Por pandemia y la crisis muere el turismo en Táchira

Anggy Murillo | La Prensa Táchira.- La pandemia por el covid-19, la crisis económica y la migración masiva que ha dejado sin personal calificado que pueda atender de manera correcta a los pocos clientes que llegan a la entidad, forman parte de los problemas que mantienen en vilo a los hoteles, posadas, agencias de viaje y demás operadores turísticos.

A esto se le suma el cierre de los aeropuertos y los puentes binacionales, la escasez de gasolina, el mal estado de la vialidad y el matraqueo en las alcabalas, situaciones que han hecho que muchos de estos lugares hayan tenido que verse obligados a cerrar sus puertas o a disminuir su operatividad.

El Hotel Dinastía es uno de los más icónicos de la ciudad, su mejor temporada era la del mes de enero, con la Feria Internacional de San Sebastián, era común que en él se hospedaran cantantes e infinidad de artistas y personalidades importantes que arribaban a la entidad, además de equipos de fútbol que tenían cita en el Polideportivo de Pueblo Nuevo. Cuenta con 100 habitaciones y 160 camas. Era usual que a diario mantuviera una ocupación del 60%; sin embargo, en los últimos tres años este panorama ha cambiado notablemente, lo que ha llevado a sus propietarios a tomar algunas medidas para mantenerlo abierto.

Cuando inició la pandemia debieron cerrar sus puertas durante dos meses, situación que también generó un deterioro en la infraestructura. Según informa el propietario del establecimiento, Alfredo Oligino, en la actualidad en un día se pueden ocupar 1 o 2 habitaciones, el número de empleados también se redujo considerablemente, pues de 60 personas que laboraban en el hotel hace tres años, hoy en día sólo hay 16.

"Es una lucha poder mantener el personal y darles un pago estable para que ellos estén medianamente contentos, el personal capacitado se fue del país y hemos tenido que contratar personas que no lo están. El cierre de la frontera también nos ha afectado, debido a que siempre se recibían clientes que llegaban de Colombia, es cierto que las trochas están abiertas, pero los turistas no cruzan por ahí. El cierre de los aeropuertos, los problemas con la gasolina, la vialidad y el poco transporte público que llega de otros estados es otro inconveniente", dijo Oligino.

Otro de los hoteles de cuatro estrellas y de renombre en la ciudad, es El Pirineos, una estructura de cinco pisos donde están distribuidas 93 habitaciones. Por culpa de la pandemia del covid-19 cerró sus puertas durante un año, en estos momentos cuatro pisos permanecen clausurados, pues no cuentan con los empleados ni recursos necesarios para poder mantenerlos operativos.

De acuerdo con lo manifestado por su propietario, Humberto Valero, el excesivo aumento de los impuestos municipales y de los servicios públicos es otro ingrediente que se le suma a los problemas que aquejan al sector.

"Los hoteleros estamos de brazos caídos, no hay un punto de partida para poder recuperarnos, no hay ayuda de ningún organismo público o privado, los bancos no están dando créditos. Ahora los impuestos se pagan en Petros y está en más de 200 millones de bolívares y cada servicio en la alcaldía cuesta entre 1 y 3 Petros. Además está el incremento en el servicio de luz y el costo del agua, esos servicios han aumentado demasiado, el servicio de internet y telefonía cada día se deteriora más, es un servicio que no es óptimo, todas esas condiciones se unen y atrofian la actividad del desarrollo turístico", explica Valero.

La zona de montaña es uno de los grandes atractivos turísticos del estado Táchira. Lagunas de origen periglaciar, cascadas, el corredor turístico de las rosas y tradicionales pueblitos andinos eran visitados constantemente por personas provenientes del interior del país o incluso arribaban viajeros del exterior; sin embargo, debido al mal estado de las carreteras y la escasez de combustible que ya es un común en la entidad, ha mermado la actividad. 

En el municipio Francisco de Miranda era usual recibir a turistas provenientes de otros países que acudían a visitar el Páramo La Cimarronera, ubicado en el Parque Nacional general Juan Pablo Peñaloza, donde hay más de cien lagunas que en determinadas épocas del año amanecen con su superficie congelada debido a las bajas temperaturas que se pueden llegar a registrar. 

Esta jurisdicción contaba con 20 posadas distribuidas en sus cuatro caseríos, de las que sólo seis están operativas.

