CUANDO LA VIDA DE UN HIJO PENDE DE UN HILO 

Anggy Murillo | La Prensa del Táchira.- Recibir un diagnóstico positivo para cáncer en un menor de edad hace que las familias sientan que el mundo se les viene encima, aún más cuando la vida de su ser querido depende de un trasplante en un país como Venezuela, en el que el acceso al sistema de salud cada día se vuelve más complicado debido a la falta de medicamentos, personal capacitado y equipos de alta gama que les permita realizar los exámenes especializados. A esto se le suma la crisis económica, que con cada día que transcurre, hace que el poder adquisitivo de los venezolanos sea menor, por lo que muchas familias no cuentan con el dinero suficiente para pagar una consulta o análisis en centros privados.

Para Francis de Leones, presidenta de la Fundación Juan de Dios, para los familiares es duro ver como lentamente se le apaga la vida de sus hijos por falta de recursos. "Nosotros como Fundación hacemos un esfuerzo muy grande para atender a los pacientes oncológicos, los ayudamos con estudios y medicamentos a la medida de nuestras posibilidades", comentó.

Esta fundación atiende a 131 niños con cáncer, el 80% tienen leucemia. Aunque como Fundación, no saben cuántos ameritan un trasplante, afirma que en muchos casos los padres se han visto obligados a cruzar la frontera para tratar de darle mejor calidad de vida a sus hijos, por medio de las instituciones médicas de Colombia.

"Los que normalmente salen para trasplantes aquí en Táchira son los casos de leucemias, pero tienen que emigrar porque aquí no hay donde atenderlos. Donde hay una mediana posibilidad de atención es en Valencia, pero se debe pagar. No está en la posibilidad de cualquier niño, ni siquiera si se tienen los recursos", explicó De Leones.

"Se quiere morir"

Maritza Martínez es madre de un adolescente de 13 años, cuando tenía 11 lo diagnosticaron con Linfoma de Hodking, un tipo de cáncer que afecta los tejidos linfáticos del cuerpo. Ha estado hospitalizado en 8 oportunidades. Ya no responde a la quimioterapia inyectada, por lo que fue dado de alta para que en su residencia se le diera el tratamiento vía oral, sin embargo, fue suspendido hace un mes luego de ser diagnosticado con Covid-19. Su madre comenta que pese a que su hijo ha demostrado gran fortaleza, en varias oportunidades le ha manifestado que está cansado y desea morir.

"Él siempre se ha mostrado optimista, con muchas ganas, pero ahorita dice que ya no puede que ya no quiere, incluso se quiere morir, que ya él no aguanta. Es triste uno como mamá tener su hijo aquí y que le diga eso y no poder hacer nada y no porque no esté en las manos de uno, porque yo he salido a pedir dinero hasta en los semáforos cuando necesito para algún examen, pero el precio del tratamiento es muy elevado".

Explica que unos meses atrás viajaron hasta Caracas y acudieron a Fundamédula, del Hospital de Clínicas Caracas, donde le informaron que pese al estado de su hijo se le podía iniciar una quimioterapia de rescate en San Cristóbal, pero el menor no dio resultados positivos y su cuerpo evidenció una toxicidad por quimioterapia, es decir, sus capas de piel se cayeron a tal punto que su madre debía mantenerlo completamente desnudo.

"Cuando eso pasó las doctoras no me daban esperanzas, me dijeron que lo pusiera en manos de Dios porque ellas ya no podían hacer nada. Su piel se peló, los labios reventados, ojos amarillos, orinaba sangre, no comía. Yo sabía que estaba mal, pero nunca perdimos la fe".

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