Madres redentoristas: la oración como labor social

Holiancar Contreras | La Prensa del Táchira. -Un trabajo espiritual que emprenden siete religiosas desde un lugar apartado, escondido y especial que incurre en la sociedad que trabaja todos los días en las calles, a pesar de que pocos conocen su noble labor

Todo inicia a las 5:45 de la mañana cuando la campana de alarma anuncia que el día comienza para el grupo de siete religiosas que hacen vida en la pequeña casa, en las adyacencias de la iglesia El Santuario, en San Cristóbal. 

El segundo llamado de la campana notifica que el punto de encuentro es a las 6:10 de la mañana cuando todas se reúnen en la acogedora y tranquila capilla interna que disponen las madres redentoristas. Posteriormente, cuando hacen su acto de entrada, inician a rezar la coronilla de la misericordia, con fe y devoción piden por aquellos que están afuera y que deben lidiar con las tareas diarias. 

Las madres redentoristas mantienen una vida contemplativa donde no suelen salir a la calle constantemente, pero usan la oración como herramienta para hacer labor social por los más necesitados y desamparados y que necesitan una intercesión de Dios para sus vidas. 

Luego de la sesión de oración, cada una de las madres se dispone a realizar sus actividades, por lo general radican en su propia casa, puesto que no suelen salir de su hogar. 

La madre María Carmen Cárdenas Becerra, quien recibió el llamado de Dios a los 23 años de edad, y desde entonces considera que la oración tiene un poder mágico y que causa impacto, manifiesta que una de las principales misiones que tienen ellas como religiosas es "Orar para que todo incurra en Dios". También agregó que a través de la oración y de pedir al Señor con fe y bondad, es hacer que el pecado entorpezca y no logre su cometido. 

"Nosotras como madres redentoristas somos una fuente de oración escondida, que oramos y pedimos para aquellos que trabajan afuera, que hacen las cosas que quizás nosotras no podemos hacer, pero que trabajan a favor de la sociedad, la oración tiene poder y más si se hace de corazón y con fe, nuestra labor social es pedir por todos aquellos que están en la calle porque la oración puede llegar a cualquier lado", dijo la religiosa. 

Sin embargo, este grupo de monjas no sólo emprende una acción diaria espiritual y escondida, ellas tienen una particularidad y es que son las únicas madres redentoristas que hay en Venezuela. Su congregación surgió en 1976 y algunas de ellas fueron fundadoras de este grupo en la ciudad, tal es el caso de la madre María Carmen y la madre Martha, que además de ser las que más tiempo tienen allí, son creadoras de este grupo. 

Para la madre Martha Duque, quien es oriunda de Antioquia, la labor que ellas hacen es más que mágica, pues Dios les dio la oportunidad de emprender una tarea que llega a la gente de una manera especial y aunque pocos conocen su acción, para ellas es satisfactorio saber que pueden hacer mucho por los demás a través de sus plegarias y súplicas al Señor. Su trabajo es continuo y nunca descansan. 

"Ningún vaso de agua dado bajo el nombre de Dios se queda sin recompensa, nosotras pedimos por el mundo, por la comunidad católica, por los que salen y luchan todos los días", dijo. 

A su vez, detalló que la sociedad actualmente no suele detenerse a pensar en el propósito de Dios en la vida de sus hijos, sino que comienzan a recriminarse por qué le ocurren ciertas situaciones, sin analizar que cada cosa que se presenta "tiene un por qué", que a largo plazo se presentará la respuesta y hasta la recompensa de lo que había ocurrido tiempo atrás.

"Debemos tener confianza del por qué ocurren las cosas, porque algo mejor ha de venir luego de esa tormenta en nuestros corazones, algo que Dios ya tiene preparado", finalizó la madre Martha. 

Su día a día

La mayoría de las religiosas que habitan en esta congregación en San Cristóbal son de la tercera edad, por lo que las más jóvenes son las encargadas de salir a realizar las compras de los alimentos y artículos personales de cada una de ellas, mientras las demás se quedan haciendo labores de limpieza u oficios del hogar hasta que finalice la tarde y vuelvan a emprender la acción de oración.

A pesar de su misterio, su pequeña casita, como ellas suelen llamarlo es un lugar lleno de magia y santidad, donde se respira paz y tranquilidad y donde reina el silencio. Dentro de esa magia habita la fe que hace que sus acciones sean tan sagradas y benditas, porque las hacen en honor a Dios para que de alguna manera causen impacto en la sociedad. 

Pandemia

Antes de la inesperada llegada de la pandemia, las madres redentoristas llevaban cinco años realizando una bonita labor social, donde servían desayunos a familias y personas desamparadas o en condición de calle que no tenían un plato de comida seguro al día. 

Cada mañana de lunes a lunes, las siete madres cocinaban sopas o atoles para entregarles a los humildes comensales que llegaban alrededor de las ocho de la mañana todos los días, y ellas con amor y entrega se disponían a ayudar. Algunos preferían comer afuera de la casa, otros optaban por acceder a unos pequeños comedores que están ubicados en el segundo piso del lugar. 