"Hay siete que cerraron definitivamente y siete inoperativas. Las que cerraron fue por la crisis económica y la falta de combustible, luego vino la pandemia y acabó de completar la situación. 

Actualmente, llegan pocos visitantes, antes en un fin de semana llegaban hasta 100 personas, ahora cuando mucho vienen 25", explicó Jesús Rojas, director de Turismo de la jurisdicción.

En el municipio, la principal posada es la San José, debido a la pandemia se vieron obligados a cerrar sus puertas durante 17 meses, hace dos semanas retomaron sus actividades, de 30 empleados que tenían regularmente, ahora sólo pueden mantener a 14.

Óscar Mora es el encargado del lugar, comenta que en el fin de semana anterior sólo se alquilaron dos habitaciones por la escasa presencia de turistas en la zona, esto a pesar que cuentan con diversos atractivos, la posada tiene una capacidad para albergar a 50 personas y en este momento la ocupación es inferior al 20%."Aquí solían llegar grupos de motorizados y ya no están viniendo, nos hemos podido mantener debido a que los fines de semana se alquila el área de la piscina y con eso podemos pagar a los empleados e ir haciendo algunas reparaciones que amerita la posada. Ahora se venden chucherías y pasteles, casi siempre le permitimos a alguno de los trabajadores que sean ellos los encargados, para que también se puedan ayudar", comentó.

En Jáuregui se encuentra la posada Doña Juana, un santuario natural escondido entre montañas que recibía turistas británicos, escoceses, australianos y canadienses que realizaban observación de aves, lamentablemente debido a la creciente crisis y el problema de seguridad que vive el país, estas personas no volvieron a venir porque sus países de origen no les daban garantías en Venezuela. 

"No sólo dejaron de venir los observadores de aves, con el problema de las carreteras y la falta de combustible también mermó el turismo nacional. Hay es presencia de turistas de la entidad, la gente sigue viviendo, pero a veces estamos full y otras casi vacíos. Mientras siga habiendo escasez de combustible y permanezcan los problemas con el servicio de electricidad, el turismo va a seguir viéndose afectado", explica Jenny Martínez, propietaria de la posada.

Orlando Delgado, director de la Corporación de Turismo de la entidad, informó que de 422 posadas y 25 hoteles registrados en el organismo, sólo están brindando servicio el 50%, recordó que estas empresas sobrevivían gracias a turistas colombianos, pero lamentablemente dejaron de arribar desde que se cerró la frontera.

Se perdieron 20 mil empleos

La caída del sector turístico en la frontera colombo-venezolana ocasionó la pérdida de 20 mil empleos en los municipios Bolívar y Pedro María Ureña desde que se cerraron los puentes, esto según lo informó Angie Nieto, directora de Asotatur, capítulo frontera.

En estos dos municipios existían alrededor de 30 establecimientos entre posadas y hoteles registrados en Inatur, desde el año pasado debido a la situación económica y a la pandemia por el covid-19 cerraron sus puertas 7.

Destaca que tanto los hoteles como las posadas de la jurisdicción quedaron sólo para atender a los migrantes que a diario llegan a la zona, muchos de ellos se asientan en estas jurisdicciones y cada día cruzan a territorio colombiano para buscar su sustento.

La falta de personal capacitado, también afecta los establecimientos. "Para que un pueblo sea atractivo influye mucho el buen servicio, pero muchas veces los visitantes van a un restaurante de la frontera y no los atienden bien, se debe mejorar en esa parte", explica.

Denuncia que pese a que San Antonio del Táchira es una de las primeras poblaciones con la que se topan los visitantes, el actual estado de sus calles y la infraestructura dejan mucho que desear, por lo que considera que es necesario que a través de la gobernación y de la alcaldía de la localidad se tomen medidas para recuperarla y que sea atractivo a nivel turístico.

"Es necesario que la entrada del país se vea bien, pero la gente lo primero que ve es basura por todos lados, el mal estado de las carreteras. Aquí hay lugares bonitos, hay un mirador turístico, una cascada que queremos recuperar, pero se necesita de la parte gubernamental", dijo.

La falta de créditos a través de la banca pública y privada es otra de las situaciones que afectan a los prestadores de servicio turístico de la frontera, lo que les impide hacer mejoras de infraestructura.

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