientos. Hemos logrado la movilidad por la que se luchó en la cámara"

Advierte que en la actualidad en el municipio hay unas doscientas fábricas de pantalones. Sin embargo, en la época dorada de la venta de pantalones, más de 600 fábricas cubrían el mercado no sólo local, sino del centro del país. "De diez locales, hay cinco cerrados", dijo. 

Añade que a la fecha se fabrican y venden unas 30 mil piezas semanales, lo que equivale al 10% de la producción de hace cinco años. "Estamos creciendo. La gente está interesada, sobre todo el extranjero". 

Grajales destaca que las ventas no son las esperadas, pues si bien hay acceso a particulares, no es sencillo ir de San Cristóbal a Ureña usando el transporte público.

Talleres satélites: la salvación

Para Grajales, la existencia de los talleres satélites ha sido determinante para que la producción no merme, pues con la llegada de la pandemia del coronavirus los negocios y empresas debieron cerrar para evitar ser foco de contagio. Sin embargo, al tener los talleres en las propias viviendas no se dejó de producir, porque los mismos habitantes de las casas son los costureros y no hay movimiento de personas. 

"Agarramos nuestras máquinas y las llevamos a los hogares de nuestros empleados de confianza y ellos nos fabricaban a nosotros mismos. Fue lo que marcó la diferencia a muchas personas a pasar necesidades o no. 

Pudimos llevar la producción a las casas. Sólo teníamos que cortar y llevar". 

En los porches de las casa o en las salas se ven las máquinas de coser y desde afuera de ellas se oye el "taqueteo" de la aguja sobre el jean. Cada uno hace una costura diferente. 

Allí no hay quien haga bolsillos y ruedos. Cada uno se especializa en una costura y siempre busca ser el mejor. 

Miembros de una misma familia se encargan de recibir las piezas en las casas y entregarlas cosidas en las fábricas.

Material al menudeo

Fernando Grajales explica que las telas son adquiridas por empresas que ya están instaladas en la población de Ureña que importan de China, India, Pakistán y Brasil. 

Comenta que al principio de la pandemia la llegada de telas mermó, ya que son productos importados, a lo que se le suma la falta de contenedores a nivel mundial. 

Si bien ya no tiene problemas con la tela, sí lo tienen con lo que son taches y botones de calidad, pues no se fabrican en el país, por lo que la solución más sencilla es traerlos desde Cúcuta. 

"Tenemos el problema del paso comercial cerrado para las comercializadoras. No podemos traerlos de manera legal, por lo que nos ha tocado hacer una importación de menudeo. Si hago 500 prendas traigo mil botones. Si me hicieron falta mando a alguien para que me traiga más". 

Los colorantes, el permanganato, cloro, entre otros químicos necesarios en las lavanderías para decolorar las piezas son traídas al "menudeo" desde Colombia, ya que no se consiguen en el país.

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