Una noche de pasión que le costó la vida

Fabiola Barrera | La Prensa del Táchira. -Nacida un dos de febrero de 1985, Karla Vanessa Guerrero Flores, jamás llegó a imaginarse que una cita con un desconocido le costaría la vida. 

Karla, de 35 años de edad y enfermera de profesión, encontró la muerte en las manos del hombre con quien había entablado una breve relación a través de las redes sociales. 

Facebook fue el canal utilizado por Karla para entablar una "amistad" con Georjender Iván Hernández Mijares, de 27 años de edad, conocido como alias "Caracas". Durante un mes surgió una química entre ambos. Eventualmente compartían fotos y mensajes, hasta que pasado este tiempo decidieron verse en persona.

El sábado 17 de octubre de 2020 fue el día acordado para tan anhelado encuentro entre Karla y Georjender, quien horas más tarde pasaría de ser su conquista a convertirse en su asesino. 

Ilusionada con el encuentro, Karla dio la dirección de su casa a este hombre que se ganaba la vida, entre otras cosas, como instalador de papel ahumado y accesorios para vehículos.  

A eso de las dos de la tarde de ese día, Georjender busca a Karla muy cerca de su vivienda. Ella habría dicho a sus padres que no se demoraría, aunque no precisó con quién saldría. Sin embargo, familiares y conocidos se percataron que un vehículo azul de cuatro puertas se estacionó metros antes de la casa de la linda trabajadora de la salud y dentro de él estaba el hombre. 

Tras el primer encuentro, acordaron ir a una licorería muy conocida de Táriba. Allí se tomaron unas cervezas en una de las cuatro mesas instaladas dentro del establecimiento, otra pareja estaba en el lugar cuando estos dos llegaron. Jamás pensó aquella mujer de piel blanca y ojos almendrados, que ese sería el último de sus días. 

A eso de las cutro de la tarde, Karla y "Caracas" se van de ese lugar y este la deja en su casa, con el compromiso de recogerla un par de horas más tarde. 

Sin decirle a sus padres a dónde se dirigiría, Karla se atavió con un jeans azul y una blusa rosada, usó su mejor perfume y un maquillaje que realzara sus hermosos rasgos andinos, para volver a aquella taguara que se convirtió en el último lugar donde vieron a la hermosa dama con vida. 

Ya al caer la noche, con las pasiones a flor de piel y unos cuantos tragos encima, Georjender le propuso a Karla irse a un lugar más íntimo, donde aquellas pasiones y luju- rias debieran calmarse y saciarse. A bordo del vehículo, propiedad de Hernández emprendieron camino hacia un motel ubicado en la vía principal de Patiecitos, conocido por ser uno de los más económicos, en cuanto a lugares para el amor por horas se trata. 

Al llegar les dieron la habitación número dos, la cual se ubica a escasos 15 metros de la recepción. La cédula de Hernández y la placa de su carro quedan registradas en el libro de ingreso de huéspedes de aquel establecimiento. Sólo la pareja sabe qué ocurrió en la intimidad de ese cuarto. 

Se quiso ir

Con el paso de las horas, Karla, quien muchos de sus conocidos aseguraron que era una dama dulce, amable y siempre dispuesta a ayudar a todos los que conocía, manifestó su deseo de irse de aquel motel. 

Esto pareció no gustarle a Georjender, por lo que aquella pasión y deseos se convirtieron en ira y el encuentro de los cuerpos mutó a un enfrentamiento físico que llegó a los golpes. 

Unos gritos provenientes de la habitación número 2 de aquel motel fueron escuchados por algunos trabajadores del establecimiento. Sin embargo, para ellos eso no fue señal de que algo malo ocurría. Constantemente, al ser un hotel de paso, gemidos y gritos son escuchados con normalidad. Lo que no llegaron a sospechar es que era Karla pidiendo ayuda, segundos antes de ser molida a golpes y estrangulada hasta morir.

Un certero golpe en la cara de Karla fue sufi- ciente para dejarla tendida en el piso, posiblemente aún con vida. Esto no le bastó a "Caracas", quien en lugar de dejarla allí optó por agarrar su correa colocándola en su cuello hasta asfixiarla.

Luego de cometer el atroz crimen, alias "Caracas" tomó el cuerpo frío, ensangrentado e inerte de la enfermera y procedió a sacarlo de la habitación y llevarlo al vehículo. 

La complicidad de un garaje exclusivo en la misma habitación, tapado con una cortina blanca fue lo que le facilitó al homicida mover el cadáver sin riesgo de ser descubierto. A eso de la una y media de la mañana salió del motel.

Tras introducir a Karla en la maletera del carro, alias "Caracas" aprovechó la oportunidad que le dio la oscuridad de la noche para conducir a un paraje solitario, específicamente al sector de Curazao. Allí, en una pendiente inclinada justo en una de las curvas de la vía, lanzó el cadáver de la mujer que rodó unos 30 metros hacia abajo. Tras lograr su cometido huyó del lugar con destino a su casa, donde su esposa lo esperaba. Sus pertenencias las dejó en otro lugar, esperanzado en que nadie las encontraría y menos que lo fuesen a relacionar con el hecho. 

