Altos niveles desnutrición se evidencian en población infantil

Anggy Murillo | La Prensa Táchira.- La mala alimentación que existe en los hogares de la clase baja de la entidad, donde a duras penas se come dos veces al día y en porciones muy disminuidas debido a la falta de poder adquisitivo y acceso a divisas para poder comprar la despensa, afecta notablemente a la población infantil, mayormente aquellos niños que aún no superan los cinco años de edad, quienes se exponen a una desnutrición crónica, ya que no consumen por lo menos las 1.400 calorías que necesitan al día.

Esa mala alimentación hace que no tengan una talla acorde a su edad, por lo que es común ver en estos sectores niños de siete años con un peso y una estatura de uno de cinco, además carecen de energía y constantemente presentan fatigas y desgano, aunado a la falta de concentración, lo que causa bajo rendimiento en sus actividades escolares, sufren de sueño y no responden con rapidez a las actividades físicas y mentales.

Los síntomas anteriormente descritos suelen presentarse, cuando en la alimentación diaria no hay presencia de lácteos, carnes, cereales, verduras, frutas o huevos, es decir, cuando sólo pueden comer lo que hay en sus hogares, en muchos casos, sólo tienen acceso a los alimentos una vez al día, el desayuno que es el más importante y la cena, son saltados por falta de algo qué consumir.

Graciela Watts, es la coordinadora del departamento de Nutrición y Dietética de la Corporación de Salud de la entidad, comenta que actualmente las familias están consumiendo una dieta blanca, es decir, a base de carbohidratos y almidones para poder saciar el hambre.

"No hay proteína en la dieta de los tachirenses porque el poder adquisitivo no permite consumir carnes blancas o rojas, el precio del pescado también es muy elevado, ya ni siquiera las sardinas se pueden comprar y comúnmente se utilizaba para sustituir el pollo o la res. En muchas viviendas pueden comprar un cartón de huevos, pero tratan de rendirlos lo más que puedan, si son cuatro personas hacen dos en tortilla y la reparten, alcanza más, pero su calidad nutricional es muy baja", comentó la especialista.

El precio de los granos, como las lentejas, caraotas, frijoles rojos, arveja o garbanzos que se utilizan como sustitutos de las carnes, también se ha elevado mucho en los últimos meses, complicando aún más la calidad de la alimentación que se le da a los menores de edad.

"También hemos observado una desnutrición aguda cuando se hacen los tamizajes de peso y talla, aunque actualmente hay programas como los de Unicef que trata de suplir ese déficit. Hasta el momento, no hemos visto qué tanto ha cubierto, puede ser que muchos niños estén en ese tratamiento, pero si en sus casas no hay una alimentación balanceada, equilibrada, que contenga proteínas, carbohidratos y vegetales, esto va a ser insuficiente para cubrir toda la necesidad del niño", acotó Watts.

El equipo de La Prensa Táchira acudió a la comunidad de Santa Elena, uno de los sectores más vulnerables de San Cristóbal, que ha sido golpeado por la fuerte crisis económica y que ha llevado a muchas de sus familias a vivir en pobreza extrema. 

Ese es el caso de Juan Carlos Castillo, quien habita con su esposa y cinco hijos de entre tres y 13 años de edad, dos de ellos con problemas de bajo peso en una vivienda improvisada de caña brava en la colina de una montaña, viven del sueldo que percibe su concubina en una panadería y de la venta de pollos que él mismo cría; sin embargo, el dinero no logra cubrir los gastos necesarios.

La bolsa del CLAP llega cada tres meses, la última que recibió sólo traía tres bolsas de arroz, dos pastas y tres harinas que difícilmente consumen sus hijos, pues su sabor, según explica, no es muy bueno. Una o máximo dos veces a la semana logran comer proteína animal, casi siempre pollos de su criadero y lo dividen en varias porciones para que pueda alcanzar. 

La cena la recibe gracias a uno de los comedores comunitarios que funciona en el sector, donde les han venido realizando, desde hace varios años, el seguimiento a su familia, el consumo de fruta también es inexistente en este hogar.

Rudy Contreras, también habita en la zona, su familia está conformada por dos adultos y cuatro menores de entre cinco y 15 años de edad casi todos con problemas de bajo peso. La niña de 7 sólo pesa 15 kilos, cuando por su edad debería estar en al menos 22, también reciben la ayuda de los comedores para paliar de alguna manera el hambre. Comen queso con frecuencia porque venden en su vivienda, y es una forma de recibir algo de dinero para tratar de cubrir algunas necesidades de su hogar.

Los comedores solidarios ayudan

La ONG como la Fundación Nueva Esperanza del Niño Jesús, Nutrivida o Alimenta la Solidaridad, poseen comedores en sectores donde hay familias de muy bajos recursos, en algunos se les ofrece el almuerzo y otros la cena.

La selección de los beneficiados se realiza luego de efectuar un estudio socioeconómico y un tamizaje de peso y talla. La mayoría de beneficiados son niños de entre 1 y 12 años de edad, también se atienden adultos mayores o personas con discapacidad.

La cifra de menores atendidos supera los 700, más del 50% tiene problemas de peso. De acuerdo a la información suministrada por Rixmer Molina, coordinador territorial de Nutrisalud, desde enero a agosto se han efectuado cuatro tamizajes que han arrojado resultados positivos, es decir, se ha visto una mejoría en el peso de los niños.

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