Para ellas no era sencillo conseguir todos los ingredientes para realizar estas comidas, por lo que la oración siempre ha sido su aliado y pedían tanto a Dios que llegara ayuda, que nunca les faltó quien les tocara la puerta con colaboración por parte de comerciantes o algún "buen samaritano" que quisiera tenderles una mano para que ellas continuaran con su bonito trabajo ayudando a los más necesitados. 

Sin embargo, el estar tanto tiempo encerradas siempre les ha permitido dejar volar su creatividad, por lo que este grupo de religiosas se las ingeniaba y reinventaba haciendo deliciosos panes para venderlos. Con las ganancias obtenidas compraban ingredientes y cocinaban. Además, algunas de ellas tienen habilidad para la costura por lo que también se ayudaban diseñando y cosiendo trajes sacerdotales, que eran enviados a diferentes municipios del Táchira como a otros estados del país para curas de diferentes parroquias. 

El dinero recolectado mediante esas ventas, también era invertido en la compra de comida para los más necesitados, para ellas en ese momento "cualquier granito contaba y se multiplicaba", pues quienes les tendían una mano para que ellas ayudaran a otros era entregado desinteresadamente. 

Aparte de entregar comida, también solían recibir prendas de ropa en buen estado que eran entregadas a personas de escasos recursos. "Aquí recibíamos ropa preciosa porque todo el mundo deseaba ayudar y lo hacían de corazón, porque querer apoyar a los que más necesitan siempre será una obra de Dios", manifestó una de las religiosas. 

Todo se detuvo aquel 13 de marzo del 2020, cuando el covid-19 puso un alto a su labor social, y se vieron en la obligación de detener su noble trabajo y por medidas de bioseguridad ya ni siquiera volvieron a hornear panes, el temor de que alguna de ellas llegue a contagiarse del virus les atemoriza. Por lo que decidieron intensificar su oración y realizar un trabajo espiritual que llegue a los corazones e incurra en las acciones de los seres humanos. 

La mayoría de las madres redentoristas que habitan en el lugar son de la tercera edad, la más longeva tiene 84 años, aunque permanece con su espíritu joven lleno de energía y de ganas de hacer mil cosas durante el día, pues para ellas la edad no es impedimento para desarrollar mil y una actividades y más cuando se trata de pedir o de obrar en nombre de Dios, pues para el Señor "todos somos su hijos, sea cual sea su edad o su pensamiento". 

Sus días transcurren entre la tranquilidad, la paz, el silencio, el misterio, pero con la magia de la fe y el amor hacia el prójimo. 

Permanecen quizás escondidas, pero emprenden todos los días una misión de ayudar a través de la oración, lo que de alguna forma trasciende en la humanidad. 

Mantienen la fe y esperanza de que la pandemia y otras situaciones que agobian al mundo entero tengan un propósito en la sociedad y que deje una sabia lección, y que la humanidad aprenderá de estos tiempos de crisis donde la oración y la fe son buenos aliados en momentos duros de tristeza. Instan a la población a creer en Dios, a pedir con devoción porque "la oración tiene poder".

El mágico punto de encuentro

Con pocos asientos, una gran fotografía de la beata fundadora de la congregación, flores, velas, magia y tranquilidad es lo que permanece en la pequeña capilla de las madres redentoristas. Durante mucho tiempo, distintos feligreses hacían las misas de Acción de Gracias o en honor a un ser querido en este lugar, en virtud de la santidad que inspira el sitio. 

Ante la llegada de la pandemia del COVID-19, las puertas de la capilla fueron cerradas y sólo ellas son las que pueden acceder al lugar. En este bonito y mágico templo es donde las madres redentoristas realizan el trabajo espiritual y social que cumplen todos los días, manifiestan que la santidad de la capilla es algo que les inspira mayor devoción, por lo que rezan con más fe sus oraciones.

Cuando normalmente hacían misas allí, ellas a cambio sólo le pedían a los visitantes que colaboraran con algunos alimentos o ingredientes para realizar los desayunos a los humildes comensales. 

En la capilla permanece una gran fotografía de la beata María Celeste Crostarosa, quien fue fundadora de la congregación de las madres redentoristas. Esta figura religiosa era oriunda de Italia y fue declarada venerable y beatificada por la Iglesia Católica a mediados del 2016. Brasil, Perú y Colombia son algunos de los países sudamericanos donde también existen congregaciones de las madres redentoristas, además de algunas ciudades del continente europeo, como España e Italia. 

Este espacio sagrado pocas personas han llegado a conocer, pero quienes han tenido la oportunidad se sorprenden ante la paz y espiritualidad que irradia el pequeño recinto. 

Las puertas del templo tuvieron que cerrar ante la pandemia y ahora sólo pueden ingresar ellas; sin embargo, no pierden la fe de que algún día vuelvan a recibir feligreses, pero sobre todo comensales para poder continuar ayudando a las personas necesitadas.

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