La búsqueda 

Llegó la mañana del domingo 18 de octubre y la familia de Karla comenzó a inquietarse, pues desde que se había ido en aquel vehículo azul no sabían nada de ella. 

La joven no solía perderse de esa forma y menos apagar su teléfono celular, pues al ser madre de dos pequeños de cuatro y ocho años siempre mantenía contacto con ellos, y el llevar más de doce horas sin reportarse fue la primera señal de que algo no andaba bien. 

Al pasar las horas, todo era posible para los parientes ya angustiados de la enfermera. Se trasladaron hasta módulos de asistencia médica y a hospitales, pensando que habría sufrido un accidente, sin imaginarse que mientras la buscaban desesperadamente, el cuerpo de Karla era encontrado por vecinos de la zona donde Georjender la había dejado. 

Las autoridades llegaron al lugar y encontraron el cuerpo golpeado de Karla, pero no sus pertenencias, por lo que al momento de ser registrada en la morgue del Hospital Central de San Cristóbal no se hizo con su nombre, ya que sus documentos de identidad fueron abandonados por su homicida en otro lugar. 

Dos días de angustia

Fue hasta el martes 20 de octubre, dos días después de su muerte, cuando fueron a reportar la desaparición en el Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas. El funcionario que atendió en la delegación, les informó a sus parientes que desde el domingo reposaba en la morgue el cadáver de una mujer, pero que no estaba identificada. 

Al describir la vestimenta de Karla y compararla con la que llevaba la mujer muerta al momento de ser encontrada, se asomó lo que estaban por descubrir. Sin embargo, aún con esperanzas de que sólo se trataba de una simple coincidencia, informaron a los funcionarios de la Policía Científica que la mujer tenía dos tatuajes. 

Uno de ellos en la región escapular con la figura de un dragón fue determinante para que, mediante fotos, los allegados de la mujer confirmaran la muerte de la enfermera. La inspección ocular del cuerpo de Karla, a pesar de los fuertes golpes que la humanidad de esta mujer tendría, daría por sentado que era ella. 

El dolor invadió a los familiares de la dama, quienes dieron el último adiós a la enfermera al día siguiente de encontrarla. Un sencillo velorio en su vivienda fue el último encuentro de esta mujer con su familia. "Eres mi heroína. Eres la mejor mamá del mundo", fueron los mensajes que sus dos pequeños niños dejaron sobre su urna. 

El camposanto ubicado en la autopista San Cristóbal-La Fría es su última morada. En la parcela Ñ-07 está el ataúd blanco, donde reposan los restos mortales de Karla Guerrero. 

Mintió a su esposa 

Georjender dejó el cuerpo de Karla en aquella zona boscosa y fría la madrugada del domingo 18 de octubre y se dirigió a su casa, donde su esposa lo esperaba inocente de todo lo que ocurría y más de que este tenía un encuentro amoroso con otra mujer. 

Al llegar, el instalador de papel ahumado le cuenta que tuvo un incidente con una mujer a quien habría arrollado en la autopista, a la altura del Sambil. Asegura que al sentir temor de ser denunciado por aquella mujer, tapó la boca de la infortunada, pero que lo hizo con tanta fuerza que la mató y que su cuerpo lo abandonó en una zona más arriba de El Hiranzo. 

Su esposa, crédula de lo que le decía, se le ocurrió huir de la casa y casi de inmediato salieron a bordo del mismo vehículo a casa de los padres de esta, ubicada en el Pasaje Limoncito, del 23 de Enero, parte baja a esconderse, mientras bajaban las aguas. 

Licorería fue clave

Tras la desaparición de Karla, se difundió a través de las redes sociales varias fotografías de la enfermera y uno de los primeros en identificarlas fue el propietario de la licorería donde estuvieron ingiriendo licor la tarde-noche del sábado. El dueño de ese negocio apenas los identificó, se puso en contacto con los detectives. 

Fuentes policiales indicaron que él conocía a "Caracas", pues en la zona era famoso por instalar accesorios a vehículos, por lo que de inmediato las autoridades se centraron en hallar a aquel hombre con quien estuvo Karla antes de morir. 

A través de la revisión de su cuenta telefónica, videos de seguridad y redes sociales, se dieron cuenta de la relación que ambos sostenían y confirmaron que aquel sujeto con quien Karla hablaba por Facebook, era el mismo que se la había llevado de la licorería el sábado en la noche. 

Los sabuesos del Cicpc dieron con el paradero del hombre, y el 27 de octubre fueron a buscarlo a la casa que habían escogido como su guarida. Georjender, al verse descubierto, trató de huir trepando por el techo de la vivienda. Sin embargo, fue capturado. 

Entre las evidencias colectadas estaba el celular del asesino y su carro, en cuya maletera, específicamente en la alfombra, hallaron sangre que tras ser analizada coincidía con la de Karla Vanessa. 

Convicto y confeso

Tras ver la evidencia, Hernández no tuvo otra opción que confesar el atroz crimen. Sin embargo, no se sabe a ciencia cierta el por qué la mató ni qué desencadenó el ataque. 

Se sabe que al hombre le dieron más de 17 años de condena y actualmente se encuentra en los calabozos del Cicpc a la espera de su traslado al Centro Penitenciario de Occidente.

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