BONOS Y VACUNAS

 El interés del gobierno nacional de pretender arrodillar a los trabajadores de Venezuela no les permite olfatear el rechazo que se emite en los ciudadanos hacia su gestión. El auge de la inflación mantiene en ascuas el ingreso salarial. El sector público languidece por la ausencia de política económica de proteger el salario, lo que permite deducir que el ingreso familiar tiene su principal detractor en el régimen.

La estrategia del gobierno está direccionada a crear el problema, culpar a otros, y posteriormente ofrecen solución planificada: los bonos. Así destruyen el ingreso salarial, e inducen el desconocimiento de las convenciones colectivas, y de los sindicatos, apuntando al incremento de la inflación y especulación. Es el esquema planteado durante largos 23 años que tienen en el poder. No les interesa que los ciudadanos tengan ingresos propios, menos reconocerles condiciones profesionales. Insisten en que todos deben ganar lo mismo, esa es su igualdad, motivando la zozobra y desesperanza. Depositan los fulanos bonos cuando quieren y a quienes les parece, y no aceptan reclamos.

Apuntan a la retórica populista para evitar se descubra su verdadero propósito: implantación de la miseria eterna. Aplican la discriminación en contra de sectores pensantes y les maltratan, intentando mancillar su dignidad. Allí se encuentra el grueso de los profesionales del país, pero profundizan su actitud megalómana en contra de los educadores.

Las vacunas contra el covid19 son parte de la fiesta del relajo gubernamental. Anuncian con bombos y platillos la llegada de millones de vacunas al país, y al asistir los ciudadanos a recibir la dosis correspondiente, cambia el libreto, es insuficiente o no hay. El régimen se encuentra desubicado, y ese trastorno se manifiesta con alucinaciones. Anuncian inicio de clases presenciales, y ni siquiera las realizadas a distancia reúnen las condiciones. Ven la escuela como un ente aislado, y ante su irresponsabilidad en el manejo de la pandemia, después de crear alcabalas que sirvieron para matraquear a las personas, se les olvida o pretenden esconder, que el servicio de internet es nulo; el agua potable no llega a las escuelas; el transporte es impagable; no hay gasolina, y la que llega se paga a precios internacionales, al igual que todos los servicios públicos; el servicio de energía eléctrica es de de baja calidad, y para colmo las estructuras físicas de las escuelas está deteriorada. Les encanta a los revolucionarios del siglo XXI nadar en aguas oscuras entre bonos y vacunas.

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